16 de marzo 2015 - 00:00

Wall St., optimista, mira cómo mueve la dama

Janet Yellen
Janet Yellen
La agenda está cargada. Wall Street se impacienta porque sabe que la Fed perderá la paciencia en su comunicado del próximo miércoles cuando concluya una crítica reunión. Los halcones revolotean en todas partes -Loretta Mester, Richard Fisher y James Bullard blandieron la conveniencia de apurar el regreso a la normalidad- y las palomas guardan silencio de radio. La primera suba de tasas sería en junio, según la opinión de 29 economistas sondeados por el Wall Street Journal (de un total de 63). Septiembre, favorito antes de conocerse el último informe de empleo, cosecha 23 adhesiones (y habría que sumarle la nuestra). La opción de julio, el jamón de este curioso sándwich de predicciones, apenas reúne cuatro votos. Nadie duda, empero, que la Fed enterrará la política de tasas cero antes que termine 2015.

Impaciencia, sí. Pánico, no. El índice VIX de volatilidad de las acciones flotó toda la semana entre 15 y 17, muy lejos de la zona roja de peligro inminente. Entre los inversores minoristas el sentimiento alcista se redujo a la mitad. No obstante, el 31% que apuesta a favor de cotizaciones más altas a seis meses vista se alinea con la media histórica. La gran preocupación -el viernes- no fue la Fed, sino el vértigo cambiario. La fortaleza del dólar castigó duro los precios de "blue chips" como IBM, Intel o Coca-Cola, los que por su presencia internacional no podrán evitar que los balances -expresados en dólares- sufran una poda en la contribución de las utilidades del exterior.

La agenda no se agota allí. La puja por el "techo" de la deuda pública vuelve a la palestra, tras el final de una tregua de un año. Por fortuna, el Tesoro tiene caja suficiente como para patear una definición traumática hasta octubre o noviembre. Más urgente, en cambio, es la búsqueda de un piso para el barril de petróleo. La estabilidad de los precios se quebró con el crudo WTI cayendo otra vez por debajo de los 50 dólares: cerró en 44,84. La producción de EE.UU. crece y crece pese a que los planes de inversión en shale cayeron un 40% y el número de equipos activos, a casi la mitad. Para peor, en un mercado que opera en fortísimo contango (es decir, que paga mucho más a futuro que el magro precio contado) surgen dudas sobre la capacidad disponible de almacenamiento. Se teme pues que el WTI horade el umbral de los 40 dólares y siembre así otro canal de zozobra.

La Fed, el dólar fuerte y el petróleo débil conforman la tríada compacta de nubarrones que oscurece los ánimos en Wall Street. No son, por cierto, problemas independientes. Y la superabundancia de crudo tampoco es un problema (más allá del riesgo crediticio que suponen los saltos bruscos de las cotizaciones). La política monetaria está en el corazón de esa trama compleja. La Fed endurecerá su lenguaje, pero actuará en consecuencia recién en junio o septiembre. Son los bancos centrales de Europa, Japón y China los que empujan a trasmano. La caída en picada del euro -con un yen estable- mostró el impacto del QE3 soberano que impuso el BCE. Y si se hurga el detalle se advierte también la sobrerreacción del euro. El diferencial de tasas de interés con EE.UU. justifica una cotización mucho más cercana al 1,20 que al 1,05 actual. Manda la inercia con la convicción ciega de que el 1 a 1 -la paridad- es un imán irrefrenable.

En ese cuadro, la Fed de Janet Yellen puede jugar una carambola a tres bandas. Con dos shocks exacerbados en curso, en monedas y petróleo, ambos con potencial de provocar riesgo crediticio, no hay necesidad de agitar las aguas. Después de todo, el dólar fuerte es un sustituto de la suba de tasas de interés y ha matado ya muchas exuberancias (basta ver los futuros de Chicago), y puede dañar áreas sensibles (según revelan los sondeos sobre planes de inversión de las corporaciones). ¿Querrá Yellen aumentar la dosis del endurecimiento, y azuzar las tendencias en boga en monedas y energía? Apostar a todo lo contrario no parece descabellado, y con un mercado preparado para lo peor, hasta promete ser muy provechoso.

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