Viejos aliados intentarán acercar posiciones con fondos de inversión

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Sabe el Gobierno que, más allá de las amabilidades de rigor, el clima en el encuentro del viernes pasado con fondos de inversión no fue el mejor. Y que en las casas presentes en la reunión organizada en el Consulado argentino de Nueva York no se generó el entusiasmo que se esperaba. Las dudas sobre la marcha del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la solvencia del plan económico a largo plazo y, fundamentalmente, sobre la solidez de la coalición gobernante y su capacidad de toma de decisiones desde el 14 de noviembre hacia delante; quedaron plasmadas en las preguntas de los representantes de más de 15 casas de negocios que aceptaron la invitación a escuchar al jefe de Gabinete Juan Manzur, el ministro de Economía Martín Guzmán y el embajador argentino ante los Estados Unidos Jorge Argüello.

Manzur ideó ahora un plan para torcer el destino, y cambiar la visión escéptica de los potenciales inversores (muchos de los cuales tuvieron pérdidas millonarias en dólares al apostar por la Argentina): invitarlos a una especie de road show para presentarles las bondades de volver a confiar en el mercado local. Saben desde el gobierno que hoy parece tarea difícil. Pero también se sabe que hay una máxima en los mercados de capitales que puede volver a ocurrir en el futuro: que se hayan perdido fortunas en un tiempo, no quiere decir que no se pueda ganar en otro.

Para cambiar el clima ante los fondos de inversión, el oficialismo recurrirá a dos viejos amigos que intentarán modificar la imagen. Se contactará a Gramercy y Fintech, presentes en el encuentro de Nueva York y recordados por el kirchnerismo como dos buenos amigos del país en otras épocas difíciles. Ambos hicieron su aporte para acercar posiciones en el canje de deuda privada de agosto del año pasado. Y, antes, tienen una historia importante con el oficialismo, desde los tiempos del segundo llamado a reestructurar la deuda en default 2001, organizado por el Ministerio de Economía que manejaba Amado Boudou en 2010. Tanto Gramercy como Fintech no habían ingresado en el canje original (el lanzado por Roberto Lavagna como ministro de Néstor Kirchner), amagando con sumarse a los litigantes contra el país que en ese momento reclutaban el Fondo Elliott, de Paul Singer, y el EM Dart, de Kenneth Dart.

Sin embargo, hacia comienzos de 2010 se habían reconvertido en los mejores interlocutores que tenía la Argentina en el mercado de bonistas aún en default, y junto al Palacio de Hacienda diseñaron la oferta de reapertura de deuda que llevó la aceptación final al 93%. Luego, el 7% restante avanzaría en el “juicio del siglo” contra el país, litigio que la Argentina perdería contra los fondos buitre liderados por Singer. En esa causa, tanto Gramercy como Fintech mantuvieron su rol de aliados del Gobierno de Cristina de Kirchner en contra de Singer y el resto de los demandantes, al punto de presentarse como “amigos de la Argentina”, declarando públicamente ante el juez Thomas Griesa a favor de la posición local y en contra del reclamo de los fondos buitre.

La alianza con el último gobierno kirchnerista fue tan sólida que llegó hasta una presentación conjunta en diciembre de 2012 ante la Corte Suprema de los Estados Unidos bajo el grupo “non party apellants” (integrado también por la reserva Federal y el Gobierno norteamericano), para que la posición de la Argentina sea escuchada en aquellos tramos finales del juicio contra los fondos buitre. Finalmente, la historia es conocida. El máximo tribunal norteamericano falló en contra del país, se perdió la causa y recién en abril de 2016, con el gobierno de Mauricio Macri en sus comienzos, se pudo llegar a un acuerdo con aquellos beligerantes acreedores, previo pago de unos u$s 9.000 millones.

La buena relación entre Gramercy y Fintech con el actual oficialismo continuó sólida con los años. Gramercy tuvo participación en las operaciones de compras de los juicios que empresas multinacionales, especialmente de origen norteamericano, mantenían contra la Argentina ante el CIADI, a precios más que bajos. En octubre de 2013 se cerró un acuerdo con el país por el cual el Ejecutivo se comprometió a cerrar varias de estas causas ante el tribunal internacional, liquidando los procesos abiertos por los casos de Vivendi Universal (Aguas de Aconquija) y Azurix (Agua Potable de la Provincia de Buenos Aires). Por su parte, Fintech, del magnate mexicano David Martínez, mantiene una sólida relación con varios de los principales referentes del kirchnerismo, y se convirtió desde la llegada de Alberto Fernández al poder en uno de los voceros directos e indirectos del mundo financiero internacional (y nacional) con el Gobierno. Su principal activo en el país es ser uno de los socios de Telecom (junto con Clarín y el Estado argentino a través del FGS de la ANSES).

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