Vegetar o reinventarse sin los históricos, el dilema que azota a CGT

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Debate entre sostener un triunvirato en coma y apostar a una nueva central sin Moyano, Barrionuevo y Caló, hoy rivales de “gordos” e “independientes”.

El panorama interno en la CGT se tornó sombrío y sus referentes afrontan una disyuntiva: sostener en el tiempo un triunvirato de conducción débil y desautorizado, o bien afrontar un camino ripioso hacia su reestructuración con el horizonte concreto de sufrir las deserciones de Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló, los dirigentes que hasta hace dos años encabezaban sus respectivas versiones de la central obrera. La encrucijada responde a un lábil sistema de equilibrios internos que impide identificar un sector hegemónico por sobre el resto y a las visiones divergentes sobre el rol estratégico que deberá adoptar la organización para la segunda mitad del mandato de Mauricio Macri.

La tensión quedará expuesta el jueves de la semana próxima en la reunión del Consejo Directivo. Allí chocarán los planes de los "gordos" de los grandes gremios de servicios e "independientes" de diálogo frecuente con el Gobierno, resueltos hasta la semana pasada a empujar al resto hacia una reorganización pautada para agosto próximo con un congreso para encumbrar a solas a Héctor Daer en reemplazo del trío de líderes, por un lado, con los aliados de Moyano y Barrionuevo, instruidos por sus referentes para impedirlo.

En una línea similar a la del camionero y el gastronómico, esta semana Caló, jefe de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), balconeaba desde afuera la disputa tras su decisión de retirar la silla que detentaba -a través de Francisco Gutiérrez- en el Consejo Directivo, pero con el mismo horizonte de bloquear la hoja de ruta de los gremios mayoritarios. A pesar de hallarse abocado casi por completo a una paritaria todavía no resuelta, y a las puertas de un conflicto, el metalúrgico mantuvo contactos con dirigentes afines para explorar la candidatura de un eventual "tapado" para la secretaría general de la CGT.

Aunque enlazados en la misma táctica de corto plazo, Moyano, Barrionuevo y Caló están lejos de conformar un frente lineal y de objetivos en común. Muy por el contrario, los exjefes de sendas versiones de la central se recelan y desconfían entre sí, pero también saben que sus sectores perderán peso en un Gobierno de Azopardo 802 montado por los grandes gremios. Los une un razonamiento que cruza otros sectores de la central hoy apartados del Consejo Directivo: si un triunvirato integrado por Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña fracasó en dos años de gestión, por qué habría de triunfar uno de ellos al comando solitario de la CGT.

Algunos hitos de ese tránsito errático fueron la postura pendular respecto de la reforma laboral y la omisión del Gobierno de involucrar a la CGT en el debate por la previsional, así como la falta de impacto del paro nacional convocado a fin de año por el avance de esa iniciativa parlamentaria del oficialismo. Antes el trío había sido hostigado en un acto público -que culminó con la sustracción del atril con la insignia de la central- y luego en uno reservado a la militancia. Tampoco la estructura tuvo presencia en las elecciones legislativas del año pasado.

Sin embargo, "gordos" e "independientes" tenían resuelto avanzar hacia una reestructuración basados en el peso de sus organizaciones y envalentonados por la decisión de Moyano, el mes pasado, de bajar a Camioneros de la cúpula directiva. Desde entonces hubo maniobras de seducción hacia los restantes miembros de ese sector para sumarlos al acuerdo de los gremios mayoritarios hasta que la semana pasada el presidente de Independiente dio marcha atrás y resolvió permanecer. Con el nuevo panorama, los impulsores de Daer analizaban pausar la hoja de ruta trazada, tal como reveló la semana pasada este diario. Algunos de sus aliados, como los sindicatos de la energía, abogaban por avanzar de todos modos con el rediseño sin el trío de veteranos.

El Consejo Directivo es la instancia con mayor paridad dado que cada uno de los 37 sindicatos que lo integran tiene un voto y -tras la renuncia de la UOM- las decisiones requieren la mitad más uno. El otro espacio resolutivo es el Comité Central Confederal, que reúne a más de 200 gremios y en el cual las organizaciones concurren con entre uno y tres congresales en función del volumen de afiliados. Se trata de un ámbito más horizontal que suelen aprovechar los sindicatos más pequeños (que no integran el Consejo) para mostrarse en pie de igualdad con los grandes. Mientras que el Congreso es el espacio de mayor poderío para "gordos" e "independientes" porque aportan congresales proporcionalmente a sus afiliados, sin techo, aunque para llegar a esa instancia es condición ineludible atravesar con consenso las dos previas.

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