Tras haber caminado toda la noche para evitar ser vistos por hombres del EI, que impiden que los civiles salgan del sitio, Nasra Najm llegó junto a su familia al campamento de Amriyat al Faluya, donde se instalaron bajo una carpa. Un plástico sirve de alfombra en el suelo y el calor es sofocante, pero Nasra y los suyos saltan de felicidad por un plato de arroz. "¡Soñábamos con esto! Ya ni siquiera estaba segura de que el arroz existiera. No podíamos creer lo que veíamos cuando nos dieron este plato", exclama la anciana, el rostro cubierto de tatuajes tradicionales.
Desde que las fuerzas iraquíes lanzaron el operativo, unas 3.000 personas pudieron dejar los suburbios de la ciudad, "cansados, asustados, hambrientos", según el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), que creó este campamento.
Sus historias reflejan el cotidiano terrible de unos 50.000 habitantes atrapados en Faluya desde hace meses, bajo la mano de hierro de los yihadistas. Maher Sahib, un hombre de media edad que también logró escapar resume la situación en una frase: "Antes pesaba 103 kilos, hoy peso 71".
Todos los desplazados cuentan que no tenían arroz, un alimento básico en Irak, ni pan. "Teníamos que moler los carozos de dátiles para hacer harina que era terriblemente ácida", cuenta Madiha Khudair, que huyó junto a sus dos hijas de una localidad cerca de Faluya. Rasmiya Abbas, cubierta con un velo negro y con su nieto de cinco años en los brazos, cuenta que el EI racionaban la comida entre la población, y guardaban lo mejor para ellos. "Ellos se quedaban con el arroz y con todos los mejores productos", cuenta.
Las 252 familias que encontraron refugio llegaron durante el fin de semana. Los niños duermen bajo las carpas color arena, para recuperarse del largo y angustiante viaje. Los que no duermen llenan botellas de agua de un camión cisterna o hacen cola con sus madres frente a una ambulancia que distribuye medicamentos.
Aunque el camino hasta el campamento está plagado de peligros debido a los combates, Ahmad Sabih, un padre de familia de 40 años, prefirió probar suerte: "Decidí arriesgarlo todo. O salvaba a mis hijos o moría con ellos".
| Agencia AFP |


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