La mañana del martes 18 amaneció fría, gris y con ese cielo porteño que parece diseñado para acompañar reuniones de trabajo. Poco antes de las 9 comenzaron las acreditaciones en la planta baja del edificio del Consejo Federal de Inversiones (CFI), frente a Puerto Madero. De a poco, empresarios, funcionarios, consultores, dirigentes gremiales, representantes de cámaras y proveedores fueron subiendo hasta el piso 11, donde esperaba el auditorio del Consejo. Arriba se preparaba todo para celebrar la segunda reunión de la Mesa del Litio, en el marco de un encuentro para analizar oportunidades y desafíos para la cadena de proveedores mineros auspiciado por el CFI, pero también por el BID.
Minería: proveedores, costos y el desafío de no dejar a nadie afuera, ¿de qué se habló en la Mesa del Litio?
En el CFI, funcionarios, gobernadores, mineras, cámaras, industriales y sindicatos debatieron cómo aprovechar la ola de inversiones sin perder competitividad ni desarrollo local.
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La segunda reunión de la Mesa del Litio terminó con una sensación bastante concreta: esto recién comienza. El desafío será transformar las discusiones en una hoja de ruta para proveedores. Y, sobre todo, transformarla en contratos, inversiones, capacitación, infraestructura y empresas capaces de venderle a la minería.
Entre los primeros comentarios de pasillo apareció uno que, por ahora, nadie quiso confirmar: la posible mudanza de las oficinas del CFI, esa suerte de “casa de los gobernadores” que durante años funcionó como escenario de acuerdos, discusiones y negociaciones entre las provincias. El rumor circuló entre café y café, pero no hubo funcionario dispuesto a ponerle fecha ni destino.
La convocatoria llevaba un título bastante menos misterioso: “Proveedores mineros y desarrollo federal: desafíos y oportunidades para la Argentina”. Pero detrás de esa denominación técnica había una pregunta bastante más incómoda: ¿puede la Argentina aprovechar el salto de la minería que viene sin quedar reducida a vender minerales y comprar afuera buena parte de los bienes y servicios que necesitan los proyectos?
La respuesta, según lo que se escuchó durante buena parte de la jornada, es que sí. Pero no será sencillo. Porque entre el entusiasmo por la llegada de inversiones, los reclamos por el compre local, la preocupación por los costos argentinos, la competencia china, las necesidades de financiamiento, las demandas de las comunidades y la ansiedad de varias provincias por capturar una parte de la nueva cadena de valor apareció una coincidencia: la oportunidad es enorme, pero también lo es el riesgo de generar expectativas imposibles de satisfacer. Y esa fue, quizás, una de las palabras más repetidas durante el día: expectativas.
Los primeros paneles estuvieron concentrados en informes técnicos sobre los proyectos mineros que se vienen, principalmente de litio y cobre, y en dimensionar algo que suele decirse de manera abstracta pero que ese día comenzó a tomar volumen concreto: cuánto acero, hormigón, movimiento de suelo, transporte, energía, logística, mantenimiento, servicios profesionales y mano de obra requerirán los proyectos en construcción y operación.
Un minucioso informe elaborado por UIA y CAEM mostró precisamente esa dimensión física de la oportunidad. No se habló solamente de millones de dólares de inversión: también de metros cúbicos de hormigón y toneladas de acero que deberán llegar a los proyectos.
El BID, por su parte, avanzó sobre el mapa de proveedores existentes, sus capacidades y sus brechas. Y allí apareció el primer gran contrapunto de la jornada.
¿Las empresas argentinas están preparadas para competir?
En uno de los pasillos que unía los dos salones del piso 11 comenzó a circular una versión que rápidamente se convirtió en comentario general: una de las grandes mineras internacionales con presencia en Argentina estaría próxima a adjudicar miles de metros de estructuras metálicas a un proveedor chino. La explicación que se escuchaba era contundente: los oferentes argentinos habían cotizado alrededor de 40% más caro que los asiáticos.
