24 de julio 2015 - 00:00

Sobre incomunicación y “anormalidad” en el seno de toda familia

A partir de la aparición de un personaje ajeno a la familia, “Tribus” gana en peripecias y también en profundidad. Su cierre es agridulce, pero deja abierta la esperanza de un mayor acercamiento.
A partir de la aparición de un personaje ajeno a la familia, “Tribus” gana en peripecias y también en profundidad. Su cierre es agridulce, pero deja abierta la esperanza de un mayor acercamiento.


"Tribus" de N. Raine. Dir.: C.Tolcachir. Int.: P. Contreras y otros. Esc.: G. Córdoba Estévez. Ilum.: R. Sica. Vest.: A. Markarian. (Paseo La Plaza)



La directora y dramaturga inglesa Nina Raine sostiene que toda familia es una tribu. Un grupo cerrado que transmite de una generación a otra sus propios valores, creencias, rituales y jerarquías; aunque no siempre lo haga de manera saludable, tal como puede verse en esta comedia dramática cuyo conflicto principal se centra en la falta de comunicación y en los mandatos familiares basados en la intolerancia y el prejuicio.

La familia en cuestión está integrada por un matrimonio de intelectuales, amantes de las discusiones pero bien avenidos, y sus tres hijos ya adultos que por diferentes imposibilidades no han conseguido independizarse. Esta pareja de excéntricos, interpretados con gracia y soltura por Patricio Contreras y Miriam Odorico, pretenden que sus vástagos sigan su mismo derrotero profesional, pero no hacen otra cosa que bloquearlos con comentarios burlones y críticas lapidarias. Es su particular manera de protegerlos contra la hostilidad del mundo exterior. En especial a Guille que es hipoacúsico de nacimiento (emotiva interpretación de Gerardo Otero). Su madre le enseñó a leer los labios y a practicar la oralidad para alejarlo del restringido ambiente de los sordos.

El primer acto de "Tribus" es un desfile de frases hirientes que por su ingenio e incorrección también mueven a risa. En cambio, el perfil y conducta de los padres en particular resultan algo planos por su falta de contradicciones. Poco importa la cháchara académica que alimenta las disputas del matrimonio o que el hijo mayor escuche voces (ni una sola mención a la psicoterapia); lo que en verdad dinamiza la acción es el permanente enfrentamiento entre unos y otros.

Sólo el tierno y sensato Guille quedó excluido de la violencia familiar (y de otras claves que nadie lo ayudó a decodificar). Sus dos hermanos: el atormentado Dani (Lautaro Delgado) y la simpática y pueril Vani (Maruja Bustamante, tal vez sufran más, pero por otras incapacidades de orden afectivo.

Lo mejor de la pieza, más allá de su vibrante puesta en escena, sucede en la segunda parte, cuando el joven presenta a su flamante novia, Cinthia (una heroína inolvidable a cargo de Viki Almeida), para conmoción de su familia.

Esta chica vital, inteligente y luchadora está a punto de quedarse sorda y gracias a ella Guille accede al lenguaje de señas. Así descubre que la incomunicación que padecía no tenía tanto que ver con su minusvalía, sino más bien con el lugar que ocupaba en su familia.

A partir de ahí, "Tribus" gana en peripecias y también en profundidad. Su cierre es agridulce, pero al menos deja abierta la esperanza de un mayor acercamiento entre hermanos.

La sordera tiene un valor metafórico dentro de la trama, pero hay momentos en que adquiere una presencia tremendamente humana y desoladora. La escena en que Guille y Cinthia se enfrentan al clan familiar combinando señas y palabras, vale por toda la obra. No sólo defienden su dignidad personal sino la de todos los sordos, y por extensión invitan a reflexionar sobre los criterios de normalidad/anormalidad, segregación, discriminación y exclusión social.

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