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Un luchador a prueba de dudas y escándalos
De nuevo en el centro de la atención tras su sorpresiva y aplastante victoria en las primarias de Carolina del Sur, Gingrich demostró, de nuevo en estos días, su gran capacidad de reacción.
No en vano, durante su larga carrera política, logró salir indemne de numerosos escándalos tanto sentimentales como económicos, seduciendo aun hoy a su electorado.
Gingrich, de 68 años, es un pluridivorciado que gusta a los conservadores y que desde ayer se convirtió en el anti Mitt Romney, el favorito de la batalla hasta ahora.
En el último debate, el expresidente de la Cámara de Representantes, acusado por su segunda esposa de haberle propuesto un «matrimonio abierto» para poder seguir viendo a su entonces amante y actual tercera esposa, Gingrich se las arregló para dar vuelta esas declaraciones y terminar marcando un gol a su favor.
Traiciones conyugales
El político traicionó a su primera esposa con la que sería su segunda mujer, y a ésta con la tercera.
Su carrera, sin embargo, empezó a tambalearse sobre otro escándalo sexual, el de Bill Clinton, cuando él hizo presión para la destitución del entonces presidente de Estados Unidos, generando muchas críticas contra el Partido Republicano, acusado de haber llevado las cosas demasiado lejos.
En 1998 renunció a su cargo de presidente de la Cámara y en 1999 abandonó el Congreso, tras un escándalo que le valió una sanción por «falla ética» y una multa de 300.000 dólares por haber solicitado una exención impositiva indebida para la realización de un curso universitario. Esa fue una de 84 denuncias similares, pero en la cual resultó «condenado» por numerosos republicanos. En la última década pasó el tiempo dando conferencias.
En los años 90 sin embargo Gingrich, nacido en el estado de Pennsylvania pero criado en el sur, había conquistado a los republicanos con el llamado Contrato con América, un ambicioso proyecto que prometía menos gasto público y menos impuestos.
Aún queda por esclarecer, en cambio, como solicitan ahora sus rivales, su papel de «lobbista» para Freddie Mac, gigante de las hipotecas que acabó bajo control del Gobierno para evitar su quiebra.
Todos los analistas de las cadenas televisivas admitían ayer que habían dado prematuramente por liquidada la campaña de Gingrich ya que lo veían sin posibilidad alguna de ganar, algo que quedó desvirtuado por el resultado de Carolina del Sur.
Pero él, como el boxeador Rocky, aunque lo golpeen, se vuelve a levantar, listo para pelear.
Agencia ANSA y Ámbito Financiero


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