La minería y la industria energética atraviesan una transformación que va mucho más allá de la incorporación de maquinaria autónoma, sensores o inteligencia artificial. La digitalización también está empezando a modificar la forma en que se compran activos, se financian proyectos, se ejecutan contratos, se distribuyen ingresos y se verifica el origen de los recursos naturales. De hecho, YPF lanzó recientemente
Minería y energía: cómo la tokenización y los smart contracts abren nuevas formas de invertir y hacer negocios
La digitalización ya no se limita a las finanzas: blockchain, tokenización y contratos inteligentes comienzan a transformar la manera de invertir, financiar, comercializar y controlar activos de la minería y los hidrocarburos.
-
El metal que es boom y abren una oportunidad para Argentina: cuáles son los drivers que impulsan el precio
-
Minería: proveedores, costos y el desafío de no dejar a nadie afuera, ¿de qué se habló en la Mesa del Litio?
La tokenización, por su parte, puede permitir que determinados activos o derechos económicos sean divididos en unidades digitales, facilitando nuevas estructuras de inversión y financiamiento.
La tokenización y los llamados smart contracts o contratos inteligentes aparecen como dos de las herramientas que pueden acelerar ese proceso. Aunque todavía se encuentran en una etapa de desarrollo y adopción desigual, ya existen experiencias concretas en minería, petróleo y gas que permiten anticipar nuevos modelos de negocios.
El fenómeno tiene además una particularidad: puede acercar activos tradicionalmente difíciles de fraccionar o comercializar a nuevos inversores, al mismo tiempo que permite automatizar operaciones entre compañías, proveedores, gobiernos y socios de proyectos.
Un ejemplo reciente en Argentina es el lanzamiento de una plataforma para comprar oro tokenizado. Pero el concepto puede ir mucho más allá del metal precioso: la misma infraestructura tecnológica puede utilizarse para representar activos, registrar operaciones y ejecutar automáticamente determinadas condiciones de contratos en industrias extractivas.
¿Qué es la tokenización y por qué puede interesar a la minería?
Tokenizar significa representar digitalmente un activo o un derecho sobre un activo mediante un token registrado en una blockchain. En términos sencillos, permite convertir un activo tradicionalmente físico o difícil de dividir en unidades digitales que pueden ser transferidas, registradas y, dependiendo del diseño jurídico y tecnológico, negociadas.
José Ángel Fernández Freire, director corporativo de Innovación y CEO de la unidad de activos digitales de Prosegur que desarrolló la herramienta de oro tokenizado, explicó durante la presentación en Argentina que la lógica detrás de esta transformación es más amplia. "Cuando entramos en el mundo blockchain, en el mundo de tokenización, lo hicimos porque la economía se va a tokenizar", sostuvo ante Energy Report.
Según explicó, el objetivo es que los activos de valor puedan mantener mecanismos de custodia independientemente de que su representación sea física, electrónica o tokenizada.
En el caso del oro, cada token representa una determinada cantidad de metal físico almacenado y custodiado. El inversor compra la representación digital, mientras el activo subyacente permanece bajo custodia.
La aplicación de este concepto a recursos naturales abre un abanico de posibilidades. En determinados proyectos podrían tokenizarse derechos económicos, participaciones, flujos futuros o determinados activos vinculados a una operación, siempre dependiendo de su estructura jurídica, regulación y características económicas.
No significa convertir una mina o un yacimiento automáticamente en una criptomoneda. La clave está en definir qué derecho representa el token, quién lo emite, qué activo lo respalda, cómo se verifica y bajo qué regulación opera.
Del oro físico al activo digital
El caso del oro permite entender cómo funciona el modelo. La herramienta presentada en Argentina permite comprar tokens respaldados por oro físico. Cada unidad representa el equivalente a un gramo de oro, mientras el metal permanece almacenado en bóvedas.
"La tokenización nos trae eso hasta el infinito", explicó Fernández Freire al referirse a la posibilidad de reducir el tamaño mínimo de inversión. En su análisis, uno de los principales obstáculos del oro físico es que los costos de refinación y comercialización aumentan cuando se busca adquirir cantidades muy pequeñas. El modelo digital intenta resolver esa barrera mediante la división del activo en unidades digitales.
