La estadística fría sirve como indicador: los pretendientes al cargo que dejó vacante Alberto Balestrini superan, con amplitud, la docena. Intendentes, ministros, sindicalistas y legisladores expresan, en público y en privado, su deseo de treparse a la vice.
La mayoría simula un arrebato mayor para quedar, tras la purga natural, en la ruleta del segundo escalón en la fórmula bonaerense. Otros, pocos, saltean esa instancia y se aventuran, como hizo el viernes Baldomero «Cacho» Álvarez, a una campaña por la vice.
El atractivo de esa butaca -que alguna vez se definió como que solo servía para tocar la campanilla del Senado- radica menos en los encantos de ser el número dos que en la hipótesis, generalizada, de que el próximo vice despuntará como el gobernador de 2015.
La construcción pivotea sobre un supuesto: Scioli transita, entre convulsiones y sospechas, hacia una reelección que lo inhabilitará para repetir en la provincia dentro de cinco años. Quien sea su vice tendrá, entonces, una plataforma excepcional para el próximo turno.
Ese fenómeno -un axioma en los análisis bonaerenses- explica, en parte, cierto consenso en el peronismo para que Scioli insista como gobernador. El resto tiene otro origen: es, aquí y ahora, la más eficaz carta electoral que tiene el PJ de la provincia.
A excepción de Sergio Massa, quizá Alicia Kirchner y muy lejos, Amado Boudou, ninguno de los precandidatos a gobernador que, liberados por Kirchner, aparecieron en la grilla provincial, entra en el odioso ranking del nivel de conocimiento e imagen pública.
Por eso, las cinchadas interperonistas se concentran ahora -aunque nada es definitivo- en la carrera por entrar en la fórmula como segundo de Scioli que, conocedor de ese proceso, reparte gestos y saluda, ecuménico, la irrupción de otros candidatos K en la provincia.
«Todos, al final, pelean para ser el vice de Daniel» reza la biblia sciolista. El gobernador, multitarget, regala bendiciones: el viernes estuvo con Álvarez en el acto de Arsenal y el domingo se mostró, en Quilmes, con otro anotado: Francisco «Barba» Gutiérrez.
En paralelo, elogia a Boudou y tiene un vínculo fluido con Florencio Randazzo, dos de los que integran el pelotón de posibles vice: Alicia K y Aníbal Fernández completan, junto con Julián Domínguez, la liga de los ministros nacionales de esta novela.
Un mérito de Balestrini fue potenciar y devolverle entidad a un empleo que no tenía lustre desde los lejanos días de Luis Macaya, vice de Antonio Cafiero. Luego pasaron sin brillo, Rafael Romá con Eduardo Duhalde, Felipe Solá con Carlos Ruckauf y Graciela Giannettasio con Solá.
El caso del diputado ahora anti-K sirve como antecedente sobre las virtudes de ser vice: sucedió a Ruckauf y, desde ahí, construyó su reelección.
Scioli, en la intimidad inaccesible, confiesa predilecciones y enemistades. Massa figura en el podio de los que el gobernador no quiere, si pudiera elegir, como vice. Las ironías sobre cómo sería convivir con el alcalde de Tigre como segundo son despiadadas.
Pero más que los nombres, la disputa es de fracciones. Son varias:


Dejá tu comentario