28 de agosto 2013 - 00:08

Trámite exprés hoy en el Senado no alcanza para disipar dudas

• NUEVO CAPÍTULO EN EL JUICIO BUITRE

Una vez más habrá trámite exprés, esta vez para aprobar el proyecto de reapertura del canje de deuda que el Gobierno quiere mostrar como señal de intención de pago a la Justicia estadounidense.

El Senado corrió todo el día para organizar un plenario de comisiones de Presupuesto y Hacienda, y Economía y Finanzas para hoy a las 11 en el que ya están invitados Hernán Lorenzino y Axel Kicillof. La carrera incluyó levantar la sesión armada para hoy, las reuniones de todo el resto de las comisiones y una cumbre de apuro de Miguel Pichetto con todos los jefes de bloque de la oposición para anunciarles que la cosa viene en ritmo de maratón. Un clásico del kirchnerismo; un debate más amplio y con tiempo hubiera sido la sorpresa. Hasta fecha de votación se fijó: 4 de septiembre y de ahí a Diputados, donde la situación puede ser un poco más compleja.

El problema es que toda esa carrera se dio mientras ningún senador, del color que fuera, supiera realmente qué contiene la letra del proyecto que anunció Cristina de Kirchner para reabrir el canje.

Anoche los senadores seguían sin haber visto sobre qué texto debatirán hoy.

Más complejo es el futuro de la decisión del Gobierno de ofrecer un canje de jurisdicción, Nueva York por Buenos Aires, en caso de que se complique definitivamente la situación ante la Corte Suprema estadounidense, anunciado por la Presidente. Esa decisión, que también exige una ley, quedó por ahora en nebulosas.

La oposición ya se dividió en dos bandos. Todos los bloques acusarán de impericia al Gobierno y de demora en tomar una decisión como la reapertura que radicales, el PRO y el PJ rebelde venían aconsejando desde hace meses.

La UCR batallará en los recintos, pero votará a favor; igual el PRO. Sólo con eso la votación está asegurada. Elisa Carrió, por su lado, ya anticipa que "es demasiado tarde" para evitar un daño judicial en EE.UU. y la posibilidad de un default técnico, al afectarse con la sentencia definitiva, si se ratifica la de Cámara, la operatividad del New York Mellon como banco pagador. Claudio Lozano insistirá en su posición y castigará a Cristina de Kirchner por su rol de "pagadora serial".

Quienes más argumentos llevarán hoy al plenario de comisiones y luego a los recintos será el equipo de radicales que trabaja en el tema. Tienen como antecedente la experiencia de Mendoza, que, para la acusación de falta de eficacia contra el Gobierno al llevar adelante el canje, les provee uno de los ejemplos comparativos más claros. Entre 2003 y 2005, con Néstor Kirchner ya en la presidencia, la provincia lanzó la reestructuración del bono Aconcagua. Es cierto que lo hizo sin haber entrado en default, aunque al final de ese proceso se haya dejado de pagar el cupón del bono para presionar a los acreedores a entrar en el canje.

Ese proceso marcó la existencia de dos estrategias distintas para afrontar la renegociación de deudas: una, la seguida por Mendoza (Enrique Vaquié, hoy diputado nacional y que ya trabaja en el debate del proyecto de reapertura que manda el Gobierno, era el ministro de Economía), la otra tomada por Kirchner de la mano de Roberto Lavagna.

La renegociación del bono mendocino les llevó a los radicales casi dos gobernaciones: las de Roberto Iglesias y la de Julio Cobos; la historia los convirtió en enemigos acérrimos en la interna partidaria actual. En ese momento, tras el default nacional con presión financiera insostenible sobre las provincias, iniciaron el canje del Aconcagua, emitido en 1997 por u$s 250 millones, por el bono Mendoza 2018. El final marcó un ingreso al canje del 99% de los acreedores y se terminó sin dejar consecuencias. Pero, como se dijo, los caminos fueron distintos de los que siguió el kirchnerismo y eso es lo que el radicalismo llevará a debatir en el recinto. "Nos fue mejor que al país", suele decir Vaquié sobre ese proceso.

Las diferencias con el proceso que siguió Lavagna para el canje de deuda nacional se pueden resumir en dos puntos. Cada vez que un país emite un bono bajo legislación estadounidense se incluye como exigencia básica una renuncia a la inmunidad soberana. Es un requisito clásico para que el acreedor acepte el título. Pero en la emisión del nuevo bono mendocino se introdujo una excepción a ese punto: la provincia renunció a todo menos al pago de la deuda corriente del que entrara en el bono 2018. Es decir, aislaron el pago corriente de la deuda de las presiones de acreedores en Nueva York.

Hubo dos tramos en el proceso de canje. En el primer tramo, esta cláusula de excepción fue judicialmente impugnada por dos grupos de tenedores de bonos mendocinos. El fondo Greylock, otro buitre en la definición local, inició acciones en Nueva York contra el canje, pero el juez Harold Bear Jr., de la Corte de Distrito Sur de Nueva York, terminó fallando a favor de Mendoza. Tampoco tuvo éxito, aunque el proceso de canje se demoró, la escuela judía Rabbi Jacob Joseph que litigó en la Corte Federal de Apelaciones del Segundo Circuito de EE.UU. Finalmente todos entraron al canje.

La segunda diferencia, que por estos días se recordará en el Congreso, fue el proceso de cierre del canje. Los mendocinos, asesorados por los abogados que organizaron la colocación, se comprometieron a no reabrirlo jamás. Así se cumplió con la exigencia de la SEC, pero al mismo tiempo la provincia dejó abierta una puerta permanente por la que Mendoza se obligaba a que si un bonista que no entró en fecha quería hacerlo debía dejarlo entrar. Una argucia retórico-legal que tuvo éxito ya que en los dos tramos el 99 % del Aconcagua se terminó canjeando por el Mendoza 2018.

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