Las ideas se están poniendo claro sobre oscuro con las declaraciones del representante de la multinacional italiana Fiat, Cristiano Rattazzi. Esto es muy bueno porque tenemos la oportunidad de despojarnos de las críticas vanas y hablar del país en el cual queremos vivir nosotros y dejar a nuestros hijos.
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Rattazzi dijo que «vivir de lo nuestro sólo trae pobreza», entonces nos queda vivir de lo ajeno, lo que equivale a endeudarnos, porque robar estaría muy mal. Uno de los vicepresidentes de la Unión industrial Argentina condena a este país a no hacer cosas tan básicas -como él mismo las llama- como tuercas y bulones.
Henry Ford inventó la línea de montaje, pero además pensó que si aumentaba los salarios de sus obreros, ellos podrían comprar sus autos. Convirtió a los trabajadores en consumidores. Deberíamos pensar, entonces, bajo este criterio de Ford, los dueños y empleados de las fábricas de tuercas y bulones podrían acceder a comprar un auto, ayudados por los planes del Gobierno para proteger ese sector. La industria, además de producir bienes, produce consumidores. Las importaciones son necesarias y beneficiosas si complementan a la industria nacional. Pero si la sustituyen, son destructivas.
Los industriales pymes tenemos una gran habilidad para resolver problemas que se nos presentan permanentemente, en especial algunos tan básicos como un tornillo. Una gran multinacional debiera tener muchos más recursos para resolver problemas en lugar de proponer la salida fácil de entregar los puestos de trabajo de otros sectores.
La industria automotriz, pese a las consideraciones del Estado, aún está en deuda si la comparamos con la de 1973. En aquel año éramos 23 millones de personas, y producíamos alrededor de 300 mil autos, con un 85% de componente nacional, es decir, 255 mil autos completamente argentinos. Hoy, siendo 40 millones, producimos 550 mil unidades, con un 40% de componente argentino, incluida la mano de obra, es decir, 220 mil unidades. En resumen, en el 73 se producía un auto argentino cada 76 ciudadanos y ahora 1 cada 181.
Vivir de lo nuestro (Aldo Ferrer) significa que el trabajo genera riqueza y no la riqueza trabajo (Débora Giorgi). Es generar cadenas de valor, integrarlas lo más posibles con productos nacionales para generar puestos de trabajo aquí, lo cual crea bienestar y retroalimenta la producción industrial. En esta crisis mundial, el país que no se cuide es el que aportará los desempleados. Vivir de lo nuestro o vivir de lo ajeno. Éste es el debate.
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