El segundo elemento es la liquidez. De acuerdo con la explicación brindada durante la presentación, el emisor asume contractualmente el compromiso de recomprar los tokens dentro de un plazo determinado y liquidarlos al precio de mercado.
El tercer componente es la trazabilidad. La utilización de blockchain permite registrar las operaciones y seguir digitalmente la representación del activo. En este caso particular, el oro físico se encuentra custodiado en Madrid y es adquirido en el mercado internacional, mientras que los tokens se ofrecen a inversores argentinos.
La propuesta permite observar una tendencia que puede ser relevante para otros commodities: separar la propiedad o exposición económica de un activo de la necesidad de tener físicamente ese activo en manos del inversor.
¿Puede aplicarse a petróleo, gas y minería?
El salto más interesante aparece cuando la tecnología deja de utilizarse solamente para representar activos y empieza a automatizar negocios.
El análisis elaborado por Favio Casarín, geólogo y abogado especializado en derecho minero, ambiental e hidrocarburos, plantea precisamente esta transformación. "Las industrias extractivas se encuentran ante una transformación estructural impulsada por la digitalización", sostiene el especialista en su informe sobre smart contracts.
Un contrato inteligente es, básicamente, un programa informático que ejecuta automáticamente determinadas acciones cuando se cumplen las condiciones previamente establecidas.
Por ejemplo: si un medidor registra que se entregaron determinadas toneladas de mineral, el sistema podría activar automáticamente el cálculo y pago correspondiente al proveedor.
En petróleo y gas, una lógica similar podría aplicarse a contratos de suministro, transporte, comercialización o distribución de ingresos.
La diferencia respecto de un contrato tradicional está en que parte de la ejecución deja de depender de procesos manuales.
Casarín explica que los smart contracts pueden "automatizar acuerdos y transacciones financieras o logísticas cuando se verifican determinadas condiciones predefinidas en su código".
El "oráculo": el puente entre el pozo y la blockchain
Uno de los conceptos centrales para entender cómo esta tecnología puede llegar a una mina o a un yacimiento es el de oráculo. La blockchain por sí sola no sabe cuánto produjo un pozo, cuántas toneladas de cobre salieron de una planta o cuántos kilómetros recorrió un camión. Necesita información proveniente del mundo físico.
Ahí aparecen sensores, medidores de flujo, sistemas de telemetría y dispositivos IoT que pueden enviar información a la blockchain. Casarín advierte sobre un punto fundamental: "Información errónea de entrada, ejecución errónea de salida".
Es decir, si el sensor que informa la producción tiene un error, el contrato inteligente puede ejecutar correctamente -desde el punto de vista informático- una operación basada en un dato incorrecto.
Por eso, la digitalización no elimina la necesidad de controles. La desplaza hacia la calidad de los datos, la seguridad informática y la validación de los dispositivos que alimentan el sistema.
Regalías, joint ventures y proveedores
Una de las aplicaciones con mayor potencial para minería y energía está vinculada con los flujos de dinero. En un proyecto extractivo participan empresas operadoras, socios, contratistas, proveedores y organismos públicos. En determinados contratos también existen regalías, impuestos, offtakes y mecanismos de distribución de ingresos.
Un smart contract podría calcular automáticamente determinadas obligaciones cuando recibe información verificada sobre producción, ventas o entregas.
Casarín plantea que, al conectar los datos de producción mediante oráculos con la blockchain, es posible automatizar "el cálculo exacto y la liquidación de las regalías destinadas a Estados u organismos públicos, así como la distribución de dividendos entre socios comerciales". La ventaja potencial no se limita a la velocidad.
Un registro común puede reducir conciliaciones, documentación duplicada, errores administrativos y disputas acerca de qué información utilizó cada parte para realizar un cálculo.
Para una joint venture minera, por ejemplo, podría existir un sistema en el cual las variables acordadas -producción, precio, costos reconocidos y participación de cada socio- alimenten automáticamente una determinada distribución económica. Esto no reemplaza el contrato jurídico. Lo que cambia es la forma de ejecutar algunas de sus condiciones.
Trazabilidad: del mineral al comprador
La trazabilidad es otra de las áreas donde blockchain puede generar un cambio importante. Una cadena digital puede registrar información desde la extracción hasta el procesamiento, transporte y entrega del mineral.
