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Viejos conflictos y renovados recelos en el Pacífico Sur
Arrastradas desde el siglo XIX, se agudizaron en 2009 cuando Lima llevó ante la Corte de Justicia Internacional (CJI) de La Haya su litigio con Chile sobre la delimitación en el paralelo 18.21.00 (al norte de Arica). Pero el martes 19, Perú volvió a meter el dedo en la llaga, cuando le amplió a Bolivia una zona marítima en el puerto sureño de Ilo. Este enclave es una iniciativa (un leasing por 99 años llamado Boliviamar) que data de 1992, ahora reflotada por el presidente Alan García.
En Chile miran este gesto del saliente García con desconfianza (demagogia política de exportación, además de presión sobre el Gobierno de Sebastián Piñera, dicen, en momentos en que el peruano no consigue revertir su bajo índice de aprobación), ya que un acceso al mar para Bolivia es un tema pendiente entre la Paz y Santiago. No obstante, lo de Ilo causó agitación en Santiago, donde la derecha chilena, en boca del senador Pablo Longueira, de la UDI, propuso un referendo en 2011 para darle a Bolivia una salida soberana al mar.
El tema no deja de ser enrevesado, ya que el territorio que eventualmente entregaría Chile a Bolivia sería parte del que perteneció a Perú, anexado, junto con 158.000 km² de litoral boliviano y tras el triunfo sobre la coalición peruano-boliviana en la Guerra del Pacífico (1879-1883). Esa entrega dejaría a Perú sin frontera con Chile -una de las tantas objeciones peruanas-, y con Bolivia, con salida al mar pero como «Estado tapón». Por su parte, Santiago debería contar con la aprobación de Lima: fue lo que suscribieron junto con La Paz en un tratado de 1929. Por eso, en la jerga diplomática se acuñó que, para que se abra la puerta boliviana al Pacífico, «Chile tiene la cerradura, pero Perú tiene la llave».
No sería la primera vez que Santiago y La Paz (desde 1962 sin relaciones diplomáticas) se acercan a una solución para la mediterraneidad boliviana. Hubo un paréntesis de cordialidad entre 1975 y 1978, durante las dictaduras de Augusto Pinochet y Hugo Bánzer, cuando después de lo que se llamó «la cumbre de Charañana», Chile le ofreció a Bolivia una salida marítima por Arica. En ese canje, La Paz debía dar tierras fértiles en la frontera con Chile. Pero la objeción vino de Lima, que reclamó que la ex peruana Arica fuera un puerto trinacional, a lo que Santiago se negó.
«Perú jamás será un obstáculo en el diálogo bilateral entre Bolivia y Chile», dijo Alan García, apenas el Gobierno de Piñera hubo dado un guiño al reinicio de las conversaciones sobre el reclamo boliviano (a diferencia de su antecesora Michelle Bachelet, que reanudó diálogo con Morales en 2006, Piñera hasta ahora descarta otorgar soberanía sobre ese territorio a entregar).
«No importa la fórmula, si es con o sin soberanía», dijo desde Santiago a Ámbito Financiero el socialista Marcelo Díaz, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, quien cree que «no se puede seguir sin relaciones diplomáticas con Bolivia ni sin que este difícil tema sea aprobado por la opinión pública chilena». Por eso está a favor de ir a un plebiscito sobre el tema en 2011.
En cuanto a Perú, Díaz tiene sus resquemores: «Este guión de Alan García de acercarse a Bolivia ya lo conocemos, porque es el juego de siempre». «Sería positivo que alguna vez Perú tuviese realmente disposición e interés para aprobar una fórmula que ceda ex territorio peruano a Bolivia», añadió.
¿Cómo talla Bolivia en estas idas y vueltas? «No es un jugador activo, pero aprovecha discretamente esto que tiene el sello propio de Alan García, que busca inyectar `nacionalismo`a su fin de Gobierno», confiesa a este diario, desde Santiago, una alta fuente diplomática. De todas maneras, asegura esa fuente, la negociación con Bolivia «recién será encarada una vez que tengamos el fallo de La Haya», en referencia a la presentación que el Gobierno de García hizo ante La Haya en marzo de 2009. El reclamo es sobre 39.700 km² de mar, que hoy están bajo dominio de Chile y que, según Lima, obligarían a revisar los acuerdos que Quito, Lima y Santiago firmaron en 1952 y 1954 para delimitar sus fronteras en el mar. Pero mientras que Lima aduce que esos acuerdos son pactos para regular la pesca y el comercio, Santiago y Quito los consideran tratados de límites ya zanjados.
El fallo de La Haya llegaría para después de 2012. Mientras tanto, ante la demanda peruana, Chile presentó su «contramemoria», y en noviembre Lima entregará su «réplica», que será contestada en julio 2011 por una «dúplica» desde Santiago.
En medio de ese duelo de papeles, también a Ecuador le toca mover su alfil: la CJI pidió al Gobierno de Rafael Correa que se pronuncie sobre si los acuerdos firmados en los años 50 se refieren a límites o a convenios pesqueros. En otras palabras, así como Perú tiene la llave para la salida oceánica de Bolivia con Chile, así también, para el litigio entre Chile y Perú por la frontera marítima, el pronunciamiento de Ecuador podría inclinar la balanza de la justicia en La Haya.
«Ecuador tiene simpatía por la posición chilena pero tiene que preservarse como vecino con Perú», señalaron a este diario desde Santiago.
Lo que está claro en este embrollo limítrofe a lo largo del Pacífico sur es que fue reactivado por una necesidad de la política interna: debido al rechazo de los peruanos al acuerdo de Libre Comercio entre Chile y Perú en 2008, un Alan García acusado de vendepatria y con alto índice de desaprobación, buscó revertir su imagen interna con el reclamo de Lima ante la CJI. Esto, a su vez, reavivó la llama del reclamo boliviano. Los conocedores dicen que, más allá del fallo de La Haya sobre el litigio peruano-chileno, y los artilugios -falsos o sinceros- de Perú, Chile es el que controla el destino marítimo de Bolivia. Y no por reivindicación o compensación histórica sino por necesidad energética de Chile (que es siempre una necesidad política): está en estudio un proyecto para llevar el gas de Tarija hasta el puerto de Patache, 70 km al sur de Iquique. «Energía por mar»: así lo sintetizó Fulvio Rossi, senador socialista de Chile.


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