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¿Y dónde está Nuestra Señora de Copacabana?
Tiempo atrás el canal municipal Ciudad Abierta fue muy generoso con los avanzados del llamado Nuevo Cine Argentino. Por ejemplo, alguien presentó un plano de un minuto de un perro ladrando todo el tiempo, y esa pavada se difundió varias veces con título, nombre de autor, y elogios. No fue el único antojo emitido en aquel entonces. Pero siempre hay un límite. Un día sus directivos contrataron a Martín Rejtman para hacer un documental sobre las fiestas patronales de Nuestra Señora de Copacabana, esas jornadas tan coloridas y multitudinarias de la comunidad boliviana de Buenos Aires, el resultado no cumplió las pautas esperadas, y no se emitió.
Con el tiempo el autor mostró su obra en el Bafici, recibiendo los consabidos elogios de sus favorecedores, y ahora la presenta los sábados en Fundación Proa. De las fiestas propiamente dichas, hay un par de minutos, poco representativos. Lo demás son planos de chicos practicando un paso de comparsa, travellings de los stands callejeros a medio desarmar, tomados desde un vehículo en marcha bastante rápida, el registro de una señora, de lejos, hablando generalidades en un locutorio, y una breve pasada por Villazón, definitivamente lejos de la Basílica de Copacabana, junto al lago Titicaca, donde está emplazada la Virgen. Algo así como si desde el otro lado registraran las calles de La Quiaca para un documental sobre las fiestas mendocinas de la Virgen de la Carrodilla, o anunciaran Luján y sólo mostraran, cuanto mucho, la calle plaza llena de envases vacíos al otro día.
Todo eso, sin una sola toma que permita apreciar a pleno el atractivo de procesiones, comparsas, trajes, bailes, rezos, comidas, conjuntos y paseantes, ni el menor comentario que nos desasne, salvo una partecita donde alguien muestra a cámara un álbum de fotos de su tierra. Nunca sabremos quién es esa persona, porque la cámara, como una visita indiferente y apurada, sólo atiende el paso de las hojas del álbum. Suerte que los bolivianos son pacientes y soportan cualquier cosa. Si al autor lo hubieran contratado para grabar una fiesta de la colectividad china y presentaba esto, otras serían las consecuencias.
P.S.


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