12 de octubre 2010 - 00:25

Vice de Scioli, usina que origina mil tormentas

Sergio Massa, Baldomero Álvarez, Francisco Gutiérrez, Pablo Bruera
Sergio Massa, Baldomero Álvarez, Francisco Gutiérrez, Pablo Bruera
Parece un pulseo menor, periférico. Pero bajo la horajasca de los desacoples y treguas entre Néstor Kirchner y Daniel Scioli, el universo K bonaerense palpita una batalla propia que opera como usina de múltiples tempestades: la butaca de vicegobernador 2011.

La estadística fría sirve como indicador: los pretendientes al cargo que dejó vacante Alberto Balestrini superan, con amplitud, la docena. Intendentes, ministros, sindicalistas y legisladores expresan, en público y en privado, su deseo de treparse a la vice.

La mayoría simula un arrebato mayor para quedar, tras la purga natural, en la ruleta del segundo escalón en la fórmula bonaerense. Otros, pocos, saltean esa instancia y se aventuran, como hizo el viernes Baldomero «Cacho» Álvarez, a una campaña por la vice.

El atractivo de esa butaca -que alguna vez se definió como que solo servía para tocar la campanilla del Senado- radica menos en los encantos de ser el número dos que en la hipótesis, generalizada, de que el próximo vice despuntará como el gobernador de 2015.

La construcción pivotea sobre un supuesto: Scioli transita, entre convulsiones y sospechas, hacia una reelección que lo inhabilitará para repetir en la provincia dentro de cinco años. Quien sea su vice tendrá, entonces, una plataforma excepcional para el próximo turno.

Ese fenómeno -un axioma en los análisis bonaerenses- explica, en parte, cierto consenso en el peronismo para que Scioli insista como gobernador. El resto tiene otro origen: es, aquí y ahora, la más eficaz carta electoral que tiene el PJ de la provincia.

A excepción de Sergio Massa, quizá Alicia Kirchner y muy lejos, Amado Boudou, ninguno de los precandidatos a gobernador que, liberados por Kirchner, aparecieron en la grilla provincial, entra en el odioso ranking del nivel de conocimiento e imagen pública.

Por eso, las cinchadas interperonistas se concentran ahora -aunque nada es definitivo- en la carrera por entrar en la fórmula como segundo de Scioli que, conocedor de ese proceso, reparte gestos y saluda, ecuménico, la irrupción de otros candidatos K en la provincia.

«Todos, al final, pelean para ser el vice de Daniel» reza la biblia sciolista. El gobernador, multitarget, regala bendiciones: el viernes estuvo con Álvarez en el acto de Arsenal y el domingo se mostró, en Quilmes, con otro anotado: Francisco «Barba» Gutiérrez.

En paralelo, elogia a Boudou y tiene un vínculo fluido con Florencio Randazzo, dos de los que integran el pelotón de posibles vice: Alicia K y Aníbal Fernández completan, junto con Julián Domínguez, la liga de los ministros nacionales de esta novela.

Un mérito de Balestrini fue potenciar y devolverle entidad a un empleo que no tenía lustre desde los lejanos días de Luis Macaya, vice de Antonio Cafiero. Luego pasaron sin brillo, Rafael Romá con Eduardo Duhalde, Felipe Solá con Carlos Ruckauf y Graciela Giannettasio con Solá.

El caso del diputado ahora anti-K sirve como antecedente sobre las virtudes de ser vice: sucedió a Ruckauf y, desde ahí, construyó su reelección.

Scioli, en la intimidad inaccesible, confiesa predilecciones y enemistades. Massa figura en el podio de los que el gobernador no quiere, si pudiera elegir, como vice. Las ironías sobre cómo sería convivir con el alcalde de Tigre como segundo son despiadadas.

Pero más que los nombres, la disputa es de fracciones. Son varias:

  • La corporación intendentes quiere emular el 2007 cuando el matancero completó la fórmula de Scioli. Pero no es un clan uniforme: además de Alvarez, Julio Pereyra se dejó tentar en una cena en la Boca sobre la fantasía del vice. También contrata pintores Mario Ishii que sólo comparte con Massa la territorialidad de la Primera Sección. La corporación conurbano tiene en Horacio González a otro anotado: el jefe de la Cámara de Diputados, que llegó a ese cargo de la mano de la FAM que comandan Pereyra y Alberto Descalzo, hace equilibrio entre disputar la vice, repetir como diputado o bajar al barro municipal como candidato a intendente.

  • En otro círculo -una categoría no conurbánica de alcaldes- entra Pablo Bruera, que integra el «grupo de los Ocho» pero no descartan quizá sólo como amenaza, una alternativa por fuera del PJ oficial. Desde el interior, con pertenencias diferentes pero enlaces entre sí, suenan José Eseverri (Olavarría) -patentó, como autodescripción, la frase: «Soy un peronista que viene de otro partido»-, Cristian Breitenstein (Bahía Blanca) y Gustavo Pulti, vecinalista marplatense que aprovechará el verano, en alianza con el cacique de Pinamar, Blas Altieri, para instalar la idea de un combo municipalista alineado con Scioli que aspira a entrar en el binomio. De la costa llega otro animoso: Juan De Jesús.

  • Otros alcaldes alimentan el bloque de la «gauche» K que intengran peronistas y transversales. Entre ellos figura Gutiérrez, con quien se paseó Scioli el domingo, y aparece como una alternativa Jorge Taiana, que otros sectores del kirchnerismo quieren empujar al ring bonaerense. Sin identificación directa pero cercano a ese colectivo, el ministro de Educación sciolista, Mario Oporto -participó del acto del Encuentro Kirchnerista en el club Atenas de La Plata-, también aparece en la infinita ristra de potenciales. Hay otro ministro de Scioli: Cristina Álvarez Rodríguez, que con Alicia K son las únicas dos damas en la lista de buena fe.


  • El cuarto actor es Hugo Moyano que se vuelve, por momentos, setentista: sueña con un retorno a los 70 para poder colocar a su propio Victorio Calabró, metalúrgico que fue vice del renunciado Oscar Bidegain. El camionero admitió que al «movimiento obrero» le gustaría tener a un hombre de su espacio en la fórmula bonaerense. Interrogado, sugirió dos nombres: Omar Plaini, de Callinitas, y Jorge Mancini, del gremio de trabajadores del CEAMSE.
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