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Un estímulo que los deportistas necesitan
Diego se mostró feliz con su Olimpia y se lo dedicó a su nieto Benjamín: «Es el primer premio que le puedo dedicar a él. Ojalá vengan otros».
Luchadores, remadores, rugbiers, esgrimistas, jugadores de bochas y de tenis de mesa (el viejo y querido ping pong) vivieron una fiesta inolvidable, porque no sólo recibieron el reconocimiento a su esfuerzo, sino que pudieron tocar y sacarse fotos con Diego, con «Willy» o con «Lucha», ídolos a los que no hace falta nombrar por su apellido.
La estrella de la noche fue Aymar, que además de estar cada día más linda, se llevó el Olimpia de Plata a la mejor jugadora de hockey sobre césped del año, el de Oro a la mejor deportista del año y el del Bicentenario a la mejor de todos los tiempos en su deporte. Para ella fue inolvidable, pero no se olvidó de sus compañeras y se quejó ante las autoridades del Círculo (antes de hacerlo por micrófono) de que no las hayan invitado a todas las Leonas.
Una fiesta donde Marcos Patronelli demostró que le gusta ir rápido hasta en una silla de ruedas, donde la hija de Carlos Monzón mostró su emoción por recibir un premio que recuerda a su padre y donde Maradona exhibió su mejor cara, la de la amabilidad, y se sintió cómodo al lado de Guillermo Vilas, aunque no se supo quién pidió de comer primero. En el fútbol faltó la «Bruja» Verón (quizá sabiendo que perdía) y estuvo Diego Milito, el gran olvidado de la terna de fútbol exterior, que recibió un premio especial. Allí se premió con justicia al «Burrito» Martínez, de Vélez, que fue el mejor del fútbol nuestro y hasta se dio el lujo de hacer un gol maradoniano. Los premios Olimpia nacieron en 1954 y ojalá vivan para siempre.


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