El objetivo no es solamente conocer dónde estuvo un producto. También puede servir para demostrar su procedencia, verificar determinadas condiciones ambientales o sociales y generar información para compradores que exigen estándares cada vez más estrictos.
El informe de Casarín menciona experiencias como Tracr, desarrollada para seguir la procedencia de diamantes, y IBM-MineHub, orientada a digitalizar el seguimiento de minerales.
En petróleo y gas también existen antecedentes. El especialista menciona a VAKT, una plataforma desarrollada por actores de la industria energética y financiera para digitalizar operaciones de compraventa de crudo y reducir la dependencia de documentación en papel.
Son experiencias que muestran que la tecnología no necesariamente está destinada al inversor minorista. También puede utilizarse para hacer más eficiente el comercio entre grandes compañías.
Una nueva infraestructura para financiar proyectos
La tokenización abre además una discusión más profunda: la posibilidad de dividir determinados derechos económicos y ampliar el universo potencial de inversores.
En teoría, un activo que requiere una inversión elevada puede representarse mediante unidades digitales más pequeñas. Eso podría permitir estructurar nuevos vehículos de financiamiento para determinados proyectos. Pero existe una diferencia fundamental entre tokenizar un activo y simplemente emitir un token.
Para que el mecanismo sea confiable, el inversor debe conocer qué está comprando, qué derecho obtiene, quién responde por ese derecho, cuál es el activo que lo respalda, cómo se custodia y qué regulación se aplica. Por eso, la tecnología no reemplaza la arquitectura jurídica y financiera de un proyecto. La necesita.
El caso del oro presentado en Argentina justamente se desarrolló bajo un esquema que buscó adecuarse al marco regulatorio local. Fernández Freire contó que el proyecto demandó unos 12 meses de trabajo y que la estructura fue discutida con autoridades regulatorias antes de su implementación.
"Lo que queremos hacer es medir el apetito del mercado y ser capaces de convencer al consumidor minorista de que este producto es más seguro, más eficiente y más eficaz que ir a comprar oro físico", afirmó.
Qué deberían mirar las empresas antes de avanzar
Para las compañías mineras, petroleras y de servicios, la cuestión no pasa necesariamente por lanzarse a tokenizar activos mañana. El análisis de Casarín recomienda comenzar con proyectos acotados y controlables.
Una compañía podría, por ejemplo, probar blockchain en la trazabilidad de un lote mineral, automatizar un contrato específico con un proveedor o desarrollar un piloto para determinados pagos. El objetivo sería medir costos, tiempos, seguridad y resultados antes de extender el sistema al conjunto de la operación. También aparecen desafíos importantes.
El primero es la calidad de los datos. El segundo, la seguridad del código: un error en un contrato inteligente puede tener consecuencias económicas. El tercero es regulatorio, porque la legislación todavía no tiene respuestas homogéneas para todos los modelos de activos digitales.
Finalmente está la interoperabilidad. Las nuevas plataformas tienen que poder comunicarse con los sistemas que las empresas ya utilizan, desde los ERP hasta los sistemas de producción y gestión logística.
La oportunidad no es solamente financiera
Para la minería y la energía, la blockchain no debería analizarse únicamente como una herramienta para crear criptomonedas. Su potencial está también en digitalizar derechos, automatizar contratos, mejorar la trazabilidad, reducir intermediaciones, acelerar pagos y generar registros verificables.
La tokenización, por su parte, puede permitir que determinados activos o derechos económicos sean divididos en unidades digitales, facilitando nuevas estructuras de inversión y financiamiento. En ambos casos, la tecnología agrega valor cuando resuelve un problema concreto.
Para un inversor, puede significar acceder a una exposición más sencilla a determinados activos. Para una minera, automatizar una parte de su cadena de proveedores. Para una petrolera, agilizar una operación comercial. Para un Estado, mejorar el seguimiento de regalías. Y para toda la cadena, generar información verificable.
La transformación recién comienza, pero el cambio de lógica ya está en marcha: los recursos naturales seguirán siendo físicos, pero cada vez más partes de los negocios que se construyen alrededor de ellos serán digitales.








