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Vota México con el reto de pasar de la solidez al progreso
El priísta Enrique Peña Nieto, un candidato de televisión y mercadotecnia según sus detractores, cerró el miércoles su campaña en Toluca. Es el gran favorito para los comicios presidenciales del domingo en México.
En un país que es la segunda economía de América Latina, todos los candidatos presidenciales han prometido esfuerzos para reducir la pobreza que entre 2008 y 2010 creció de 44,5% a 46,2% de los 112 millones de habitantes, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.
En términos concretos, ahora hay casi 15 millones de pobres más que en 2000, cuando salió del poder el Partido Revolucionario Institucional (PRI), asegura José Luis de la Cruz, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey.
El pobre desempeño económico es, después de la inseguridad, la segunda preocupación de los mexicanos según una encuesta de la consultora Mitofsky.
El PRI apunta a regresar al poder con su candidato Enrique Peña Nieto, quien las últimas semanas dedicó sus anuncios de televisión y discursos a prometer mejoras en los ingresos de los ciudadanos, cuyo salario mínimo está por debajo de los 150 dólares al mes.
Peña Nieto también propuso levantar el veto de su partido a las reformas laboral y tributaria y permitir participación privada en la estatizada industria petrolera.
Al candidato del PRI le siguen en las encuestas el izquierdista Andrés Manuel López Obrador y la exministra del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), Josefina Vázquez Mota.
López Obrador, que en su primera candidatura presidencial en 2006 provocó alarma entre empresarios que lo comparaban con el presidente venezolano Hugo Chávez, se muestra ahora conciliador y promete que no hará expropiaciones.
El candidato de la izquierda enfatiza en la necesidad de inversión estatal contra la pobreza, convertida en caldo de cultivo para los carteles de droga. Para ello propone mejorar la recaudación fiscal, reduciendo exenciones y evasión.
México tiene el más pobre desempeño tributario de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con un equivalente al 21% del PBI, comparado con el 33,5% en Brasil o el 30,7% en la Argentina.
López Obrador estima que sin aumentar las tarifas se pueden recaudar 200.000 millones de pesos adicionales (unos 15.000 millones de dólares), para destinar a educación y generar empleo.
Un estudio universitario estima en más de siete millones los jóvenes que no estudian ni trabajan. El desempleo (4,9% en los dos últimos trimestres) afecta a 2,4 millones de personas. Muchos optan por la economía informal o el crimen.
«Antes los excluidos emigraban a Estados Unidos; el año pasado sólo emigraron 100.000 personas cuando el promedio anual era medio millón, así que es lógico pensar que muchos de los 400.000 que se quedaron en el país están delinquiendo», dijo Arturo Huerta, director del posgrado de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Por su parte, el Gobierno y la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, una economista de 51 años, defienden la estabilidad macroeconómica que permitió a México sortear la crisis internacional con menor costo al pagado en las crisis de 1982 y 1994, bajo gobiernos del PRI, que provocaron fuertes devaluaciones e inflación.
«En efecto, las políticas macroeconómicas de México, la monetaria y fiscal, se manejaron bastante bien en el contexto de la crisis de 2008-2009», señaló Raúl Feliz, investigador del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas. Esa crisis provocó en 2009 un desplome del PBI del 6,5%, el mayor en 79 años, pero al año siguiente la economía creció un 5,5%. En 2011, el banco central reportó un 3,9% y este año espera el 3,5%.
Es insuficiente, advierte Feliz. «Mientras la economía crezca al ritmo que ha hecho en los últimos años, no se podrán generar suficientes empleos, y la pobreza no caerá de forma sostenible», añadió.
Agencia AFP


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