No era una anécdota menor. Era, en realidad, la discusión completa resumida en una licitación. Porque mientras algunos proveedores reclamaban condiciones de igualdad para competir, las compañías mineras insistían en que no pueden resignar seguridad, calidad, performance ni competitividad.
La discusión se amplió enseguida hacia otros casos: el campamento chino en San Juan, las baterías BESS para AlmaGBA y AlmaSADI, los tubos de acero de la india Welspun y la posibilidad de que la Argentina termine importando buena parte de los componentes necesarios para desarrollar su minería. El interrogante fue inevitable, y este cronista se la trasladó a un representante de la Nación: ¿Volverán los aranceles a las importaciones estratégicas o algún tipo de cláusula anti-china específica para limitar la competencia?
La respuesta fue terminante: “No, de ninguna manera. Este es un país libre y se puede competir, siempre en el marco de la Constitución Nacional y las leyes vigentes”. Y agregó, en referencia a los reclamos estadounidenses sobre la competencia china: “Si ustedes no los dejan entrar allá, está bien, pero acá es otra historia”.
La paradoja fue que, casi al mismo tiempo, el programa del encuentro tenía previsto como uno de sus primeros expositores a Alejandro Wagner, uno de los referentes del programa ProPymes de Techint, justamente desde un universo industrial que viene reclamando con insistencia medidas antidumping y herramientas de defensa frente a importaciones que consideran desleales. No hubo que decir demasiado más. El contrapunto estaba servido.
El café, los costos y la ansiedad por el RIGI
Los paneles de la mañana comenzaron con algo de demora, pero el público se mantuvo atento. También ayudó el café, acompañado por medialunas y confituras que probablemente resultaron menos atractivas para quienes intentaban respetar alguna dieta, que para quienes ya habían decidido que la jornada sería larga.
Por el piso 11 del CFI también desfilaron varios de los nombres que siguen de cerca la evolución de la minería argentina: Mario Thiem, subsecretario de Desarrollo Minero de la Secretaría de Minería; los responsables de las áreas mineras de Salta, Gustavo Carrizo; San Juan, Juan Pablo Perea; y Jujuy, José Gabriel Gómez; la senadora salteña Flavia Royón; Ignacio Costa, gerente general de Rio Tinto Lithium en Argentina; Jimena Carnelos, de la Asociación Internacional del Litio; el consultor Víctor del Bouno, ¿ex? Fundar; la economista Mariana Barrera, directora ejecutiva del Centro de Evaluación de Políticas de la Universidad Torcuato Di Tella; Marina Rosso Siverino, consultora y presidenta fundadora de Mar Mineral S.A.; el abogado Ignacio Celorrio, de Lithium Argentina y socio de MHR; Luis Vacazur, fundador de la Cámara de Proveedores Mineros PyMEs de la Puna; y el cordobés Miguel Soler, consultor privado y asesor del Banco Mundial, además de exministro de Minería de Jujuy, entre otros referentes del sector.
Entre los asistentes también circuló otra pregunta, más política que industrial: ¿por qué dos grandes proyectos mineros todavía no parecen tener apuro por recibir el RIGI? Las hipótesis de pasillo fueron varias. ¿Temores políticos? ¿Incertidumbre financiera? ¿Proyectos que todavía no están listos? ¿O simplemente empresas que prefieren no activar el reloj de ejecución de un régimen que, una vez aprobado, establece compromisos y plazos?
No hubo respuestas concluyentes. Pero sí una certeza: en las provincias donde están radicados esos proyectos existe ansiedad por ver movimiento concreto, inversión, obras y, finalmente, la piedra fundacional.
