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Von Bingen: de sabia medieval a fenómeno de los CD clásicos
El año Von Bingen: explosión de sus CD, declaración de «Doctora de la Iglesia» por parte del Vaticano, y personaje de un film de Margarete Von Trotta.
Escribió la totalidad de su obra musical para las necesidades litúrgicas de su propia comunidad y para la didáctica teológica en el caso del Ordo Virtutum. Compuso setenta y ocho obras musicales, agrupadas en «Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestes»; 43 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías, 1 aleluya, 1 kyrie, 1 pieza libre y 1 oratorio, además del auto sacramental musicalizado llamado «Ordo Virtutum» («Orden de las virtudes», en latín). «El Señor la dotó de espíritu profético y de intensa capacidad para discernir los signos de los tiempos. Hildegarda alimentaba un gran amor por la creación, cultivó la medicina, la poesía y la música. Sobre todo conservó siempre un amor grande y fiel por Cristo y su Iglesia», afirmó el Papa.
Hildegard nació en 1098 en la localidad alemana Bermersheim, en el seno de una familia perteneciente a la nobleza local, que consideró la joven debía ser dedicarse al servicio de Dios, como «diezmo». La benedictina desplegó, no obstante, una intensa actividad: fue compositora, poeta, naturalista, fundadora de conventos, teóloga, predicadora, taumaturga y exorcista; desveló los secretos de la Creación y la Redención y la mutua relación entre todas las obras creadas. Ofreció también guías de conducta para alcanzar la vida eterna y se ocupó del funcionamiento del cuerpo humano, sus enfermedades y remedios.
En 1106, a los ocho años de edad, entró como alumna de la escuela del convento de frailes de Disibodenberg. Desde los seis años comenzó a tener visiones, consideradas por el arzobispo de Maguncia de «inspiración divina», y, tras recibir la aprobación de San Bernardo de Claraval, decidió plasmarlas en 1141 en su obra «Scivias» (Conoce los caminos).
El libro, compuesto por 26 visiones descritas y explicadas minuciosamente, fue leído por el papa Eugenio III, instándole a continuar la obra y autorizando la publicación de las mismas. Tras aumentar su fama con sus visiones, su comunidad aumentó, por lo que Hildegarda decidió fundar un convento en Rupersberg, que se convirtió en el primer monasterio de monjas autónomo, pues hasta entonces siempre habían dependido de otros varones.
Posteriormente, entre 1158 y 1163 escribió el «Libro de los Méritos de la Vida», una guía sobre cómo adquirir merecimientos, a fin de evitar o reducir, por medio de la penitencia cualquier posible castigo futuro.
La música y la medicina también representaron dos temas fundamentales a la largo de su obra, que adquieren su máxima representación en «Sinfonía de la Armonía de Revelaciones Divinas» y «Libro sobre las propiedades naturales de las cosas creadas», respectivamente. Fue su experiencia directa del dolor y las enfermedades lo que la impulsó a preparar el libro de medicina práctica, de modo que también sus compañeras pudieran curar con hierbas a los enfermos que se presentaban en el convento.
Hildegard trazó recetas magistrales a base de ajo, ajenjo, albahaca, caléndula, castaño, comino, hinojo, menta y decenas de otras hierbas menos conocidas, que fueron redescubiertas siglos más tarde.


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