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“Yo no podría ser bígamo, pero entiendo al personaje”
Martínez: «La intención fue no estigmatizar desde el punto de vista moral a Lyman, el personaje de Miller. Uno de nuestros temores era que la pieza se leyera como obra de género».
«El descenso del Monte Morgan» subirá a escena mañana en el Teatro Metropolitan II con dirección de Daniel Veronese («El método Gronholm», «Gorda», «Un dios salvaje») y un elenco integrado por Ernesto Claudio, Malena Figó y Gaby Ferrero. Dialogamos con Oscar Martínez.
Periodista: Muchos hombres tienen la fantasía de acostarse con dos mujeres a la vez. Pero esto de ser un padre y marido ejemplar, por partida doble, no lo resiste cualquiera.
Oscar Martínez: Exactamente. Por eso él termina casi provocando el accidente y asumiendo que tal vez fue una manera inconsciente de hacer que esta situación explotase. Al final termina diciendo: «estos nueve años, yendo de un lado a otro, me resultaron absurdos, risibles». No sabe por qué lo hizo. El va a fondo con su verdad personal a ultranza y, claro, eso tiene un costo altísimo. Recién al final se da cuenta de sus errores. No se arrepiente, pero ¡qué dilema! ¿Se puede ser fiel a sí mismo y a los demás al mismo tiempo? Lyman contesta que no, pero lo obra deja abierto ese interrogante.
P.: Lyman es muy simpático, vital y seductor, pero también bastante ególatra y autoindulgente. A veces dan ganas de golpearlo.
O.M.: Creo que la intención de Miller y obviamente la de Veronese y todo el equipo, fue no estigmatizarlo desde el punto de vista moral. Uno de nuestros temores era que la pieza fuera leída como una obra de género, que los hombres terminaran diciendo «¡Qué ídolo Lyman!» y que las mujeres lo odiasen. Esto felizmente no sucedió. Ya hemos hecho varios ensayos generales y muchas espectadoras me dijeron, desde Haydeé Padilla hasta la suegra de una de mis hijas, que lo entienden perfectamente a Lyman y que también una mujer podría estar en esa misma situación.
P.: Es menos probable que una mujer se divida en dos hogares.
O.M: Bueno, en todo caso, cualquier mujer puede formularse las mismas preguntas que se plantea Lyman. El tema de la bigamia es sólo una excusa para tratar otros temas más profundos: la complejidad de las relaciones matrimoniales, el efecto de nuestras acciones en los demás, los procedimientos que utilizamos para lidiar con nuestros sueños, deseos y frustraciones. Lyman, además ha hecho muy feliz a sus dos mujeres y a sus respectivos hijos.
P.: Miller ya era un anciano cuando escribió esta obra, de allí que exprese sus opiniones con total impunidad. Algunas frases pueden resultar escandalosas, pero otras reflejan una gran sabiduría: «No se tenga lástima, ya sabe lo que dice el refrán: bajáte de la cruz que necesitan la madera». Es una cita brillante.
O.M.: Yo tengo varias. Por ejemplo, cuando Lyman le contesta a Theo: «El buen gusto es lo que queda de la vida cuando la gente ya no puede coger más». Miller da razones que para mí son irrebatibles. Habla del tedio doméstico, del aburrimiento normal dentro del matrimonio, de las parejas que siguen juntas aun después de descubrir a quién tienen al lado. También Leah dice algo terrible: «Todas las relaciones que conocí necesitaron de una mentira para poder seguir».
P: Usted habló de los conflictos de pareja en dos obras de su autoría, «Ella en mi cabeza» y «Pura ficción», pero sus personajes son demasiado celosos y obsesivos como para ser bígamos. Terminarían enloqueciendo ¿no le parece?
O.M.: Por eso le dije que la bigamia me resulta inimaginable. Mis obras de teatro van más para el lado de Woody Allen.
P.: Que es un maestro en justificar infidelidades.
O.M.: Yo siempre he sido monógamo y cuando una relación no me satisface o no me alcanza, me salgo de ahí. Y si ando suelto... bueno, ahí sí pruebo de diversos platos como haría cualquiera en esa misma situación. Cuando estoy en pareja me entrego con todo, no puedo seguir en algo donde no me siento completo. Pero lo entiendo perfectamente a Lyman. El intentó darle lo mejor a sus dos familias pero después no lo pudo sostener.
P.: El protagonista se vanagloria de ser un tipo auténtico, pero durante mucho tiempo vivió a base a mentiras.
O.M.: Yo no podría tener esta duplicidad. He pagado costos muy altos por decir la verdad, no por ocultarla. Y tampoco considero un acto de amor ocultarle a mi pareja parte de mi vida.
P.: ¿Va a retomar la escritura teatral?
O.M.: Ahora estoy muy ocupado con esta obra de Miller. Hacía años que no disfrutaba tanto de un personaje. Pero en cualquier momento me pongo a escribir. Si es que hay alguna obra que quiera ser escrita por mí, como diría Borges.
Entrevista de Patricia Espinosa


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