En la Argentina estamos acostumbrados a que quien ejerce el Ejecutivo puede atreverse a hacer y deshacer a su voluntad. Prohibir importaciones, darles permisos a los amigos, imponer derechos discriminatorios, saltarse las reglas del Mercosur, de la OMC, o dejar de pagar las deudas y además querer aparentar que esto es bueno para el país y el pueblo. Estas lamentables prácticas han sido moneda corriente en nuestro país.
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Parece que el buen ejemplo populista ha cundido y ya no sólo en Venezuela o Bolivia. Ahora resulta que el principal país de América y uno de los tres del mundo tiene un líder que se parece a nuestro Guillermo Moreno. Afortunadamente para ellos existen en Estados Unidos contrapesos económicos, políticos y legales que probablemente impidan que esto ocurra.
Tomemos, por ejemplo, el caso anunciado de la imposición de aranceles de 20% al ingreso de todo producto mejicano. Esta violación del tratado del Nafta no podrá funcionar aún si México lo aceptara. Veamos:
• Todo acuerdo tiene procedimientos de salida tal como se puede ver en la Unión Europea. Un país no se va alegremente y sin costo de un tratado del cual es parte. La preferencia del 100% para México no puede ser anulada sin una previa denuncia en los tiempos y formas prevista por el propio tratado. Cualquier juez norteamericano anulará un decreto que impida que un estadounidense vea conculcado su derecho a importar sin arancel. Ya no se trata sólo de un derecho mejicano, sino de un derecho de un norteamericano.
• Asimismo, aún no existiendo el Nafta, las normas de comercio internacional impiden discriminar los aranceles por país de origen de la importación. Otro juez también declararía ilegal la medida. No se puede cobrar 20 a México y 10 a la Argentina.
• Desde otro punto de vista más económico, las importaciones mejicanas tienen un alto componente norteamericano de modo que los empresarios objetaran la medida y recurrirán a la Justicia o al Congreso para que la anulen.
• Además, si se impide la entrada de productos mejicanos o se los grava discriminatoriamente, otros exportadores, por ejemplo de China o Corea, tomarán su lugar porque el problema no es México, sino la productividad de Estados Unidos.
• Muchos empresarios y consumidores estadounidenses están a favor de la inmigración y el comercio aunque lo disimulen, porque les abarata los costos: en parte esto explica porque hay ciudades que van a actuar como santuarios.
En resumen, la legalidad y los representantes políticos en el Senado, que es quien entiende de los acuerdos comerciales , probablemente impidan que los estadounidenses se disfracen de Moreno.
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