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Zapatero se inmola para salvar al socialismo
Especial desde España para Ambito Financiero.
A esta estrategia opositora se suma su posible desgaste como candidato, al ser una de las caras de un Gobierno en baja desde que se desató la crisis financiera.
Los socialistas, sin embargo, todavía no pierden las esperanzas de vencer una vez más al ya crónico candidato popular, Mariano Rajoy. Hay algunos indicios que para los analistas españoles alientan ese posible (aunque improbable) viraje del electorado.
El primero es la mala imagen que tiene Rajoy entre parte de los votantes: los últimos datos, publicados por el CIS en enero pasado, daban una valoración política del candidato popular de 3,25 puntos sobre diez, mientras que la media para el golpeado Rodríguez Zapatero era de 3,30.
El segundo factor que siguen con atención políticos y analistas es la volatilidad del electorado. Si se hace un relevamiento de la cantidad de votos obtenidos por los dos partidos mayoritarios de España en los últimos diez años, se observa que el PSOE incrementó sus votantes en cada elección, mientras que el PP se mantuvo en torno al 34% y el 39%, unos 10 millones de personas. Estas tendencias muestran que los votantes del PP son más estables que los socialistas y que el electorado español presenta una volatilidad de 10 puntos, que afecta de manera determinante la suerte de las dos fuerzas políticas dominantes de España.
Perspectiva
Esta fluctuación en los últimos años benefició al PSOE, que no tiene una base tan sólida de votantes pero sí convoca a más independientes. Es decir que, si el panorama económico mejora -el principal problema actual para el 64,3% de los españoles es el desempleo, que oscila en torno al 20%- y el candidato del PSOE tiene buena aceptación pública, los números podrían cambiar.
En la base de esta perspectiva está la premisa de que un candidato popular, con los índices de aprobación casi exactos a los del vapuleado presidente socialista y dos derrotas electorales a cuestas, depende más del desempeño del Gobierno actual que de su capacidad de convocatoria para obtener buenos resultados en la encuestas. Éste fue el argumento central que evocó ayer Rodríguez Zapatero en Murcia: «La decisión que tomé le va a venir bien al PP y me alegro, porque ahora se tendrán que poner a hacer su proyecto. Hasta ahora sólo se han dedicado a atacarme, a decir que la culpa es de Zapatero».
Hasta el fin de semana, la táctica central del PP había sido desgastar al mandatario socialista, una maniobra que a partir de ahora seguramente virará hacia las críticas a Rubalcaba. Las elecciones autonómicas del 22 de mayo serán la primera prueba para ver si la estrategia socialista de hacer a un lado a su líder tuvo buenos resultados.


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