23 de abril 2026 - 17:06

Camiones pesados en transición: los costos marcan el pulso entre diésel, electricidad e hidrógeno

Hoy el diésel sigue dominando por eficiencia operativa, pero los camiones eléctricos comienzan a acercarse a la competitividad, mientras que el hidrógeno todavía enfrenta una brecha significativa.

Aunque los camiones eléctricos requieren baterías de entre 4 y 6 toneladas y tienen un costo inicial entre u$s100.000 y u$s150.000 superior.

Aunque los camiones eléctricos requieren baterías de entre 4 y 6 toneladas y tienen un costo inicial entre u$s100.000 y u$s150.000 superior.

Un nuevo informe de la consultora Thunder Said Energy pone números concretos a uno de los debates clave de la transición energética: cómo descarbonizar el transporte pesado sin disparar los costos logísticos globales. El diagnóstico es claro: hoy el diésel sigue dominando por eficiencia operativa, pero los camiones eléctricos comienzan a acercarse a la competitividad, mientras que el hidrógeno todavía enfrenta una brecha significativa.

Los camiones pesados -o Clase 8- son el corazón del comercio global. Según el análisis, recorren todos juntos cerca de un billón de millas (1.609 millones de km) al año, transportan prácticamente todos los bienes de las cadenas de suministro y consumen unos 10.000 barriles diarios de diésel. En términos económicos, el costo promedio del transporte se ubica en torno a u$s0,14 por tonelada-kilómetro para un vehículo típico en Estados Unidos, una referencia que se encarece en Europa por la carga impositiva sobre los combustibles.

El estudio destaca que cerca de la mitad de los costos del transporte por carretera está asociada a los salarios de los conductores, lo que vuelve determinante la eficiencia en el uso del tiempo y la distancia recorrida. En ese contexto, la logística juega un rol clave: un camión diésel puede recargar combustible en apenas cinco minutos y alcanzar autonomías de hasta 3.200 kilómetros, lo que explica buena parte de su ventaja competitiva actual.

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Electricidad: el punto de inflexión comienza a asomar

El escenario empieza a cambiar con la electrificación. Aunque los camiones eléctricos requieren baterías de entre 4 y 6 toneladas y tienen un costo inicial entre u$s100.000 y u$s150.000 superior -prácticamente el doble que un diésel-, su eficiencia energética es entre 2 y 2,5 veces mayor.

Con la expectativa de relanzamientos como el Tesla Semi en 2026, el informe señala que ya se vislumbra una trayectoria hacia la competitividad en costos, especialmente en rutas de media distancia (700 a 1.000 kilómetros).

Sin embargo, el tiempo de carga -que puede extenderse hasta cuatro horas- y la limitada infraestructura siguen siendo barreras críticas.

Hidrógeno: alto costo, potencial a largo plazo

Los camiones impulsados por hidrógeno aparecen como una alternativa para largas distancias, pero aún lejos de competir económicamente.

Según Thunder Said Energy, estos vehículos podrían ser entre un 45% y un 75% más caros que los diésel, a lo que se suma el elevado costo del hidrógeno verde, estimado en 2,5 veces superior.

Además, aunque el repostaje de hidrógeno es más rápido que la carga eléctrica (unos 45 minutos), sigue estando muy por detrás del diésel, y la infraestructura es aún incipiente.

Gas natural: competitivo, pero con límites

El informe también analiza el desempeño de alternativas como el GNL. En términos energéticos, el gas natural a u$s3 por millón de BTU puede ser hasta cuatro veces más barato que el diésel a u$s3 por galón (3,78541 litros).

Pero esa ventaja se diluye por mayores costos de vehículos, operación y logística, además de beneficios ambientales más acotados y desafíos técnicos.

Impacto en el bolsillo

Más allá de la tecnología, el factor decisivo es el costo total del sistema. El transporte de mercancías representa aproximadamente u$s1.000 anuales por persona en países desarrollados, equivalente a cerca del 4% de los ingresos netos. En ese marco, un aumento de costos del 20% al 75% -como podría implicar una transición desordenada- consumiría entre 1% y 3% adicional del ingreso promedio.

La conclusión del informe es pragmática: la transición en el transporte pesado será gradual y estará determinada por la competitividad económica. Mientras el diésel mantiene su liderazgo operativo, la electrificación comienza a ganar terreno en segmentos específicos, y el hidrógeno se proyecta como una apuesta de más largo plazo. En todos los casos, la infraestructura y los costos serán las variables que definirán la velocidad del cambio.

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