- ámbito
- Edición Impresa
TV, celulares, computadoras, el petróleo y otros privilegios
Con precios menores de los combustibles, las tarifas eléctricas y de gas podrían ser sustancialmente inferiores. Y también menores los costos de transporte, los gastos de siembra y cosecha, los gastos de las personas en sus vehículos, etc. Una de las mayores desventajas de Argentina son los costos del transporte. Es mucho más oneroso transportar carga pesada 300 km. dentro de nuestro territorio que trasladarla miles de kms. entre Buenos Aires y Estocolmo, Amberes, o Nueva York. De tal modo, el costo del transporte contribuye a desintegrar a nuestro país. Los productores alejados del puerto pierden rentabilidad hasta, según la distancia y producto, hacerla inviable.
Nuestro país y nuestros gobernantes pueden hacer mucho para que la Argentina sea más competitiva y elevar el poder adquisitivo de la gente. Favorecer la competencia, removiendo trabas redundantes a las actividades legítimas, protecciones aduaneras e impositivas sectoriales, reestructurando organismos estatales costosos y desinteresados de servir a la gente. Las protestas de los supuestos ñoquis que reclaman que los contribuyentes argentinos le paguemos aunque no produzcan en consonancia con su costo ejemplifican otro caso de búsqueda de protección a individuos particulares a costa de toda la población.
De tal modo, uno de los principales obstáculos al desarrollo nacional son las protecciones, los privilegios conseguidos por diferentes sectores, empresas y grupos hábiles en desplegar argumentos para hacerse de ventajas monetarias. La Argentina es un país caro respecto de las naciones competitivas. Es por el costo de los privilegios. Pues ninguno es gratis. El privilegio beneficia a unos grupos a costo de perjudicar mucho más a amplios sectores. Tenemos las computadoras, los celulares, televisores, muchos otros enseres domésticos más caros del planeta, resultado de privilegios otorgados a algunas empresas y grupos focalizados. Y también los combustibles más onerosos.
Si no fuera rentable producir petróleo, por la caída actual de los precios internacionales, seguramente sería más provechoso frenar las explotaciones hasta que se recuperen las cotizaciones. El petróleo, recurso no renovable, permanecería en los pozos, manteniendo las reservas para coyunturas más rentables. En todo caso, sería más económico pagar a los obreros petroleros un salario suficiente, hasta se repongan las condiciones del mercado internacional. No parece sostenible que toda la sociedad deba compensar a los empresarios petroleros por una circunstancia desfavorable del mercado. Sus ganancias se recuperarían cuando lo hagan los precios. Peor aún, están negociando se les subsidie la exportación. Esto es, que la sociedad argentina les pague para efectuar un negocio perjudicial para el país. Piden subsidios cuando pierden en lugar de vender la empresa a quien acepte la situación actual para recuperarse cuando mejoren los precios. Estos empresarios no ofrecen, a cambio del subsidio, compartir con el estado las ganancias futuras.
Pobreza cero es una propuesta generosa y deseable. Siempre que se entienda pobreza cero para el conjunto, y no para los señores del privilegio, amparados por reglamentaciones y prácticas que perjudican a los usuarios y al grueso de la población.
Según la leyenda popular, Robin Hood robaba a los ricos, los señores feudales privilegiados, y los repartía entre los pobres. En la Argentina suele ganar Hood Robin, que recarga al común de la gente para beneficiar a los señores del privilegio.


Dejá tu comentario