La política tampoco estuvo ausente. En el piso 11 aparecieron los diputados Germán Martínez, de Unión por la Patria; Nicolás Massot, de Encuentro Federal, y el economista y exdiputado del PRO Luciano Laspina. Curioso que Laspina no haya viajado a Chile a visitar Escondida, el gigantesco yacimiento de cobre operado por BHP, donde sí estuvieron días atrás los economistas Ramiro Castiñeira y Fernando Marull: se ve en BHP prefieren más números y menos comunicación. Entre los diputados Martínez -que anotó sin parar todos los datos importantes de los paneles-, Massot y Laspina, la escena política no era casual. La minería ya forma parte de la conversación electoral, aunque nadie quisiera admitirlo demasiado alto.
También se palpaba otra ansiedad: la de Córdoba y Santa Fe por entrar en la cadena minera con su industria metalmecánica, tecnológica y de servicios. La lógica es entendible. Si la minería va a convertirse en uno de los nuevos motores de la economía argentina, nadie quiere mirar el tren desde el andén.
Pero en uno de los comentarios que quedaron flotando durante la jornada apareció una advertencia: en minería hay lugar para todos, pero quienes hoy huelen una oportunidad también deberán asegurarse de no convertirse mañana en los que queden afuera por falta de competitividad.
Los gobernadores hablaron poco. Tenían otra mesa esperándolos
Carlos Sadir fue el único gobernador presente durante la apertura. No por casualidad: además de gobernador de Jujuy, ocupa la presidencia protémpore de la Mesa del Litio y tenía la responsabilidad institucional de abrir la jornada. Raúl Jalil, de Catamarca, y Gustavo Sáenz, de Salta, llegaron cerca del mediodía, poco antes del almuerzo. Los tres tuvieron intervenciones breves y bastante cuidadas.
El contexto explicaba parte de la cautela. Los gobernadores tenían otro compromiso central en la agenda política de ese día, con otra mesa importante por delante: sentarse con el ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Diego Santilli para avanzar en el anunciado acuerdo por el régimen de zona cálida, un reclamo histórico de las provincias del norte por los subsidios a las tarifas eléctricas en zonas de altas temperaturas. Como dijo un jujeño que no fue Sadir: "En la minería hay más mesas que en un casamiento". Y sí.
En esa reunión en Hacienda, que se extendió durante casi cuatro horas y que había sido anticipada por Ámbito, participaron también los gobernadores de Corrientes y Chaco. Era, claramente, otra mesa y otro asunto. Por eso, en el CFI se los vio prudentes. Más de uno comentó en los pasillos que tenían bastante más para decir, pero que nadie quería convertirse en protagonista involuntario de un título viral justo cuando comienza a acelerarse el calendario electoral.
Sadir, en cambio, aprovechó su rol institucional para reivindicar el trabajo conjunto entre las tres provincias. Recordó que Catamarca lleva más de dos décadas de producción de litio, Jujuy más de una década y Salta ya acumula experiencia creciente. “Nuestra gente, nuestra comunidad, tiene que sentir que ese desarrollo le llega”, resumió.
Para el jujeño, los proveedores locales no son solamente una cuestión económica. Son parte de la licencia social. Y destacó que muchas empresas comenzaron como proveedores comunitarios y fueron profesionalizándose con acompañamiento de las compañías mineras.
Jalil fue todavía más escueto: destacó que “la familia del litio crece cada vez más” y reivindicó la decisión de las tres provincias de trabajar como región.
Sáenz puso el acento en las reglas de juego, la seguridad jurídica y la licencia social. “Tenemos todo lo que el mundo demanda”, señaló, pero advirtió que la minería supone relaciones de largo plazo. “Ustedes estarán siempre; nosotros estamos de paso”, dijo el gobernador salteño, en una de las frases que mejor sintetizó el espíritu que intentaron transmitir los mandatarios. La Mesa del Litio, insistió, debe funcionar independientemente de las banderías políticas.
La casa de los gobernadores se llenó de proveedores
Si hubo una señal política fuerte en la jornada, fue menos la presencia de los gobernadores que la de los empresarios privados en el edificio del CFI.
El presidente del Consejo, Ignacio Lamothe, puso la discusión en términos económicos: la Argentina suma dos motores productivos al tradicional complejo agroindustrial: minería y oil & gas. Y no hay motores nuevos sin proveedores.
