8 de febrero 2010 - 00:00

Tom Jones probó que el talento no envejece

Lejos de cantar solamente los viejos éxitos, que prefiere su público (todavía numeroso, pero no para llenar el Luna Park), Tom Jones se acercó a los nuevos sonidos del rock e incluyó un repertorio claramente actual.
Lejos de cantar solamente los viejos éxitos, que prefiere su público (todavía numeroso, pero no para llenar el Luna Park), Tom Jones se acercó a los nuevos sonidos del rock e incluyó un repertorio claramente actual.
Presentación de «24 Hours». Actuación de Tom Jones (Luna Park, 4 de febrero). 

Tom Jones volvió a cantar en Buenos Aires con una vitalidad que desmiente sus casi setenta años de edad y una voz que está algo más cascada que en sus tiempos juveniles pero que conserva una fuerza, una salud, una afinación y una calidad interpretativa que envidiarían muchos artistas de estas épocas.

Unos cuantos miles de fanáticos se dieron cita esta vez para verlo y escucharlo en su cuarta visita a nuestro país. Pero aunque no alcanzaron para colmar la capacidad de Luna Park, fueron suficientes como para darle un marco caluroso y cariñoso a su actuación. Mayoritariamente maduro, ese público sigue festejando mucho más al Jones de la primera época. Pero hace rato que, lejos de dormirse en sus laureles, el hombre se recicló, se acercó con toda comodidad a los nuevos sonidos del rock e incluyó un repertorio que está claramente en el presente. Y su último álbum, «24 Hours», da perfecta cuenta de todo lo que puede hacer hoy, sin necesidad de regodearse en el pasado.

En esa contradicción -o esa ambigüedad- circuló el recital del Luna. Entre clásicos como «Delilah», que arrancó la primera gran ovación de la noche, «Thunderball», «Whats new, Pussicat?» o «Shes a lady» y varias de las canciones del nuevo disco. Tuvo su momento country, promediando el show, en un breve set semiacústico, con «Hell have to go» y «Green Grass at home». Y fue imponente en su interpretaciones de la balada «Ill never fall in love again» y en «You can leave your hat on», la canción de Joe Cocker que hiciera famosa la película «9 semanas y media».

Tuvo el respaldo de una banda numerosa, con dos coristas y ocho instrumentistas que nadie termina de conocer (no hubo esta vez programa de mano para informar al respecto). Es que el protagonismo es sólo del viejo Tom, con un saco de cuero negro que nada tiene que ver con el calor porteño y que lo hace transpirar copiosamente; con su sonrisa eterna y sus guiños cómplices, con su barbita candado que es marca registrada, con su voz que mantiene la capacidad en enloquecer multitudes (no sólo de mujeres).

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