24 de agosto 2012 - 16:20

Urna plus: sumar 3,3 millones de votos, clave K para re-ree

Dos proyectos amplían el padrón electoral. El relato y la especulación. El modelo Lula

Aníbal Fernández
Aníbal Fernández
Una doble enmienda del Código Electoral, condensada en un puñado de párrafos, puede convertirse en la llave de oro para la aventura eternista de Cristina de Kirchner al incrementar, en alrededor de 3 millones de votantes, el padrón electoral nacional.

El ideólogo es Aníbal Fernández. El quilmeño ingresó en julio y en agosto dos proyectos para modificar la Ley de Extranjería y la ley electoral. El objetivo se anuda en permitir el voto de los jóvenes de entre 16 y 18 años, y de los extranjeros con más de dos años de residencia.

El universo ronda los 3,3 millones de nuevos votantes. En 2010, según el Censo de ese año, había algo más de 1,6 millón extranjeros radicados en el país. En tanto, la banda etaria que va de los 16 a los 18 abarca estimativamente 1,7 millón de jóvenes.

Sumados representan un caudal de 3,3 millones. El padrón de 2011 contó con 28,9 millones de electores. La concurrencia fue del 79,4%, equivalente a casi 23 millones de votantes. Los votos válidos fueron de 21,9 millones.

La propuesta de Fernández es que esos dos grupos tengan el derecho, pero no la obligación, de votar. Como se trata de una normativa federal, se refiere exclusivamente a cargos electivos nacionales. Es decir: la fórmula presidencial, además de diputados y senadores.

Si menores de 18 y extranjeros decidieran votar masivamente, el padrón se acrecentaría en más de un 10%. Pero se trata de dos variables diferenciadas: si el proyecto se convierte en ley, los jóvenes se sumarían automáticamente al padrón electoral.

En cambio, según el proyecto K -que fue girado a la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara alta, que preside el neuquino Marcelo Fuentes-, los extranjeros deberían pedir su inscripción al registro de votantes.

Existen, a nivel distrital, pistas para rastrear antecedentes. En la provincia de Buenos Aires está vigente desde los años 90 una ley que permite el voto extranjero para cargos provinciales y municipales. En 2011, por primera vez, se aplicó la obligatoriedad del voto.

En Mendoza, semanas atrás, el gobernador Francisco «Pa- co» Pérez anunció el diseño de una reforma constitucional que, además de introducir la reelección, incorpora el sufragio opcional de los mayores de 16 años.

Fernández, en los fundamentos, menciona la «ampliación de la ciudadanía» y le dedica, en especial, un tramo al voto joven donde no falta un panegírico sobre el presunto «crecimiento de la participación política de los jóvenes» desde la jura, en 2003, de Néstor Kirchner.

El senador tomó como base el modelo que aplicó Lula da Silva en Brasil. La referencia anima lecturas y analogías: por un lado, porque el PT lulista detectó, como el kirchnerismo, altos niveles de adhesión en el planeta juvenil, lo que amplió las chances de Dilma Rousseff.

Hay otro doblez. Una de las teorías K, frustrada la reelección o ni siquiera intentada, supone que en 2014 la Presidente se lanzaría a promover a un heredero de su estirpe política como hizo, suelen decir, «Lula con Dilma». Hasta ahí la comparación.

La mayoría de las encuestas refleja que en el universo menor a 25 años es donde el Gobierno K obtiene los más altos niveles de adhesión. A partir de ahí empiezan las especulaciones y los cálculos. Veamos: 

  • Si del número de electores sobre los que pesa la obligatoriedad del voto concurre históricamente entre un 70% y un 80%, hay estimaciones de que la concurrencia optativa de los jóvenes podría rondar el 30%. Es decir: algo más de medio millón de votos.

  • Es incierto -o arriesgado- presumir cómo será el comportamiento de ese nicho de votantes, pero el kirchnerismo presume que es un universo donde puede tener altísimo nivel de aceptación. El trabajo de La Cámpora en los colegios puede, vinculado al proyecto de Fernández, adquirir un sentido más específico. 

  • Respecto de los extranjeros, los antecedentes son más palpables. En 2011, en la primera experiencia de voto obligatorio, en la provincia de Buenos Aires concurrió a votar el 18% de un padrón de 340 mil personas. El FpV arrasó: la fórmula Scioli-Mariotto obtuvo el 63% de los votos, seguida por Francisco de Narváez con el 15,6%.

  • Esa estadística refleja que, entre extranjeros, la adhesión al oficialismo es mayor que en el resto del padrón. Puede, a partir de ahí, tejerse una estimación, aunque debe contemplarse un detalle importante: a priori, el proyecto de Aníbal Fernández no establece la obligatoriedad del voto.


  • Hay otras teorías. Una de ellas supone que, en paralelo, el Gobierno lanzaría un megaplán de nacionalización de extranjeros. Puros rumores. Sin embargo, los dos «nichos» electorales que se proponen ingresar son, por encuestas o por votos, proclives al oficialismo, por lo que, además de la benévola aspiración a ampliar y mejorar la ciudadanía, da lugar a los que leen en el proyecto una maniobra para potenciar las chances electorales del Gobierno en 2013 para acercarse a los ansiados dos tercios para promover una reforma constitucional.
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