Lamothe anunció el avance de un programa específico de desarrollo de proveedores que combine asistencia técnica y financiera. También destacó los fondos de garantías creados por las tres provincias: FOGACAT, FOGAJUY y FOGASAL, destinados a facilitar el acceso al financiamiento de las PyMEs.
El diagnóstico fue compartido: muchas empresas tienen capacidad, clientes potenciales y órdenes de compra, pero no consiguen crédito suficiente para comprar maquinaria, ampliar instalaciones o afrontar el capital de trabajo que exige una contratación minera. “La discusión sobre el desarrollo de proveedores es una discusión de largo plazo que llegó para quedarse”, planteó Lamothe.
La frase pareció anticipar lo que sucedería durante la tarde.
El almuerzo: sin vino, pero con mucha minería
Cerca de las 13 llegó el corte. El auditorio quedó vacío y el contingente cruzó hacia el salón comedor y de networking. Hubo cazuelas de arroz, verduras, carnes y pollo; sándwiches de fiambre, mini hamburguesas, bocaditos, arrollados primavera y empanaditas de copetín. Gaseosas con y sin azúcar y agua. Vino, ninguno. No era un almuerzo para extender sobremesas.
A las 14.30 comenzaría la segunda reunión de la Mesa del Litio y quedaban por delante más de 25 intervenciones. Entre bocado y bocado, se mezclaron las conversaciones de proveedores con las discusiones políticas. Los gobernadores, mientras tanto, tenían todavía la reunión con Caputo y Santilli como prioridad y redujeron al mínimo la exposición. En los pasillos del CFI, las tarjetas volaban.
La Mesa del Litio: tres minutos para decirlo todo
A las 14.30 comenzó la segunda reunión de la Mesa del Litio. La dinámica fue distinta. Cada expositor tenía tres minutos, controlados por un cronómetro visible en una pantalla. Fueron pocos los que se pasaron y, en general, quienes lo hicieron pidieron disculpas. El formato obligó a sintetizar.
Y permitió algo que probablemente terminó siendo lo más importante de toda la jornada: funcionarios nacionales y provinciales, empresas mineras, proveedores, cámaras empresarias, industriales y sindicatos se sentaron en una misma mesa.
Este cronista siguió buena parte de las casi tres horas sentado a un costado, tomando anotaciones, grabando algunos audios y mirando cómo se cruzaban las miradas cada vez que alguien pronunciaba las palabras “competitividad”, “compre local”, “China”, “RIGI”, “licencia social” o “financiamiento”.
Después, en los pasillos, siguieron las conversaciones con distintas fuentes. El resultado fue menos una reunión de conclusiones definitivas que una radiografía bastante honesta de lo que hoy preocupa al sector.
El repositorio de estudios: demasiada información, poca hoja de ruta
Fernanda Ávila, diputada nacional y secretaria ejecutiva de la Mesa del Litio, explicó que el trabajo comenzó en Jujuy y que uno de los primeros problemas detectados fue casi paradójico: había demasiados estudios y demasiados informes dispersos. El desafío fue reunirlos.
El BID tomó la tarea de ordenar ese repositorio y tratar de transformar diagnósticos dispersos en una hoja de ruta concreta. Paula Morales, consultora en evaluación y monitoreo de políticas públicas para el BID, fue una de las encargadas de explicar qué surgió de ese trabajo.
El ecosistema de proveedores, dijo, es heterogéneo. Hay capacidades instaladas y empresas que ya están trabajando, pero también brechas en tecnología, certificaciones, estándares, financiamiento, información comercial y articulación.
Uno de los datos que más llamó la atención fue que el empleo formal en la industria del litio muestra una suba interanual de alrededor de 7,7%, aunque continúa concentrado en unas pocas empresas.
También aparece un crecimiento fuerte de los registros provinciales de proveedores. La pregunta, en ese caso, es si ese aumento refleja empresas que efectivamente están trabajando o, también, expectativas generadas por el boom minero.
