Tiziano Terzani «El fin es mi principio. Un padre, un hijo y el gran viaje de la vida» (Madrid, Maeva, 2009, 446 págs.)
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Sabiendo que va a morir, Tiziano Terzani, destacado corresponsal de guerra italiano, le propone a su hijo Folco que le haga una larga entrevista que abarque «desde la historia de mi familia hasta la del gran viaje de la vida, un diálogo entre padre e hijo, tan distintos y tan iguales, que será un libro testamento».
Difícil es escapar a la imagen del libro sapiencial que invita a la «new age», a uno más de esos muchos «feel good books», ya que desde la tapa se ve a un anciano venerable, con una imagen semejante a la de esos «maestros de sabiduría» de la India que remite a la de los últimos años Sri Aurobindo, que juega con un niño, que no es su hijo, sino su nieto. Conmovedor. A las pocas páginas el lector se entera de que ese hombre que está muriendo tiene apenas 66 años. Entonces, a pesar de su claro carácter esperanzador, se comienza a sentir que el diálogo es en el fondo un monólogo consolador, que no alcanzará jamás las alturas de el «Ad Marciam de Consolatione» donde Séneca enseña a esperar la muerte en forma estoica como algo natural e inevitable ni cae, felizmente, en el vitalismo contemporáneo. Eso sí, no deja de ser sentencioso para gusto de amplio publico. Dice por ejemplo: «Todo el progreso, si quieres llamarlo así, o el regreso, toda la civilización o descivilización del hombre se debe al deseo. Deseos de todo tipo, empezando por el más básico, el carnal, el de poseer la carne de otro. Nuestra sociedad nos empuja a escoger entre todos nuestros deseos, los más banales, los materiales, los de supermercado». Palabras de un espiritualista que «viendo que el hombre actual perdió el sentido de la vida», eligió encerrarse a meditar a los pies del Himalaya y puede sostener que «si en la vida se te presenta una ocasión de no repetirte, tómala».
Afortunadamente el libro trae muchas otras cosas, Terzani no es un filósofo sino periodísticamente un hombre de acción que ha tenido una vida atractiva, que lo colocó en lugares en conflicto. Vivió 40 años en Asia como corresponsal de varios diarios y revistas, entre ellas la alemana «Der Spiegel». Residió en Singapur, Hong Kong, Pekin, Vietnam, Camboya, Bangkok, Filipinas, el Tibet y en la India donde cosechó su misticísmo, y le descubrieron su cáncer terminal. En ese recorrido escribió libros sobre la Guerra Fría, la China de Mao (donde, por sus notas de corresponsal, lo enviaron a un campo de reeducación y lo terminaron expulsando del país), la guerra de Vietnam, el apartheid sudafricano, la caída del sistema soviético. Según Terzani «el marxismo leninismo nos cortó el cordón con el cielo y el psicoanálisis no abrió un agujero profundísimo. ¿Por qué buscar la razón de los que somos en el sexo si lo podemos encontrar en el amor, y añadir poesía a la vida? Atravesamos un período medieval, oscurantista».
Acaso entre los mejores momentos es cuando recuerda sus enfrentamientos con Oriana Falacci, ella a favor de la guerra de Irán y Terzani por la paz e integración.
Cuando este libro apareció en Italia, donde tiene fans, vendió un millón de ejemplares en apenas dos meses. M.S.
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