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Suardi: “Hay una vuelta al interés por el teatro”
Luciano Suardi: «A mí Suar no me viene a ver al teatro. Lo que más me gusta hacer es teatro y mientras viva de esto tranquilo, no me quita el sueño».
Periodista: Entre las clases de actuación, la escritura y la dirección, ¿por qué eligió volver a la actuación?
Luciano Suardi: No dejé de actuar nunca. Yo venía de un proyecto junto con Matías Feldman, «Reflejos» que hicimos dos años y repondremos luego de esta obra. Me gusta actuar y dirigir, pero cuando hago una descanso de la otra. Me da gran tranquilidad no pensar en la totalidad cuando actúo, o no poner el cuerpo cuando dirijo. Cuando Feldman me habló sobre el personaje sentí que era un desafío enorme y no me lo quería perder.
P.: ¿Qué tiene este personaje que lo tomó como un desafío?
L.S.: Es muy protagónico y toda la obra pasa en función de la transformación de este hombre. Me interesaba el marco que planteaba el director, el procedimiento de la obra: actuamos junto a un cuarteto de cuerdas que toca en vivo temas de Bela Bartok y a su vez hay una cámara testigo que filma en vivo y proyecta lo que ocurre en el monoambiente donde habita el personaje. La música es como si fuera la cabeza del personaje, refleja pensamientos, estados y ruidos.
P.: ¿Cómo define a este guardia de seguridad obsesivo?
L.S.: Está aturdido y privado del mundo porque cree que no lo necesita. Fue todo un desafío meterme en la cabeza de un personaje con un gran resentimiento y una ideología densa.
P.: Conforme avanza el argumento experimenta una transformación.
L.S.: Sí, a partir de un hecho violento en su trabajo este mundo se desmorona y el arco del personaje se vuelve fascinante, porque va a terminar casi en un delirio mesiánico con intenciones de salvar a la humanidad y hasta a los pobres de este mundo. Enloquece, termina sintiéndose un iluminado porque descubre que el mundo es injusto.
P.: Usted hizo varios Shakespeare, ¿qué balance hace?
L.S.: Hay algo de los clásicos que siempre me interesó mucho, porque tienen una visión muy formadora y además valoro la palabra en el teatro. Lo aplico mucho en mis clases. Shakespeare reinventó el mundo pero eso no quita que tenga un gran placer al trabajar con nuevos dramaturgos o con versiones contemporáneas como las de Daniel Veronese en «Tres hermanas», «Un hombre que se ahoga» o «Casa de muñecas».
P.: Ya que lo menciona, ¿hay alguna razón por la que en esta faceta más «comercial» de Veronese ya no trabaje con él?
L.S.: Yo también dirigí Jazmina Reza y tuve contacto con las raíces del teatro comercial. Me parece que está bien que las líneas se toquen porque somos muchos los del teatro independiente que podemos estar en el comercial y en el oficial. Veronese está en distintos frentes y no volví a trabajar porque no se dio, estuve hasta principios de año en «Casa de muñecas» en el San Martín. Lo que determina la forma de trabajo es la manera de producir y los tiempos, pero no el sentido de lo que uno hace.
P.: Usted dirigió el musical Tita Merello con Virginia Innocenti, ¿vio el de Evita con Nacha?
L.S.: Evita era una propuesta distinta. Con la nuestra seguramente haremos gira por el interior y más funciones en Buenos Aires. Tiene algo más de cámara, más íntimo, con intenciones no de imitar a Tita sino de evocarla desde impresiones y sensaciones. Lo de Nacha es un musical, con escenografía, vestuario, muchísimos más personajes. Es otra cosa, otro enfoque.
P.: Hizo mucho teatro, un poco de cine y nada de TV, ¿por qué?
L.S.: No me llaman pero tampoco me ocupo demasiado para que me llamen...
P.: ¿Los actores hacen mucho para que los llamen? La mayoría dice que Suar los va a ver al teatro...
L.S.: A mí Suar no me viene a ver al teatro. Lo que más me gusta hacer es teatro y mientras viva de esto tranquilo, no me quita el sueño. Me gustaría hacer TV pero no me desvivo.
P.: ¿Qué ve en las nuevas generaciones aspirantes a actuar?
L.S.: Soy docente del IUNA y estoy viendo en las clases de teatro, una vuelta a un interés genuino. Hubo toda una etapa donde sentía que los alumnos se acercaban sin siquiera conocer ni haber visto mucho teatro, sólo como medio para llegar a la TV. Ahora esto vuelve a cambiar y tiene que ver con este movimiento fuerte de teatro independiente que en otros países no lo pueden ni creer. Con las giras por España nos decían que no podía ser que recién estuviéramos ganando plata después de cuatro años de ensayos o que no cobráramos por ensayar durante meses.
Entrevista de Carolina Liponetzky


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