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Un entrenamiento con público
El saludo entre Lavezzi y Messi. Lío mostró parte de su repertorio en un equipo que no brilló. Abajo, Carlos Tevez, «el jugador del pueblo», que le dio otros bríos a la Selección.
Jugar contra un rival muy débil y ganar desde los 5 minutos perjudicó el funcionamiento de Argentina, que quiso «florearse» con el toque y se olvidó del arco rival.
Albania era ni más ni menos lo que se esperaba: un equipo europeo de segundo nivel con más entusiasmo que juego y que trató de juntarse para no hacer un papelón.
Argentina intentó imponer el estilo Batista, con subidas de los laterales y rotación en los delanteros, pero se enamoró del toque lateral e intrascendente, jugando lejos del área.
El gol de Lavezzi fue una muestra de lo potente que puede ser en ataque, cuando se lo propone, pero la falta de un conductor lo hizo también carecer de ideas para generar más situaciones.
Lionel Messi con su habilidad desbordó en todos los sectores, pero quiso ser generoso con sus compañeros, por lo que no buscó definir él hasta los 42 minutos, cuando fue un poco egoísta y marcó su gol.
En el segundo tiempo, con el ingreso de Tevez, el partido ganó en emoción por la entrega de Carlitos y porque Batista hizo retroceder a Messi como enganche, juntándolo con Ever Banega que adelantó sus líneas. Fueron los primeros 10 minutos con tres situaciones de gol perdidas hasta que todo volvió a la normalidad, es decir, el toque anodino y lento haciendo circular la pelota.
Sergio Agüero buscó su gol desde que entró y lo consiguió, después de tres intentos, con un remate en el poste previo. Fue en el mejor pase de Messi de la tarde y con gambeta al arquero incluida y al final se dio el gusto de servirle el cuarto gol a Tevez. La Selección empieza a pensar en la Copa América. Va a tener que mejorar mucho en la concentración y el ritmo si quiere ganarla.


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