Negocios

Emoción, aplicada a las empresas

El coach Santiago Bras Harriot es requerido por múltiples compañías, además de atender consultas personales. Considera que mirarse a sí mismo y escuchar al otro es fundamental para llegar al éxito. ¿Cómo la meditación puede ayudar ante un futuro incierto?

“Te voy a pedir que te saques los zapatos, así dejamos a un lado todas energías que vienen de afuera”, es lo primero que dice Santiago Bras Harriot tanto en su consultorio personal como cuando llega las empresas a las que visita, más allá de los títulos y los cargos. Es que este hombre de apariencia tranquila es el fundador de Coaching Argentina y asesora a grandes empresas del país y del exterior, sin nunca perder la calma.

“Vi que la gente necesitaba escuchar y me certifiqué como coach”, dijo Bras Harriot al hablar de su formación y aclaro que además de trabajar con compañías recibe consultas personales y dice tener “más de 1.000 personas en lista de espera”. La alta demanda de sus servicios parece basarse en que combina varias disciplinas: no sólo es egresado de la Carrera de Comunicación, sino que también realizó un seminario de Marketing, se formó como profesor de yoga y realizó una maestría en meditación. Con esas herramientas, profundiza en el Coaching Humanístico o Life Coaching, que apunta a la comunicación, empatía y la emoción, aplicadas para que las empresas puedan mejorar sus resultados.

A la hora de definirse, el coach, que también tiene fuerte presencia en redes sociales, dice de sí mismo: “Soy una persona optimista que va para adelante, no me gusta caerme, pido ayuda cuando la necesito, no soy soberbio, me gusta mirarme todos los días, practico yoga y meditación cada mañana, me gusta bailar y divertirme y trato de vivir la vida lo más feliz que puedo”. En diálogo con Ámbito, habló de los desafíos de las compañías en tiempos inciertos y las claves para mantenerse positivo.

Periodista: ¿Te consultan más las empresas en épocas de crisis? ¿Y de ser así cambian los objetivos con los que se trabaja?

Santiago Bras Harriot: Generalmente sí, porque al estar ellos tan inestables necesitan una persona externa que pueda evaluar lo que está pasando y de esa manera buscar la solución. Pero es difícil que las empresas pidan ayuda, les cuesta mucho invertir en servicios porque es un presupuesto que no suelen avalar, al igual que la publicidad y el marketing. Con la consultoría y el coaching pasa lo mismo. Y en cuanto a los objetivos, sí cambian mucho, porque en los momentos de crisis todos están nerviosos, alterados y hay que trabajar mucho con la meditación para que se puedan relajar. Y en los momentos que no son de crisis están más optimistas, se trabaja con más soltura, la gente está más contenta y más en el tiempo presente, sin estar ansiosa por lo que pase en el futuro. El plan de trabajo, además, es totalmente diferente, porque cuando están bien, se trata de ir hacia adelante, y en tiempos de crisis no saben si van a quebrar o tener que despedir empleados. Me tocó estar ayudando a recursos humanos con desvinculaciones, para encontrar la manera de que los empleados se vayan de la mejor manera posible en remuneración y arreglos, lo cual es muy difícil. Pero son tiempos en que recursos humanos necesita ayuda.

P.: ¿En qué se diferencian las consultas y los problemas de las empresas grandes, las pymes y las familiares?

S.B.H.: En las familiares, el principal problema es la comunicación, les cuesta, no se entienden, por lo general terminan peleados y ahí aparezco yo para buscar la manera de aliarlos, de que uno comprenda al otro, que no todos somos iguales. Ese es el “coach” que mejor me sale, porque los divierto. A la mañana les preparo una meditación y una clase de yoga. También hago algo comparable a las constelaciones familiares. Pongo en el padre de 78 años en el rol del hijo de 42 y viceversa. Pero siempre trabajo con el presente, nunca con el pasado, porque si entras ahí es un caos, se matan. Lo importante es proyectar a futuro. Y si bien se enojan, cuando los vuelvo a unir por medio de estas técnicas vuelven a tomar compromisos entre ellos. En las Pymes, en cambio, el principal problema es el desorden de administración: no les faltan marketing, ni comunicación, ni finanzas, pero hay un desorden porque “todos hacen todo” y nadie hace nada, por lo que es muy difícil este modelo. En cambio, la empresa grande lo único que necesita es siempre potenciarse y mantenerse a flote. Me gustan mucho estas empresas. Ahora estoy trabajando con una con 6.000 empleados, 6.000 cabezas diferentes y todos quieren algo distinto, y es buenísimo poder llegar a todos ellos. Confieso que las empresas familiares y las grandes son con las que más me gusta trabajar. Las Pymes también, pero quizá ellos podrían verse más beneficiados con una consultoría de administración y yo trabajo más con la emoción, con lo que le pasa al ser humano. El punto en común es que siempre trabajo con contratos de 6 meses. Y las Pymes las ordeno, pero a los tres meses me vuelven a llamar. En esos casos trato de tomar más gente de recursos humanos, para que se trabajen los procesos.

P.: También realizás consultas personales. ¿En qué se diferencian con las consultas empresariales?

