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Universo K: los consuelos y el olvido veloz de la derrota
Festejos entre los ganadores: Gabriela Michetti (Capital), Juan Schiaretti (Córdoba) y Julio Cobos (Mendoza).
- Con las medidas que tomamos, tendríamos que haber mejorado -se quejó en voz alta.
- Nos sirvieron para no perder votos -le murmuró, cauto, un ladero.
En la cima del poder K, una cima que sin la centralidad de Cristina de Kirchner luce escarpada y fangosa, la derrota pareció una odiosa novedad. El micromundo kirchnerista fantaseaba que la suba del Mínimo no Imponible, la nueva escala del Monotributo y los casi 130 mil créditos de Pro.Cre.Ar, sumado al impacto emotivo de la enfermedad presidencial, se cosecharían en votos.
Las dos lecturas fueron, a su modo, correctas. El paquete de anuncios que la Casa Rosada hizo luego de la trompada de las PASO, en la que besó el piso histórico del 26% nacional, se conjugó con otros fenómenos, en particular que el sistema peronista traccionó con más fuerza que el 11-A, para confirmar victorias pasadas o, incluso, ampliarlas.
Sólo en San Juan se corrigió un resultado. Influyó el accidente de José Luis Gioja pero, también, que el colectivo que le ganó en las primarias se haya desintegrado rápidamente.
Son pequeños consuelos que exigen el esfuerzo de bucear para encontrar gemas en medio en un basural. Es imposible camuflar la derrota bonaerense, por más de 12 puntos, con el 46,5% de Sergio Urribarri en Entre Ríos o los casi 60 puntos de Jorge "Coqui" Capitanich en Chaco.
Son, apenas, flashes en una gran oscuridad. No hay traducción bondadosa que resulte apta para los oídos de Cristina de Kirchner sellados por indicación médica a malas noticias.
El derrape genérico, con las contadas salvedades, sembró la coregrafía de la unidad que ayer mostró el búnker del FpV en el NH Tango. Como la mancha venenosa se expandió uniforme, ningún cacique K está en condiciones de reprochar a sus pares. A su modo, Cristina de Kirchner conducía la heterogeneidad. Sin ella, el reparto de premios y castigos quedará suspendido o, de desatarse, se convertiría en una cacería interna sin árbitros ni reglas.
Revés
Daniel Scioli, a quien Massa le quiere poner la corona de la oprobiosa derrota del FpV, ensayó ayer palabras de calma para los suyos. En el piso 19 del Banco Provincia silenció cualquier murmullo secesionista.
"Seguimos como siempre. Somos parte de este proyecto y seguimos acá Sin agredir, como en la campaña" avisó antes de enfilar hacia el NH a asumir, junto a Amado Boudou, Juan Manuel Abal Medina y Martín Insaurralde, la derrota de alcance incierto.
Scioli, más que nadie, quiere contagiar el veloz olvido del resultado. Retomará la agenda y el miércoles visitará en Mendoza a Francisco "Paco" Pérez, puesta en escena de la vida que sigue.
La razón es más que numérica. No por los casi 4 millones de votos que amontonó Sergio Massa en Buenos Aires. Esa propiedad es volátil aunque el tigrense desplegó un imán personalísimo sobre sus votantes.
Un dato lo clarifica: Massa logró, en cada rincón de la provincia, más votos que sus candidatos locales, fenómeno que se refleja en un porcentaje revelador: en el tramo de diputados nacionales, el voto en blanco fue la mitad que en el segmento de legisladores provinciales y en cargos municipales. Traducción: hubo un caudal monumental de votos que sólo fueron a Massa y cortaron a sus postulantes.
Revestido de ese encanto, de su condición de bala de plata contra el kirchnerismo, Massa expresó una ola poderosa que perforó las tres corazas del oficialismo: el cerco nacional, el protagonismo de Daniel Scioli y el esfuerzo de la comandancia del PJ territorial.
Massa desnudó la fragilidad del dispositivo K. En las provincias donde la oposición construyó una oferta atractiva la derrota fue casi inevitable. El tigrense es el caso paradigmático, pero ocurrió, también, en Chubut con Mario Das Neves, en Santa Cruz con Eduardo Costa o en Mendoza con Julio Cobos. Un principio botánico aplicado a la política: donde el terreno estaba fértil para castigar al sistema kirchnerista y asomó una opción, la bronca se canalizó.
Por mérito propio, unos pocos bloquearon esa tendencia. Capitanich tuvo un triunfo fenomenal, Urribarri ganó con holgura y Miguel Angel Pichetto orilló el 50%. Estertores locales, destrezas individuales a las que podría sumarse lo del ausente Gioja.
Anoche, el Gobierno dio visibilidad a ese puñadito de victorias, válidas, pero insuficientes para compensar las derrotas fieras: la bonaerense, el tercer lugar porteño, los magros despliegues en Santa Fe y Córdoba, las caídas en Catamarca y Jujuy, el revés, en Diputados, en Salta. Además se esmeró en un cálculo brumoso sobre el score nacional y la captura de bancas en el Congreso donde, según la numerología oficial, retiene mayoría y posibilidad de negociar quórum en ambas cámaras.
Los cálculos son ficción pura, artificios supeditados al devenir político. Si el FpV vende futuro con una o más variantes presidentes, los bloques pueden soldarse o ampliarse. Ante una crisis, nada impedirá que se esfumen.


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