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“Victoria” sorprende en el Festival de Berlín
Sebastian Schipper (segundo desde la izq.) fue aplaudido en Berlín por su policial “Victoria”, original crónica de un robo a través de los ojos de una niña española testigo de los hechos.
El policial alemán "Victoria", de Sebastian Schipper, causó sensación en el público y la crítica por consistir en un largo plano secuencia, que narra en tiempo real las circunstancias que llevan a un robo bancario y sus derivaciones, desde la perspectiva de una chica española en Berlín que mete la nariz donde no debe. El drama "Ixcanul" (Volcán), del guatemalteco Jayro Bustamante, resultó una sorpresa, ya que el apoyo de fondos europeos facilitó el rodaje de una historia basada en hechos reales en una comunidad maya de alta montaña. La película evita tanto el sermoneo político sobre indígenas postergadoscomo el pintoresquismo condescendiente: en un mundo rural y todavía pre-hispánico, las presiones sociales, étnicas y lingüísticas impiden a sus habitantes romper el círculo vicioso que los oprime, simbolizado por la repetición de la secuencia inicial al terminar el film.
Había expectativas ayer por el apareamiento de dos largometrajes en principio muy disímiles: el inclasificable "Knight of Cups" (Caballero de copas) del norteamericano Terrence Malick, y el ensayo documental "El botón de nácar", del veterano chileno Patricio Guzmán. Ambos realizadores tienen una visión poética del cine, y sus historias se estructuran de manera no convencional. Guzmán combina, como en su documental anterior "Nostalgia de la luz", una primera persona narrativa con reflexiones sobre las grandes cuestiones del universo, su orden y belleza, y la época de Pinochet desde un contexto pro-Allende tácito. Agrega la cuestión indígena, propuesta poéticamente a través de su mitología y fotos de archivo. El resultado es un ensayo sui generis, que conecta el agua con la geografía chilena, los indios y los militares. Malick se interesa también por las grandes cuestiones del vivir, y lo hace a través de voces en off, que corresponden al protagonista (Christian Bale) y a los personajes con que se encuentra en paisajes urbanos (Los Angeles y Las Vegas), de desierto y mar vistos, filmados por el mejicano Emanuel Lubezki como si se flotara en un sueño. La película se arma con fragmentos de memorias y recuerdos, hilados con una lógica ajena a las convenciones narrativas clásicas. Guzmán y Malick no cortejan al gran público, pero como sus películas no son costosas de producir, tienen sus seguidores, especialmente en festivales y cines de arte. Ambos usan el lenguaje audiovisual para canalizar impulsos expresivos personales, de naturaleza ensayística.
En la sección Panorama se presentó "El incendio", de Juan Schnitman, graduado hace unos años de la Universidad del Cine. Comedia dramática sobre unapareja que se fisura en las veinticuatro horas anteriores al pago del boleto de un departamento. El incendio resulta una radiografía penosa y violenta de un estado de cosas nacional, como "Historia de los miedos" y "La tercera orilla", los dos largometrajes argentinos vistos en Berlin el año pasado. Forman parte de un cine de autor nacional, que también abarca la obra de Lucrecia Martel y Pablo Trapero, interesado en explorar un contexto actual crispado. En "El incendio" en particular son las prisiones mentales, familiares, profesionales, cuya metáfora visual resultan las rejas, las cajas, los ambientes claustrofóbicos donde se mueve la pareja protagonista. Schitman dirige estupendamente a Pilar Gamboa y Juan Barberini, utilizando los planos secuencia con gran rigor dramático, y proponiendo un final ambiguo y potencialmente explosivo.

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