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Wall Street no se rinde, pero toma un respiro
Algunos aconsejan hacer ganancias. Sin embargo, el mercado parece no aflojar. La exuberancia puede ir hacia otros activos rezagados.
Julio puede dividirse en dos mitades: el frenesí de la primera quincena, y la meseta posterior. La pendiente alcista post "brexit" se aplanó. Enhorabuena. La Bolsa debía corregir y moderarse, y la decantación ya empezó. Eso sí, no corrige por caída de precios. No retrocede. Lateraliza. Descrema la efervescencia con el paso del tiempo. Operó en las últimas once ruedas en un rango de variación de poco más del 0,5% ubicado bien alto, un escalón por encima del viejo techo de las cotizaciones. Quien sufra de vértigo puede irse y llevar a casa la ganancia plena del rally. La tentación es grande. "Vendan todo, acá nada luce bien", dice el nuevo rey de los bonos, Jeff Gundlach, que hace tiempo revoleó las acciones que tenía. Pero el mercado no afloja. La posición de los hedge funds en los futuros del S&P 500 aumentó el 11% esta semana, y la Asociación de Administradores de Cartera informa que el portafolio promedio de sus miembros está ya 101% invertido en acciones. Por supuesto, pueden apalancarse aún más, y acrecentar su exposición pero tamaño entusiasmo debiera ser motivo de inquietud y no de algarabía.
¿Exuberancia? Seguro. Es cierto que los balances mejoraron pero no al punto que sean buenos (después de cinco trimestres negativos, lograron estabilizar la tasa de crecimiento de los ingresos corporativos). Es verdad que la economía repuntó, pero es arduo determinar cuánto, y ni el más optimista vaticina una senda alejada de la mediocridad. El estado de ánimo efusivo, ¿resistirá las inclemencias del tiempo? A su favor puede decirse que, esta semana, se lo puso a prueba. Fue un desfile de balances, reuniones de bancos centrales, exámenes de estrés, y remató con dos sorpresas: Donald Trump liderando las encuestas y un número "flojo" del PBI. La Fed deslizó la idea de que tal vez haya una suba de tasas en septiembre. El Banco de Japón se negó a estrenar el helicóptero monetario. Los exámenes bancarios en Europa detectaron poco estrés (un dictamen sino acertado, conveniente), pero el banco italiano Monti dei Paschi di Siena deberá capitalizarse con una inyección rápida de 5 mil millones de euros. El PBI del segundo trimestre en los Estados Unidos decepcionó con un crecimiento de sólo el 1,2% (dos semanas atrás se pronosticaba el doble) y una caída de la inversión del 9,3%. Bien mirado no es tan grave. La economía digirió inventarios por más de un punto del PBI. Las ventas finales aumentaron el 2,4% (y también subieron las ganancias empresarias). Como siempre, no hay mal que por bien no venga. En esas condiciones la Fed puede hablar pero no tocar la tasa. Y el dólar fuerte se desinfla en silencio.
La exuberancia no necesita resarcirse ya ni empujar al S&P 500 de manera urgente. Puede canalizarse hacia otros activos y sectores rezagados o con valuaciones moderadas. Mientras las manos se depuran, los bulls pueden comandar una fase de rotación y arbitrajes hasta que se concrete lo que esperan, la próxima aparición de otro frente compacto de buenas noticias.


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