Morales puso un ejemplo concreto: un proyecto de litio en etapa de construcción puede demandar unos 35.000 metros cúbicos de hormigón y 8.000 toneladas de acero. Ahí estaba la clave de la jornada: convertir la palabra “oportunidad” en una demanda medible.
Transporte y alimentación pueden ser necesidades inmediatas. Laboratorios, mantenimiento, logística y servicios especializados pueden aparecer en una segunda etapa. Digitalización, tecnología y servicios avanzados forman parte de una demanda más sofisticada.
La conclusión del BID fue sencilla: hay que mirar primero qué va a comprar la minería y después preguntarse quién puede fabricarlo.
El Banco Mundial quiere saber qué proyectos realmente vienen
Daniel Jerez, consultor senior en evaluación de proyectos y economía minera del Banco Mundial, llevó la discusión a otro terreno: no alcanza con saber qué proyectos existen. "Problema de catastro", le dicen. Hay que saber cuáles efectivamente podrían desarrollarse y cuándo.
El organismo trabaja sobre una cartera de proyectos de litio y cobre y analiza diferentes escenarios: uno base, otro probable y otros vinculados a proyectos cuya concreción aparece más distante. La intención es que esa información sirva para planificar infraestructura: caminos, transporte, energía eléctrica, gas, agua y también necesidades de empleo.
Jerez reconoció que existen múltiples versiones de las carteras mineras y diferentes criterios para proyectarlas. Por eso, el Banco Mundial trabaja en una metodología que permita homogeneizar esa información. Y dejó una frase que también explica el espíritu de la Mesa del Litio: habrá que “hacer un poco de peloteo” con las provincias para consensuar los criterios. Después de todo, el desafío no es escribir otro informe. Es conseguir que los informes terminen convirtiéndose en obras, proveedores, empleos y proyectos.
Manuel Benítez, presidente de CAPMIN, que estuvo en un panel anteriormente fue directo: la demanda que viene es demasiado grande para que cada empresa intente resolverla por separado. “La única forma en que la industria y los proveedores nacionales podamos hacer frente a semejante volumen de trabajo es colaborando con generosidad, asociatividad y articulación real”.
Benítez pidió alianzas entre proveedores, integración con las grandes operadoras y acompañamiento a las PyMEs y proveedores comunitarios. La palabra que utilizó fue “gregario”. En minería, donde históricamente cada empresa defendió su territorio, la idea de asociarse no es menor. Y cerró con una consigna que resume su posición: “por más y mejor minería”.
El problema que nadie pudo esconder: los costos argentinos
Manuel Gómez Bello, presidente de la Cámara de Proveedores Mineros de Catamarca y de la Federación Argentina de Proveedores Mineros, llevó el contrapunto más duro. La industria nacional, sostuvo, no puede ser competitiva si parte de costos estructuralmente superiores.
Puso un ejemplo concreto: una camioneta equipada para trabajar puede costar del lado chileno alrededor de u$s25.000, mientras que en Argentina puede alcanzar los u$s50.000. Más allá de la precisión de cada comparación, el planteo fue claro: los proveedores pueden mejorar su eficiencia, pero hay variables que no controlan.
Salarios, impuestos, equipamiento, financiamiento y escala terminan impactando en la cotización final. “Necesitamos igualdad para poder ser competitivos”, resumió. El problema es que las compañías mineras necesitan precio, calidad y cumplimiento. Y el proveedor necesita que la cancha no esté inclinada antes de empezar el partido.
Mariano Guizzo, vicepresidente segundo de ADIMRA y presidente de su Comisión de Minería, puso el foco en los anillos de proveedores. Primero el local, después el provincial, luego el nacional. Pero pidió que el tercer anillo no sea olvidado. “Somos socios estratégicos de los proyectos mineros”, afirmó al defender el rol de la metalmecánica nacional.
