20 de abril 2010 - 00:00

Un Lope de Vega bien actuado e innecesariamente modernizado

«La estrella de Sevilla», con notables actores, es una obra sorprendentemente actual, que no necesitaba una actualización de época ni música de rock.
«La estrella de Sevilla», con notables actores, es una obra sorprendentemente actual, que no necesitaba una actualización de época ni música de rock.
«La estrella de Sevilla» de L.de Vega. Versión y Dir.: E. Vasco. Int.: D.Albaladejo. A.Quejereta y elenco. Esc.: C. González. Vest.: L.Caprile. Ilum.: M.A. Camacho (Teatro Nacional Cervantes) Hasta el domingo 25 de abril.

Atribuida a Lope de Vega (aunque los eruditos sospechan que hubo otra pluma) «La estrella de Sevilla» es otra gran pieza del Siglo de Oro español: irónica, aleccionadora y con sobrados recursos para entretener al público de hoy. Se trata de una sarcástica pintura de los excesos de un gobernante que se escuda en el poder para dar curso a sus caprichos.

La pieza evoca hechos, pretendidamente históricos, referidos a Sancho el Bravo (1284-1295), quien tras usurpar el trono de su padre Alfonso X el Sabio viajó a Sevilla para ser aceptado como nuevo rey de Castilla. Pero dentro de la ficción el monarca tiene otras prioridades, como la de ir a la pesca de hermosas mujeres. Así queda prendado de Estrella, hermana menor de uno de los principales nobles de Sevilla. Como éste se resiste a ser sobornado y además obstaculiza sus deseos, el rey lo manda matar utilizando como brazo ejecutor del crimen al prometido de Estrella. Luego de una serie de tropelías que lo alejan definitivamente de su presa, el monarca terminará admitiendo su delito ante la incorruptible justicia sevillana. «Toda esta gente me espanta» dirá entre el asombro y la humillación.

Aun con sus ribetes trágicos, «La estrella de Sevilla» exhibe un humor punzante que toma expresión a través de comentarios irónicos y situaciones equívocas que le dan a la obra una sorprendente vigencia. El propio rey, con sus desvelos eróticos y sus excesos de magnate bien podría ser considerado un precursor de Berlusconi. Pero la puesta de Eduardo Vasco no se apropia de estos rasgos. En general, deja que el texto provea toda la información impidiendo que sus actores se involucren en situaciones más complejas.

Casi hay un exceso de elegancia en la figura de este monarca, que en el transcurso de la acción va perdiendo imagen a causa de sus torpezas y desaciertos. La única escena que recupera su legítima comicidad es la del falso infierno al que llega el asesino contratado por el rey. El vestuario de línea urbana, el escenario de estilo minimalista (con algo de pasarela y sauna finlandés) más un tema de rock psicodélico que se escucha por ahí (en inglés) no contribuyen a actualizar la pieza, más bien neutralizan sus ricos contrastes con un falso ropaje de contemporaneidad.

En el elenco se destacan Daniel Albaladejo (el rey) y muy especialmente Arturo Querejeta (el hermano de Estrella), un actor que se adueña del verso lopesco con gran naturalidad.

Patricia Espinosa

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