3 de septiembre 2009 - 00:00

Un golpe que volteó a su escolta e ideólogo

La causa que la Cámara Federal porteña ordenó reabrir para investigar la presunta propiedad de Hugo Moyano de una estancia en Henderson le acarreó, tres años atrás, un duro golpe para el camionero: volteó a Juan Manuel Palacios, su histórico socio histórico.

«El Bocha» fue hasta 2006 jefe indiscutido de la poderosa UTA, «segundo» gremio de Moyano. Junto a Camioneros, el sindicato que nuclea a los colectivos, formó el «scrum» con el que dio sustento al MTA y encaró aventuras políticas, como apoyar a Adolfo Rodríguez Saá.

La investigación judicial que detectó vínculos más que estrechos entre Palacios y la firma Calema SA propietaria de campos valuados en millones de dólares en Buenos Aires -la esposa y un hijo de Palacios figuraban en el directorio- le valió la renuncia a la UTA, que controlaba desde 1985.

En ese movimiento, Moyano perdió a su escolta de 20 años a quien, además, siempre se indicó como el «ideólogo» de los movimientos políticos y sindicales del camionero.

Por entonces, el colectivero era secretario de Prensa y vocero de la CGT que, desde 2004, dirigía Moyano. Con el tiempo, como se quedó sin cargo sindical en la UTA, también tuvo que dejar esa butaca y se retiró a cuidar el jardín de su quinta en City Bell.

La caída de «El Bocha» tuvo un impacto directo sobre Moyano. En su lugar quedó Roberto Fernández, apodado «El Narigón» -quien también figuraba en el directorio de Calema SA- que con el tiempo, para ganar autonomía ante Palacios, se distanció del camionero.

Una anécdota grafica la tensión. Con Luis Barrionuevo y Antonio Caló como testigos, Moyano se trenzó en una discusión -que estuvo a un tranco mínimo de derivar en un acto de pugilismo de oficina- con Fernández sin prestar atención a lo que le decía el colectivero.

-Yo esto ya lo arreglé con «El Bocha» así que... -quiso liquidar la charla Moyano.

-Negro, avivate que «El Bocha» no está más. Ahora la UTA soy yo. Si no lo entendés, lo resolvemos de otro modo -se planteó Fernández.

Ese vínculo nunca se recompuso. Ahora, a desgano, Fernández suele acompañar las movidas de Moyano, pero no lo anima una sola pisca de convencimiento: lo hace porque depende de los subsidios oficiales que reparte Julio De Vido a través de la Secretaría de Transporte.

De hecho, con el derrumbe de Palacios, la UTA dejó de ser el gremio aliado de Camioneros en las ofensivas de Moyano, y ese lugar pasó a los taxistas, agrupación que comanda Jorge Omar Viviani, secretario gremial de CGT y principal lugarteniente del camionero.

Ahora, la pesquisa sobre los campos de Palacios, que además de una investigación judicial invita a una reflexión social porque alumbra la «rara avis» de sindicalista terrateniente, acecha a Moyano en persona.

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