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Solá-De Narváez, un pacto que rema contra dos egos
Felipe Solá y Francisco de Narváez, protagonistas de un acuerdo en ciernes del peronismo anti-K en la provincia de Buenos Aires.
Figuras de un núcleo parecido, con terminales en Eduardo Duhalde y trato, Solá más sólido que De Narváez, con los Macri, Mauricio y Jorge, los diputados se esfuerzan por negar un pacto que en sus entornos, y en el ajedrez del caudillo de Lomas, se da por sobreentendido.
En su retiro veraniego, Duhalde aseguró -quizá más veces, y a más interlocutores, de lo recomendable- que el acuerdo, aunque todavía no se expresará, está cerrado. Algo es claro: el ex presidente busca ubicarse, con algo de sobreactuación, como el arquitecto del pacto.
Solá anda de caminata por la costa -tiene en agenda una escala no electoral en Brasil- y De Narváez se mudó por el verano a Pinamar. Ni uno ni otro escuchan el grito unívoco del peronismo anti-K: que acepten compartir boleta o, al menos, tribuna electoral.
Aportan, con lógica, que no es el momento. Coinciden que, llegado el caso, sería más efectivo juntar nombres, tropas y, potenciales votos más cerca de la elección. Disienten, entre otros puntos, sobre el protagonismo que en el esquema debe tener Duhalde.
Les guste o no, la tropa dura de ambos, reporta al ex presidente. Por De Narváez, Alfredo «Tati» Meckievi y Alfredo Atanasof; por Solá, el jefe de las 62 Organizaciones, el sindicalista Gerónimo «Momo» Venegas y, con otro nivel de autonomía, Jorge Sarghini.
Ese cuarteto, a pesar incluso de los recelos cruzados -jamás fue buena, por caso, la relación entre Solá y Atanasof ni ha sido amigable el vínculo entre Sarghini y De Narváez-, se mueve en una sintonía similar: es un coro que entona la misma canción de la unidad.
La hipótesis más factible es la siguiente:
c Un plan A plantea que Solá encabezará la boleta y De Narváez será segundo pero que, en el proceso, ambos se moverán como pares para quitarle dramatismo -o importancia- a la cuestión del orden en la boleta. Llegado el caso, Solá viene de ser gobernador -lo que le da mayor rango- mientras que De Narváez está, según le gusta decir, en camino a serlo.
c El uno-dos irá atado a un supuesto imaginario: que Solá tomará 2009 como una escala previa para una presidencial de 2011, mientras que De Narváez, como parada obligada para competir por la gobernación en aquel año. Es decir: a mediano plazo, más allá del espadeo por el orden en la boleta, Solá y De Narváez no compiten entre sí.
c Con ese esquema, el ex gobernador tendrá un rol de campaña nacional, casi de duelo mano a mano con Kirchner y sin meterse con la agenda provincial, asunto que dejará para que la explote, en una embestida directa y contra Daniel Scioli, De Narváez. Incógnita: ¿qué podría decir, a dos años de dejar la provincia, Solá de una gestión bonaerense?
c Las mediciones, incluso -o sobre todo- las que miran en la Casa Rosada y en La Plata, ubican con mejor intención de voto, por unos pocos puntos, a De Narváez sobre Solá. A diciembre, el conteo era del 13% para el empresario y del 9% para el ex gobernador. Además del dato obvio de que, a priori, De Narváez aparece mejor posicionado que Solá, a Duhalde se le afilan los colmillos con el cálculo, a pesar de que en política no existe la sumatoria perfecta, que el dueto arranca con un piso de 20 puntos.
c Desde ese enfoque, resulta inimaginable que los dos candidatos -una vez que «se bajen de sus egos», insistirá el dirigente a lo largo de la charla-, desistan de compartir un mismo bloque político y electoral. De lo contrario, deberían resignarse a disputarse el tercer lugar, lejos o muy lejos de los dos punteros: el FpV y el ensamble CC-cobismo-múltiples versiones de la UCR-PS.
c Un dato interesante, en el armado general se detecta cuando se evalúa el diseño a nivel seccional y municipal. El pacto Solá-De Narváez no implicará necesariamente que se fusionen sus tropas en el territorio. Se mira como alternativa la posibilidad de montar colectoras, una del felipismo; otra del coloradismo, que tributen a una misma boleta de diputados nacionales que encabecen juntos Solá y De Narváez. Con eso se trataría de dar más sustento, y más opciones, seccional y municipal al armado del peronismo anti-K.
Los Macri
Hay, en tanto, una pieza suelta en ese puzzle: Macri. Mauricio y Jorge mantienen un acuerdo ad hoc con Solá para trabajar juntos en la provincia, mientras que todavía esquivan las esquirlas de su ruptura con De Narváez, tras el intento de Unión-PRO.
Para los Macri, más que para Solá, el fantasma sigue siendo Duhalde y el exceso de proximidad del ex presidente a la conformación de ese megabloque opositor. Pero, ante un avance del acuerdo no le queda otro remedio que el recetado por Durán Barba: no tener candidatos.
Por lo pronto, Jorge Macri bajó la intensidad de sus quejas sobre De Narváez, gesto que ha sido recíproco. Si no prima la indicación del asesor ecuatoriano -»si no tenemos buenos candidatos, mejor es no competir»-, la confluencia parece irremediable. En tanto, como orejeando, preocupado por su propio juego más que por las movidas ajenas, el kirchnerismo debe esforzarse por evitar una fuga masiva de dirigentes hacia el núcleo del peronismo anti-K. Un dato: 40 diputados provinciales del FpV/PJ pierden su banca y, como mucho, sólo retendría 30.
Es que en octubre se renuevan las bancas de 2005 cuando el peronismo, en versión K y versión D (Duhalde), juntó por dos ventanillas y se quedó con más del 60% de las bancas en juego en aquella elección.


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