Florencia Barragan
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Una mina de litio por dentro: cómo se produce y exporta una tonelada a u$s53.000
Ámbito la recorrió, a 3.900 metros de altura. El proceso productivo, las inversiones, el agregado de valor y las discusiones pendientes sobre la industrialización, el medio ambiente y las comunidades.

Ámbito viajó al Salar de Olaroz en Jujuy, donde a 3.900 metros de altura se encuentra una de las dos minas de litio que produce y exporta actualmente en la Argentina. La empresa, Sales de Jujuy, subsidiaria del gigante australiano Allkem, realizará una inversión de más de u$s1.500 millones para cuadruplicar la producción de carbonato de litio, cuya tonelada trepó a precio histórico que supera los u$s50.000.
El Salar de Olaroz se encuentra a minutos de la localidad de Susques, y a unas 3 horas de la zona turística, como Purmamarca, en la Quebrada de Humahuaca, por una ruta que atraviesa la Cuesta del Lipán, un tramo empinado de curvas y contracurvas. Lo primero que se ve al llegar son esos grandes piletones de agua turquesa, parte clave del proceso productivo.
Antes de ingresar a la mina, se realizan todos los procesos de seguridad: soplar para el control de alcoholemia, la toma de presión, de la saturación y del oxígeno. Por la altura, lo más común puede ser la presión alta o palpitaciones. Es el mismo proceso que se le hace a los 200 empleados que trabajan y viven allí en el campamento. Por las restricciones de acceso, la gran mayoría tiene el régimen laboral de “7x7”, es decir, 7 días de trabajo por 7 de descanso.
Proceso productivo
El proceso productivo para fabricar carbonato de litio consiste básicamente en cuatro etapas. La primera es la extracción: el litio se encuentra en los salares. Se hace un pozo y se extrae la salmuera, un líquido como si fuera agua pero que tiene muchos más minerales además de litio, como el magnesio. Por eso, el siguiente paso es ir a la planta de cal, que se encuentra allí mismo. Es justamente con la cal con la que se le separa el magnesio.
Luego, la salmuera se deposita en esos grandes piletones: son 70, tienen hasta 3 metros de profundidad y ocupan 1.500 hectáreas. Por eso es que se llama método de evaporación: se lo deja entre 9 y 12 meses y a través de la evaporación, el sol y el viento se logra la concentración del litio, y queda en la superficie el residuo de otros minerales.
“Argentina es hoy el país del mundo que más inversiones recibe de litio”, contó Jose Alioto, gerente de asuntos públicos de Allkem. Uno de los motivos es por las condiciones naturales. La Argentina es el segundo país del mundo con mayor cantidad de recursos, después de Bolivia, aunque Alioto explicó que en el Salar de Uyuni hay mucha más concentración de magnesio. O que puede haber otros salares donde haya litio, pero en Olaroz se dan las condiciones de sol y viento necesarias para el método de evaporación, que implica costos más bajos.
Las condiciones óptimas se encuentran en el desierto de Atacama, en Chile, país que encabeza el ránking mundial de mayor cantidad de reservas de litio (le sigue Australia y luego la Argentina). El mayor intervencionismo de Chile, y por el contrario las leyes más liberales de la Argentina, son el otro motivo que explica el flujo de inversiones según el sector privado: desde 2020 para acá hubo anuncios de inversión en litio por u$s5.141 millones.
Después de casi un año en los piletones, la última etapa es el proceso industrial. “Más que minería, somos una industria química”, asegura Alioto, quien rechaza las críticas a que el litio se exporta como materia prima. El producto final es el carbonato de litio, grado técnico o grado batería, un insumo que se utiliza para las baterías, ya sea de autos, buses, celulares o computadoras. Por eso se espera que la demanda aumente a lo largo de los años, en un mundo que busca descarbonizar y avanzar en la transición energética.
“Dentro de la planta se caen todos los mitos”, asegura Alioto. Físicamente, el carbonato de litio tiene la contextura y el color de la maicena. En la parte industrial se utiliza el carbonato de sodio, más conocido como soda ash, para seguir eliminando las impurezas, y finalmente llegar a una concentración del 99,9%. Alioto explica que en Australia al litio se le agrega mucho menos valor dado que se exporta, no como carbonato, sino como espodumeno.
En la parte del depósito de la planta, un auto elevador acomoda las bolsas blancas que llevan una tonelada de carbonato de litio desde los racks a unos containers, mediante el cual se trasladará en camión al puerto de Buenos Aires, para luego su exportación. La bolsa de una tonelada que dice “Allkem, Sales de Jujuy, Lithium Carbonate, product of Argentina” se vendió en el último trimestre por un precio récord de u$s53.000. Sales de Jujuy exporta el 100% de su producción a los países donde se producen las baterías, como China, Estados Unidos o Europa. Gran parte va a Japón, dado que Allkem en la Argentina está asociado a Toyota, que lo utiliza para la producción de vehículos eléctricos.
Debates pendientes
En el debate sobre la industrialización del litio, la empresa contesta que no vio ninguno de los proyectos de ley que quiere hacer el Gobierno. Explican que exportan la totalidad debido a que en el país “no hay demanda local”. Sin embargo, Alioto asegura: “Cualquier necesidad de la Argentina la vamos a apoyar, si nos piden producción vamos a abastecer”. Según pudo averiguar Ámbito, dentro de la cámara de empresarios mineros (CAEM), están en contra de que se pongan “cupos a precios de preferencia”, y no a precios de mercado. Además, debido a la necesidad de escala, tecnología e inversiones que requiere una batería, temen que se transforme en un “Tierra del Fuego 2”.


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