Traspié de Kirchner en Chile: piden que renuncie a su banca

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Néstor Kirchner escuchó, ayer, de parte de legisladores chilenos lo que la oposición le reprochó, más de una vez, en la Argentina: que renuncie a su banca de diputado nacional para dedicarse, de manera exclusiva, a ocupar su cargo como secretario ejecutivo de la Unasur.

Hernán Larraín, senador y jefe de la bancada de la UDI, partido de los ex pinochetistas, y aliados del presidente Sebastián Piñera, planteó que no es «compatible» que, en paralelo a su tarea regional, el patagónico siga como legislador, jefe del PJ y «candidato presidencial».

Larraín cuestionó que Kirchner no tenía «dedicación exclusiva» a su desempeño en la Unasur y forzó una explicación del ex presidente, quien admitió la condición de exclusividad que fija el estatuto, pero, sostuvo que éste todavía no «está en marcha».

El patagónico se amparó en un argumento global: explicó que la Unasur está en una etapa fundacional, que su tarea es ordenar la transición y que ésa fue la función que le encomendaron los presidentes de la región cuando lo designaron por unanimidad en el cargo.

De todos modos, Kirchner dijo que revisará su decisión de continuar como diputado. Lo hizo, sin embargo, para acallar el planteo de Larraín: el patagónico volvió ayer de Chile con la decisión, a priori, de no modificar el statu quo que mantuvo hasta ahora.

Kirchner cumplió, ayer, en Valparaíso, su segunda jornada de visita a Chile, luego de verse el martes con Piñera en La Moneda, y reunirse con los ex presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, y el ex candidato Marco Enríquez Ominami, con quien compartió una larga cena. Había sido Piñera quien, durante un almuerzo, le anticipó el recelo de la UDI a la aprobación de la carta de adhesión de Chile a la Unasur. El pronóstico del presidente se cumplió de punta a punta.

Antes que Larraín, que expuso sus reservas durante el encuentro de Kirchner con el plenario de la Comisión de Asuntos Externos del Senado -donde está congelado el expediente Unasur-, el patagónico escuchó de Juan Antonio Coloma, presidente del partido UDI, sus objeciones.

Usó, sin embargo, razones diferentes de las de Larraín; Coloma pidió precisiones sobre si la Unasur no se superpondrá con la OEA, cuyo presidente es el chileno José Miguel Insulza. Pero el planteo de fondo apuntó a la «ideologización» del bloque.

Sobre lo primero, Kirchner sostuvo que no hay superposición, porque la Unasur tiene por objetivo avanzar sobre cuestiones políticas y de buena vecindad, como la conectividad. Respecto del temor, expuesto por Coloma, de que se convierta en una trinchera política, Kirchner repitió el rap de «aceptar las diferencias y los matices».

Kirchner, en un rapto de honestidad, le dijo a Coloma que no es su intención convertir a la Unasur en una organización «partidaria», una forma de transmitir que no está en sus planes utilizar ese espacio como tribuna progresista.

Sus explicaciones fueron, parece, eficaces: Kirchner volvió anoche de Chile convencido de que la UDI terminará, en el Congreso, dando su respaldo a la Unasur. Para lograrlo, prometió todo: por caso, que en el estatuto se incorpore una «cláusula» democrática, presente en las cartas orgánicas de otros organismos, que parece una herramienta que la derecha chilena pide no por su propia historia, sino mirando a Hugo Chávez.

Pero, sobre todo, supeditó cualquier variable a que se termine de consolidar la Unasur y, como paso siguiente, se convoque a una comisión de juristas notables para redactar un estatuto definitivo de la Unasur que ratifique, entre otras cuestiones, el carácter de «dedicación exclusiva» para desempeñar el cargo.

Rara óptica la del patagónico: esa condición figura en el estatuto actual, pero como -según su criterio- éste todavía no está «en marcha», puede obviar esa disposición.

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