22 de octubre 2010 - 00:00

¿Y si la furia cruza el canal?

Londres - Con la mirada puesta en lo que está ocurriendo al otro lado del Canal de la Mancha, los sindicatos de Reino Unido han abogado por combatir el programa de austeridad que prevé grandes recortes presupuestarios presentado por la coalición de Gobierno de liberales y conservadores.

«Necesitamos una acción combinada y coordinada para esquivar los recortes y deberíamos mirar al otro lado del canal, al tipo de resistencia que está siendo movilizada por los sindicatos franceses, que goza de un apoyo público abrumador», dijo Bob Crow, líder del sindicato de transportes RMT.

Los recortes en el gasto público de 81.000 millones de libras (128.500 millones de dólares) entre 2011 y 2015 son interpretados por los sindicatos y por algunos sectores de los medios de comunicación como un «asalto brutal» al Estado de bienestar y convertirá a Reino Unido en un «país más gris y más dividido».

Con la disposición de aplicar la tijera sobre todo en el Estado de bienestar, donde el conservador canciller del Tesoro, George Osborne, espera ahorrar 18.000 millones de libras en un período de cuatro años, el lenguaje de la lucha de clases vuelve a escena.

«Esta es una lucha de clases en toda regla, con las raíces bien plantadas en los parques infantiles de Eton», dijo Crow en referencia al exclusivo y elitista colegio británico, donde estudió el primer ministro David Cameron.

Osborne, sin embargo, respaldado por los liberales en el Gobierno de coalición, explica que los ajustes son «duros pero justos» y agrega que será la clase media la que al final se verá más afectada.

En el ejercicio fiscal 2009-2010, el déficit británico alcanzó la cifra récord de 155.000 millones de libras, es decir un 11 del Producto Bruto Interno, algo que la coalición de Gobierno considera insostenible.

Aunque todavía está por ver si Reino Unido se sumará al malestar social a gran escala que se está viendo en el continente, lo que sí queda claro es que el paquete de austeridad constituye tanto una prueba para medir el poder de los sindicatos como un test de superviviencia de la coalición.

Y en lo que respecta a la receta de Osborne, existe una opinión unánime entre los comentaristas que el canciller está haciendo la apuesta de su vida al cortar radicalmente el gasto en medio de la persistente incertidumbre por la recuperación económica tanto en el Reino Unido como en todo el mundo.

«Osborne se embarca en la consolidación fiscal más agresiva de Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial, un experimento que intriga a políticos y economistas en todo el mundo», apunta el diario Financial Times.

«Si todo va según el plan, gran parte del déficit británico se eliminará, pero es un gran condicional», comentó The Guardian.

«Esto es grande económicamente, grande socialmente y grande políticamente y el Gobierno está haciendo una gran apuesta en los tres ámbitos», agregó el diario en su editorial.

Son muchas las advertencias de que la estrategia de Osborne podría quedar paralizada si la esperada recuperación económica no llega a materializarse.

Es un recorte «sin plan B». El Gobierno lo apuesta todo a una carta, apuntó ayer el comentarista del «Financial Times» Philip Stephens.

Agencia DPA

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