10 de mayo 2016 - 00:00

¿Usted entraría a un lugar de donde no puede salir?

 ¿Usted entraría a un sitio del que no podrá salir? Los principales partidos políticos de la oposición proponen una ley para castigar a los que despidan personal. Las empresas se anotician: en la Argentina, único país del planeta donde regiría esa norma, a partir de ahora será peligroso contratar personal. Pues no podrán despedir, en adelante, a aquellos empleados que no cumplan los requisitos establecidos, los requeridos por cambios estructurales o de mercado, y a los contratados para cubrir necesidades por corto tiempo. Y todo con efecto retroactivo para los ya contratados. Un incentivo notable a los juicios laborales y la suba de costos.

Dirigentes argentinos demasiadas veces impulsaron medidas para complicar la vida y hacer más conflictivas y onerosas las actividades productivas. Las naciones que progresan intentan lo contrario. Facilitar todo el proceso productivo para aumentar los bienes y servicios disponibles para la gente. Trabas en el proceso, como esta ley, tienen el efecto contrario al declamado. En lugar de aumentar el empleo, impedir y hacer más costoso contratar nuevos trabajadores. Y empeorar la disciplina en las empresas. En vez de incentivar la ocupación productiva en la Argentina, ahuyentarla.

Las empresas más intensas en trabajo, las que pagan más salarios en relación con sus ventas serían las más damnificadas. En cambio, las más intensas en capital, con bajo costo laboral en proporción a la producción, sufrirían menos. Pero a todos los empleadores dañará. Y muchos empleados tendrán incentivos a buscar ser despedidos, azuzados por abogados laboralistas, funcionarios sindicales y otros.

Mientras que, en los EE.UU., la total libertad para decidir "el está despedido" alimentó el mercado laboral más dinámico del planeta. Y, actualmente, la desocupación es superbaja: un 5%. En la Argentina, partidos políticos pretenden lo contrario: generar empleos bien remunerados coartando los incentivos para emplear gente. El mundo al revés.

En general, es el Estado el que paga a los que están desocupados, cumpliendo ciertos requisitos. Nunca las empresas que los contratan. En la Argentina sería al revés. Las empresas quedarían advertidas del aumento de los costos de contratar personal, a favor de abogados y gastos judiciales.

Un negocio para pocos en perjuicio de la mayoría de la población, promovido por partidos que proclaman mejorar el empleo productivo.

Con prohibiciones contrarias al progreso los capitales y empleos en blanco emigraron de nuestra Argentina. Es hora de aprender de los que progresan. La República China abandonó las trabas de la planificación central y del comunismo, en 1978, desde la mayor pobreza, para iniciar su inusitado despegue hasta convertirse en la segunda economía del planeta. Más cerca de nosotros, varios países de la región también enderezaron sus regulaciones para favorecer el empleo de calidad propio del desarrollo dinámico. Ninguno prohíbe despedir empleados.

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