3 de junio 2013 - 00:00

Yes estuvo a la altura de su glorioso pasado

Steve  Howe, quien parece haber querido acentuar el look cadavérico, demostró en el recital de Yes en el Luna Park que está en la mejor forma como instrumentista.
Steve Howe, quien parece haber querido acentuar el look cadavérico, demostró en el recital de Yes en el Luna Park que está en la mejor forma como instrumentista.
Yes. C. Squire, S. Howe, A. White (batería), G. Downes, J. Davidson (Luna Park, 30/5).



El concepto de tocar en vivo tres discos clásicos consecutivos sirvió para que Yes mostrara uno de sus mejores conciertos en décadas. Y no sólo por el hecho de que la elección de los álbumes en cuestión ("Close to the Edge", "Going for the One" y "The Yes album") signifique ir a lo seguro ofreciendo un show donde no hay un solo tema flojo y cada canción es una pequeña o gran obra maestra en su estilo, sino también porque una puesta con gran énfasis en los elementos visuales: tres pantallas gigantes mostraban alucinantes diseños psicodélicos, sin olvidar los dibujos del diseñador ligado al grupo, Roger Dean, en sincro con la música. Inclusive cuando las pantallas tomaban a los músicos, ellos aparecían detrás de estas texturas cambiantes donde también se informaba qué track de cada álbum estaban interpretando, evitando que Squire tuviera que dejar de tocar para las presentaciones del caso.

Evidentemente los fans argentinos de Yes -que ya vieron a la banda varias veces en distintas encarnaciones a través de los años- saben que escuchar estos tres discos en vivo era algo único, y un Luna Park a pleno -en la platea habría una butaca libre a duras penas- esperó el inicio del concierto con gran expectativa. Luego de un prologo con Stravinsky y un clip con imágenes de la historia de la banda apareció la portada verde de "Close to the Edge" y empezó a sonar el tema de 18 minutos que ocupaba una cara entera del LP original.

Ese largo track del más puro rock cósmico demostró que los miembros históricos de Yes (es decir Chris Squire, el guitarrista Steve Howe y el baterista Alan White) aun luciendo como espectros recién salidos de la cripta (especialmente Howe, que parece haber querido acentuar el look cadavérico) están en la mejor forma como instrumentistas, mientras que el tecladista Geoff Downes y el nuevo cantante Jon Davidson sólo se preocuparon por hacer su parte con solidez, pero sin intentar un protagonismo absurdo y hasta irrespetuoso (que era un poco lo que pasaba con el cantante anterior, vocalmente correcto pero escénicamente insoportable).

Justamente Davidson exhibió una capacidad vocal similar a la del enemistado fundador de Yes, Jon Anderson -si no, imposible cantar esos temas- pero dándole un bienvenido toque propio, más contemporáneo, y una amable disposición escénica que le otrogaba el lugar de lideres a las estrellas del concierto, Howe y Squire. Sobre todo el guitarrista dio una lección magistral en sus solos de pedal Steel jugando con el tempo de sus conocidos solos imposibles que lo convirtieron una superestrella del rock de los '70, sin dejar de lucirse, por supuesto en guitarra acústica en temas como "Turn of the Century" y el clásico "Clap" siempre un momento culminante en todo show de Yes.

Este y otros temas de "The Yes album" marcaron el clima de una performance de más de dos horas y media donde no hubo un momento flojo, y donde incluso algunos temas menos conocidos de "Going for the One" (un disco subestimado por salir justo en el auge del punk) asombraron a los presentes, sobre todo "Paralels", con un bajo rockero de triple mango de Squire, y el extenso "Awaken", el momento para que Downes haga explotar sus montañas de teclados.

El publico formado por veteranos fans de Yes, pero también por jóvenes atraídos por la leyenda de la banda, terminó de pie con el bis "Roundabout", una yapa de lujo para un show irrepetible.

Dejá tu comentario