17 de abril 2009 - 00:00

Una campaña sin margen para la duda

Una campaña sin margen para la duda
 «Desensillar hasta que aclare». Aunque trillada, la frase campera grafica bastante bien la posición que tomará buena parte del sector agropecuario para atravesar esta temporada de otoño-invierno.

Tras la reducción en las cosechas de soja y maíz -a causa de la histórica sequía, el conflicto político y la baja de precios-, se posterga ahora lo más posible la siembra de trigo y, en algunos casos, se piensa en alternativas como la cebada o la colza. En ganadería el panorama es igualmente complejo, y un camino de salida apunta a esperar una mejora de precios en el segundo semestre.

En el filo

Mayo será un mes clave, y las señales no son buenas para un mercado triguero sin el sustento de precios forwards, que es vigilado muy de cerca por el Gobierno y cuyo consumo interno -regulado por el Estado- se lleva 6 millones de toneladas (la última campaña sólo dejó un remanente exportable de 2,3 millones de toneladas). «Habrá que llegar a los 4.000 kilos por hectárea para obtener alguna ganancia. La mayoría de los productores va a estar sobre el filo de la navaja», evaluó el analista Néstor Niel. La respuesta a esta encrucijada será que «muchos intentarán evadir el ojo político», en palabras de Niel.

Esta reacción lleva por varios caminos: algunos seguirán con el trigo, pero achicando el paquete tecnológico; otros se volcarán a cultivos de invierno como la cebada y la colza, pese a que no poseen mercados muy estables. «La decisión está muy demorada. En el sudeste de Buenos Aires como máximo se mantendrá la superficie utilizada el año pasado en trigo», calculó Rafael Delpech, presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) en Tandil-Azul, Buenos Aires.

Según Delpech, el costo por hectárea de trigo rondará esta campaña los u$s 300, con campo propio. Daniel Assef, asesor económico de Coninagro estimó un costo que oscilará entre los u$s 350 y u$s 400 por hectárea, sin ahorrar en tecnología. «No hay ambiente de negocios, y se invertirá menos. Está muy difícil tomar decisiones sobre comercialización», estimó Delpech, en referencia al clima electoral que vive el país.

«Al trigo hoy lo afectan el excesivo control que el Gobierno ejerce sobre los cereales y la falta de humedad de los suelos. Aunque se achique la cosecha, el rumbo político no deja que se exprese la escasez», indicó Niel, que pronostica un segundo semestre favorable para el precio de los cereales en los mercados internacionales.

En este escenario, «evadir el ojo político» posado sobre los cereales conduce a los productores hacia cultivos de segundo orden como colza, cebada o avena. La cebada redondeó costos en torno a u$s 180 por hectárea el año pasado, con rendimientos por encima de los 4.500 kilos. En el caso de la colza, en 2008 se cultivaron 60.000 hectáreas en áreas templada-frías. Aún así, tanto la colza como la cebada (mantiene un precio como el del trigo, menos un 5%) tienen mercados muy pequeños, que no alcanzan para pensarlos como alternativa real al trigo, cultivo que además posee una profunda tradición en la Argentina.

Comercialización

Mientras tanto, en materia de comercialización de las cosechas de maíz y soja, no hay mucho margen para errores. En el caso del cereal, vender es la clave, según las especulaciones de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA), que no recomienda esperar un repunte de los precios. Además, estima que el mercado interno dará buenas oportunidades de negocios.

En soja, las aceiteras seguirán demandando, ya que hoy trabajan a casi el 50% de su capacidad. Se suman como factores alcistas la reducida cosecha local y la reciente aplicación de impuestos al ingreso de producto de países vecinos con destino a la industria. Se observa además que los precios actuales en el mercado internacional son superiores a los futuros de noviembre.

En ganadería el panorama es igualmente complejo. Con el agravante de que este sector comienza a gestionar en medio de una creciente reducción de stock (ver pág. 2). El actual panorama encuentra la oferta de terneros con feedlots abastecidos, lo que ameseta el precio o directamente lo empuja hacia abajo. A su vez, las vacas que no quedaron preñadas son destinadas a venta, pese a los malos precios. Se observa así a productores desprendiéndose de terneros -cuyo precio llegó a caer hasta $ 3 por kilo- y vacas para poder pasar un invierno en el cual habrá pocas pasturas y forrajes caros.

Una forma de superar este escenario es «ajustar al máximo los costos y conservar hasta donde se pueda las vacas», opinó el analista Víctor Tonelli. Esta decisión, que incluye encerrar y alimentar ganado con maíz, se justifica en la medida en que -según Tonelli- «en el segundo semestre habrá una recuperación de precios».