28 de octubre 2010 - 01:14

Vuelta al pago: fue a comprar una casa y quería ser gobernador

El último fin de semana en Santa Cruz había dado señales de su intención de regresar a la política local

Néstor Kirchner junto a la Presidente en Río Gallegos, el fin de semana pasado. Es la última foto que se le tomó al ex mandatario en su tierra natal.
Néstor Kirchner junto a la Presidente en Río Gallegos, el fin de semana pasado. Es la última foto que se le tomó al ex mandatario en su tierra natal.
Como en los viejos tiempos, Néstor Kirchner recorrió el sábado junto a Cristina las calles de Río Gallegos, costumbre que había abandonado en 2007 al ritmo de las inclemencias del lamentable episodio Varizat. Pero su quebrantada salud terminó por truncar cinco días después una potencial vuelta al pago en 2011, y ese paseo se transformó en una despedida de los ciudadanos que lo ungieron intendente, tres veces gobernador y luego presidente.

El matrimonio accedió por esas horas a tomarse algunas fotos con vecinos de la capital santacruceña, y Néstor hasta volvió a saborear el café en su antigua mesa del Hotel Santa Cruz.

No sin disgusto, intentaba experimentar las sensaciones que en su cuerpo generaría un forzado plan B que en su entorno se barajaba cada vez con mayor insistencia, a partir de los datos preocupantes que arrojaba su tambaleante sistema cardiovascular: el de una eventual postulación por el Frente para la Victoria santacruceño para pelear la gobernación de su provincia.

No sorprendió que entre los objetivos de Kirchner, en su paso por esa ciudad el pasado viernes, figurara el de comprar una propiedad para volver a instalarse en la plaza que lideró, como jefe comunal, en 1987.

El propio Kirchner había admitido en contactos políticos con referentes oficialistas locales que no descartaba esa variante para pelear la sucesión del justicialista Daniel Peralta, un retroceso sólo posible por el dictado imperioso del cuerpo. Esa postal lo hubiera obligado a reflotar la incomodidad de enfrentar en las urnas a otro empresario, el radical Eduardo Costa, como en 2009 con el finalmente victorioso Francisco de Narváez en la arena de Buenos Aires.

Ese año, el FpV santacruceño había sido castigado también con una estruendosa derrota de poco más de un punto en esos comicios legislativos nacionales, a manos del Frente Cívico que impuso a Costa.

Dos años antes, el oficialismo logró retener el poder provincial en la cuna natal del ex presidente con la reelección de Peralta, aunque tuvo que soportar un nuevo triunfo radical en Río Gallegos, de la mano de la continuidad de Héctor Roquel. En medio de una lluvia de especulaciones, la senda del regreso de Kirchner había quedado abierta en el acto K del pasado 8 de octubre en el Boxing Club de Río Gallegos, cuando aprovechó la masiva embestida contra la Corte Suprema de la Nación por el caso del ex procurador Eduardo Sosa para anunciar su intención de volver a trasladar su domicilio a Santa Cruz, abandonando así el de color bonaerense en la residencia de Olivos, desde 2009, que lo catapultó a la Cámara de Diputados nacional.

«Aquí nacieron mis sueños y aquí vuelvo con todos ustedes; me van a tener trabajando en la provincia y en la ciudad de Río Gallegos como siempre, como un militante para construir la gran victoria de 2011», arengó ante la militancia K y de un ramillete de casi veinte gobernadores.

Golpeado por el crimen del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra en el barrio porteño de Barracas, Kirchner esquivó en su última visita a la capital provincial la reunión de celebración de los 28 años de la fundación de la unidad básica Los Muchachos Peronistas, que sí alistó a figuras como Guillermo Moreno y Juan Carlos Dante Gullo.

En 2009, la pareja presidencial había vendido la casona de la calle 25 de Mayo de Río Gallegos para trasladar su residencia a la turística villa de El Calafate. Estaban por esos tiempos ávidos de alejarse de los malos aires -incluso, con escraches- que soplaban en la capital provincial luego de que el ex funcionario kirchnerista Daniel Varizat atropelló en 2007 con su camioneta a una veintena de docentes. Justo cuando ambos -él, como presidente- encabezaban un acto en el mismo Boxing Club, con el que pretendían volver a enamorar a los santacruceños luego de la crisis política desatada tras la renuncia en 2006 del justicialista Sergio Acevedo en la turbulenta historia del distrito patagónico.

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