S.B.H.: No tienen nada que ver. En lo empresarial quieren enfocarse, dirigir, ser objetivos. En lo personal recibo consultas de madres de hijas que sufrieron un abuso, de hombres estafados por su mejores amigos, de personas desorientadas porque no tienen una misión, de quienes se enamoraron de la mejor amiga de la mujer… Generalmente empezamos con las típicas preguntas para ver los resultados y los guío para que estén mejor.

P.: ¿Al igual que con las empresas, también se trabaja con plazos?

S.B.H.: Generalmente es una vez por mes. Y si veo que hay una patología, derivo, ya que trabajo con tres psicólogas, un psicólogo y un neurólogo. Esto sucede con aproximadamente el 15% de los consultantes, a los que después les digo que vuelvan. Pero en todos los casos, las personas vienen al año cuatro veces como mucho. Hay otros que vienen 12 veces, una vez al mes, pero ellos son quienes están a la vez asociados a una empresa o un desarrollo personal que quieren destacar.

P.: Está bien lo de mencionar lo de la interconsulta, porque pasa que muchos quieren reemplazar la terapia con el coaching…

S.B.H.: Es que no se puede reemplazar la terapia. El coaching es otra cosa, una herramienta de desarrollo personal que destaca las habilidades y las herramientas de cada ser humano. La terapia es algo que vos tenés que profundizar y analizar para buscar un resultado que sea positivo, aceptando lo que te sucedió y lo que te pueda llegar a pasar.

P.: ¿En cuanto a las empresas, hay rubros que te necesitan más que otros?

S.B.H.: En este momento estoy trabajando con cuatro empresas de alimentos, tres de tecnología y después varias en general. No hay un rubro que me llame más, sino que me llama alguien que quiere llegar a un horizonte y que no pueden hacerlo. Yo los destrabo, me sale bien y natural, porque así lo siento. Trabajo mucho con la percepción y la intuición. Me siento con la persona, veo lo que le está pasando y ahí me empiezan a salir las respuestas para que pueda enfocarse y llegar al lugar donde quiere llegar.

P.: ¿Los problemas dependen más de las personas que de la actividad?

S.B.H.: Exacto. Una cosa es hablar con quién está al frente de una empresa de indumentaria y otra es hablar con quién dirige una empresa de tecnología. Una persona será estructurada, sistemática, enfocada en la ingeniería, la contaduría. La otra será creativa, enfocada al marketing, la imagen… Es otra cosa.

P.: ¿Cómo ayuda el coaching al plan de negocios?

S.B.H.: Generalmente lo que hago es trazar un punto de partida, un punto de “medio tanque” en el que descansás, ves hasta donde llegaste y un final. Eso lo hago en tres meses y en seis encuentros, dos por mes. De esa manera trabajo y hasta ahora, en todas las empresas en las que trabajé, los resultados fueron todos positivos. Porque los estructurás. Porque cuando alguien pone algo en el lugar donde tenés que estar, ya está hecho. Lo que yo más utilizo es la comunicación. Preguntar: ¿Te gustó o no te gustó? A la vez, cuando hay problemas en las empresas, hay que decir la verdad, ir de frente. De esa manera llegás a un buen resultado. Si escondés algo, estás en el horno.

P.: ¿Qué consejos brindás para que la gente funcione en el trabajo y también en la vida, más en tiempos de crisis?

S.B.H.: Todos los días pongo una frase en redes con mensajes optimistas. En Instagram hago videos, todos los días, en los que hablo de un tema en especial. Ahí me doy a conocer, y busco que la gente esté más relajada. En estos momentos de crisis lo que tenés que hacer es agarrarte de tu familia, agarrarte de las oportunidades, ver lo que te parece una ganga, ver si es momento de cambiar del lugar en donde estás porque es un momento de crisis y tal vez no es bueno seguir ahí o bien pensar que si hay crisis la tenés con vos, porque está en todo el país, en todos lados, en la Tierra, está en la Pachamama argentina. Entonces hay que ver lo que se debe cambiar. Los momentos de crisis son momentos de cambios y los momentos de cambios son increíblemente perfectos, más allá de que sean personales, en masa o el país entero. Es el momento para sostenerte, para pedir ayuda y para hacer introspección, mirar hacia adentro de uno para ver lo que uno quiere, lo que necesita y saber si está pisando firme.

P.: ¿Se puede entrenar la escucha para comprender los problemas y accionar?

S.B.H.: Sí, siempre y cuando vos sepas y tengas claro dónde estás, que hacés y para dónde vas. Si vos tenes claro eso podés escucharte. Si vos te escuchás, podes escuchar al otro y cuando vos tenés apertura las cosas llegan. Cuando estás cerrado, estructurado y te ponés barreras por todos lados, nada te sale bien.

P.: ¿Y si de escucha hablamos, el argentino está empático o le falta?

S.B.H.: El argentino le falta mucho, porque está débil nervioso, tensado, ansioso. El gobierno de turno no está acompañando eso y el gobierno que va a venir también se vislumbra difícil. No tenemos a nadie que nos represente, entonces el argentino se siente perdido al no tener un horizonte ni una misión. ¿Qué es lo que tenés que hacer entonces? Apoyarte en la familia, en la que uno elige y en la de sangre. Apoyarte en el otro, si lo hacés, zafás. En ocasiones hay que armar burbujas, si las hacés está todo bien, si no, no vas para ningún lado.

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