Sturzenegger es Macri

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Pese a que la inflación del primer trimestre y la perspectiva para abril vuelven a dejar en evidencia que la receta monetarista de altas tasas de interés y atraso cambiario de Federico Sturzenegger no está logrando la desaceleración de precios buscada, el presidente del Banco Central respondió con más de lo mismo. Subió fuertemente la tasa de interés de corto plazo, y su intervención en el mercado cambiario sigue permitiendo que el sobrante coyuntural de dólares deprima su cotización, en lugar de intensificar la demanda mediante la compra de más dólares para acumular en reservas.

Su terquedad es la contracara de su firme convencimiento de que su receta va a terminar dando resultado, y de que el objetivo prioritario de política económica es bajar la inflación antes que reanimar el nivel de actividad, apoyado en la idea de que no hay nada más reactivamente que frenar el alza de precios.

Su terquedad es posible porque cuenta con el absoluto respaldo de Mauricio Macri. Y no es un respaldo pasivo que se justifica en la formalidad de la independencia del Banco Central, sino en el hecho de que el Presidente también es un convencido de que la prioridad de su Gobierno en materia económica es bajar la inflación, que el resto está subordinado a ese objetivo, y a que ese objetivo se llega por el camino de Sturzenegger. Varios funcionarios de primera y segunda línea de Gobierno han sido testigos de cómo Macri lauda a su favor cuando alguien se atreve a cuestionarlo.

Tanto es así, que a pesar de que falta nada más que, exactamente, cuatro meses para la primera elección del año (el 13 de agosto se vota en primarias), el Gobierno está más interesado en poder mostrar en la campaña mejores números de inflación que de crecimiento. La prueba más clara es su explícita decisión de que las paritarias cierren con aumentos que no implican mejoras considerables en el poder adquisitivo. Lo que para una economía cuya demanda agregada depende en casi un 75 por ciento del consumo privado significa resignar crecimiento.

La buscada contención a los aumentos de salarios no se limita al sector público, lo que podría obedecer a restricciones presupuestarias. El Gobierno pretende que eso se replique en el sector privado, como quedó bien en claro en el modo en que el ministro Jorge Triaca exhibió triunfal junto al eterno cacique mercantil Armando Cavalieri que el sindicato más numeroso del sector privado acordara 20 por ciento en dos pagos con cláusula gatillo. Es decir, sin recuperación alguna de salario real y con la mínima presión posible en los costos de producción y, consecuentemente, en los precios.

La decisión del martes pasado de Sturzenegger fue otra señal dirigida a todos los que se sientan a negociar paritarias para que no inflen expectativas.

Mientras tanto, Luis Caputo y Nicolás Dujovne se encargan de garantizar el financiamiento que permite mantener una política económica que genera un déficit fiscal tan elevado como difícil de reducir, por obvias razones políticas y por la inflexibilidad de una porción grande del gasto público. La política, aunque también la necesidad de no agregar más leña al fuego de la inflación, llevaron al Gobierno a postergar el aumento en el transporte público, y por ende a moderar el recorte en el gasto en subsidios, que es la principal y casi única vía que eligieron para achicar el déficit.

El ministro de Finanzas se ocupa de pasar la gorra, y por ahora la llena de deuda con bastante facilidad y a costos decrecientes. La tarea del ministro de Hacienda es generar las condiciones para que lo anterior sea posible. Una fuente que se sienta en lo más alto de la conducción económica explica: "Vamos a necesitar tomar deuda por varios años más, y para que el mercado de capitales nos siga prestando es condición que vayamos bajando la inflación, que abramos la economía de a poco, y que mantengamos un nivel de deuda sustentable, lo que requiere que la economía crezca algo y que el déficit fiscal vaya bajando, aunque sea de a poquito y sin cumplir con las metas, pero que vaya bajando".

Objetivos muy poco ambiciosos para un Gobierno que ya transitó un tercio de su mandato con escasos logros que mostrar.

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