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“Tanguito” revive con talento
Toni Lestingi y Fernando Dente es una escena del vertiginoso musical de Ariel Del Mastro, basado en el film de Marcelo Piñeyro.
La leyenda de Tanguito, uno de los pioneros del rock nacional, impulsor de las canciones en castellano y víctima de un cruel ensañamiento policial que luego derivó en nocivos tratamientos neuropsiquiátricos, es el punto de partida de este relato musical sobre los sueños e ideales de un grupo de jóvenes durante la dictadura del general Onganía. Epoca en la que recrudeció la censura (a todo nivel) y se desató una fuerte represión en sindicatos y de universidades por considerárselos «centros de subversión y comunismo».
El verdadero Tanguito murió en 1972, a los 26 años. No fue un héroe ni un gran poeta, pero sí un espíritu libre y algo desamparado que con sus gestos imprevisibles y su peculiar sentido del humor generó un frondoso anecdotario (también fue autor de varios temas inolvidables). En su traslado a la ficción, el personaje gana en espiritualidad y poesía. Pese a su adicción a las drogas se lo muestra como un ser puro y desinteresado que sólo responde a sus propias reglas. Su rebeldía visceral parece ajena a toda ideología.
La puesta de Ariel Del Mastro («Cabaret», «Despertar de primavera», «Por amor a Sandro») está basada en el libro cinematográfico de Aída Bortnik y Marcelo Piñeyro, pero introduce un mayor contrapunto entre quienes sostienen sus ideales a toda costa (Tango y su novia Mariana) y el resto de sus amigos que terminan negociando con el establishment, por ambición y comodidad.
Al principio, la figura del músico pelilargo resulta algo caricaturesca, en su supuesto embotamiento por las drogas. Pero la composición de Fernando Dente crece a pasos agigantados con cada tema musical. Cuando canta, logra desplegar toda la energía y sensibilidad de su personaje con mayor convicción.
La obra está estructurada como una sucesión de estampas: a veces más explicativas que dramáticas, otras con muy buenos diálogos en donde el conflicto en juego adquiere valor por sí mismo sin otro respaldo que las actuaciones. Por ejemplo: la escena en que Mariana (Florencia Otero) se pelea con su padre militar (Toni Lestingi) o cuando Tango es presionado por el policía Lobo (también a cargo de Lestingi) para que se infiltre en la universidad, bajo la amenaza de ser condenado por tráfico de drogas.
El ritmo adrenalínico del espectáculo, sus atractivos videoclips, la vigorosa labor de todo el elenco, el impecable diseño de arte que ilustra cada escena y un repertorio (conocido por todos y con letras muy elocuentes), compensan las falencias señaladas anteriormente. «Tango Feroz» no es la biografía idealizada de un músico, sino la encarnación de ciertas utopías juveniles que resultaron pasto tierno para un régimen brutal e ignorante.


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