1 de abril 2019 - 00:00

UCR, sin PRO para el acto en Derecho

A las siete de la tarde del jueves pasado se dio cita un amplio abanico de radicales en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la UBA para recordar a Raúl Alfonsín al cumplirse diez años de su muerte. En la primera fila del líder se ubicaban la mediática nieta Rocío y su histórica secretaria, Margarita Ronco.

Fue un acto emotivo y nostálgico, sin presencia de los socios políticos actuales del radicalismo. Se podían observar mezclada la presencia de exministros e históricos dirigentes partidarios como Horacio Juanarena, Enrique Paixao, Aldo Neri, Jesus Rodriguez, Federico Storani, Eduardo Delle Ville, Ricardo Nosiglia, Alejandro Nievas, Diego Barovero, Marcelo Alegre, Oscar Muiño, Juan Nosiglia; su exvocero José Ignacio Lopez, la nueva estrella Martin Lousteau y a Enrique Nosiglia en doble carácter de organizador, junto al exdiputado Marcelo Bassani.

Entre las mujeres aparecía la exvice gobernadora bonaerense Elva Roulet; la nosiglista Cristina Guevara; la presidente de La Rioja Capital, Cristina Salzwedel; Magdalena Ruiz Guiñazu y Graciela Fernandez Meijide, Mabel Bianco, Susana Ruiz Cerutti, Josefina Mendoza, y Norma Allegrone. Los delarruistas Alberto Maquez, presidente del Consejo de la Magistratura porteño y Mónica Almada, vicepresidente de Nación Seguros, y Ricardo Lopez Murphy.

En la antesala del recinto en una pantalla en insólita forma se mezclaban la opinión del expresidente uruguayo Julio Maria Sanguinetti, de gran amistad con Raul Alfonsin, con expresiones del brasileño Luiz Da Silva.

Así se sucedieron imágenes de las gigantescas manifestaciones de militantes que acompañaron la llegaba al poder del líder radical, en tiempos de mensajes electrónicos y video conferencias sin gran contacto personal salvo los hoy cuestionados timbreos, las imágenes eran impactantes y daban cuenta de cambio sociológico que atraviesa la sociedad argentina en el siglo XXI. Ricardo Gil Lavedra relató anécdotas del juicio a los comandantes. Graciela Fernandez Meijide, (miembro de la Conadep que presidiera Ernesto Sabato) mientras se exhibían imágenes de la Semana Santa del 87 durante el alzamiento carapintada de Aldo Rico, relato su enojo frente a decisiones del Presidente posteriores a la sentencia (la Obediencia Debida y el Punto Final) para admitir que años después al saltar a la función pública logró comprender que en política se hace lo posible y no lo deseable. Fue muy aplaudida, ya que la exministra frepasista y madre de un desaparecido ha sido por años blanco de ataque de las organizaciones de derechos humanos.

Manuel Antin, a cargo del Instituto del Cine, tuvo una celebrada partipación contando cómo el compromiso inicial de financiar cine nacional, que había derribado sus prejuicios de participación en la función publica, fueron despejados cuando por falta de fondos Alfonsin decidió privilegiar la cultura a los recortes del ministro de economía Bernardo Grinspun. (Teléfono para Avelluto)

El jurista Alberto Garcia Lema rescató la tolerancia del radical, pero todos los aplausos se los llevo exsenador y presidente de la convención constituyente de 1994, Eduardo Menem, al relatar la fortaleza y tozudez de Alfonsin para defender sus ideas durante la Asamblea al tiempo que rescataba

Resultó curioso que la apertura estuviera a cargo de la escritora de policiales y pareja de Gil Lavedra, Claudia Piñeiro, enarbolando la bandera pro aborto, comparando el actual debate con el divorcio vincular sancionado en 1987, como legado de Alfonsin, lo que descolocó a parte de la calificada concurrencia que desconocía esa opinión de líder y mas aun que Piñeiro hubiera conocido al expresidente. La santiagueña Luciana Rached, presidente de la juventud considero que el ideario de Alfonsin sigue siendo la bandera a izar por las presentes generaciones. El final estuvo cargo de Marcelo Stubrin, actual embajador en Colombia, político de la Junta Coordinadora Nacional. Sostuvo emocionado que seguía compartiendo las convicciones del líder que le sedujo con sus ideas 50 años atrás.

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