ADIMRA, explicó, tiene centros tecnológicos, capacitación para oficios, herramientas de realidad virtual para soldadura, ingeniería inversa y prototipado. El problema, dijo, muchas veces no es que una PyME no pueda fabricar. Es que no sabe qué necesita exactamente la minera, qué estándar debe cumplir, a quién debe presentarse o cómo llegar al proceso de compras. Ahí aparece otra de las palabras que más se escucharon: vinculación. No fue casual que luego de las palabras de Guizzo se recordara una nota reciente de Ámbito: 8 de cada 10 bienes importados para los RIGI son productos metalúrgicos.
Buenos Aires se anotó en la cadena
María Laura Delgado, vicepresidenta de COFEMIN y subsecretaria de Minería bonaerense, tomó esa discusión y la llevó al terreno federal. Buenos Aires no tiene litio ni cobre, recordó. Pero tiene industria, ciencia, tecnología, universidades y proveedores. “Tenemos todo lo demás”, planteó.
Delgado mencionó investigaciones sobre reinyección en salares, reciclado de baterías de litio y la especialización en geociencias y tecnologías del litio que vincula a las universidades de Jujuy y La Plata.
Su mensaje fue claro: la federalización de la minería no debería significar solamente que las provincias mineras se compren entre sí. También puede implicar que Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Buenos Aires y otras provincias aporten capacidades específicas. En esa discusión apareció nuevamente el COFEMIN como ámbito para articular.
El proveedor catamarqueño pidió que Nación “se acerque”
Abás Tanus Mafud, presidente de la Cámara Minera de Catamarca, puso el foco en dos problemas: financiamiento y formación. Pidió al sistema bancario herramientas más adaptadas a las necesidades de los proveedores mineros. Y dejó otro dato: Catamarca tiene un déficit cercano al 40% de ingenieros.
La capacitación, por lo tanto, no es una cuestión secundaria. Pero su reclamo más político fue otro: Nación debe estar presente. “Tiene que estar cerca”, enfatizó, en respuesta a la subsecretaria bonaerense. No alcanza, dijo, con que los funcionarios estén en Buenos Aires o La Plata si no conocen las dificultades concretas del proveedor de la Puna.
La mirada de Ganfeng: los anillos no pueden ser paredes
Juan Martín Gilly, de Litio Minera Argentina, subsidiaria del grupo Ganfeng Lithium y presidente de la Cámara de la Minería de Salta, definió la jornada como una “señal de madurez”. La discusión, explicó, ya no pasa por cerrar las fronteras de cada provincia sino por construir puentes.
Las empresas locales deben fortalecerse, pero también deben poder asociarse con compañías externas cuando no existe una capacidad suficiente. La idea de las UTEs apareció varias veces durante la tarde. “Los anillos no deben ser cerrados, sino abiertos”. La frase funcionó casi como síntesis del contrapunto entre compre local y competitividad.
EXAR mostró un caso que funciona y pide no resignar seguridad ni calidad
Arturo Pfister, presidente de la Cámara Minera de Jujuy y gerente de legales de EXAR, habló desde la experiencia de quien estuvo en un proyecto desde antes de que fuera proyecto. Lleva 15 años en EXAR y utilizó esa experiencia para explicar que la licencia social no se construye con un comunicado de prensa.
En Jujuy, recordó, las comunidades indígenas son propietarias de las superficies donde se desarrollan las propiedades mineras. EXAR trabaja con siete comunidades de influencia directa y diez en total. La mesa de diálogo es mensual. Y allí se habla de proveedores.
Pfister contó que una de las prácticas consiste en informar a las comunidades qué servicios se van a contratar y qué capacidades tienen disponibles. Cuando una empresa no puede cubrir sola un contrato, se busca que se asocie con otra.
El resultado más concreto es una UTE integrada por dos empresas jujeñas y dos empresas comunitarias que participa del transporte de carga hacia el proyecto. El movimiento vinculado a las tolvas y al traslado del mineral alcanza, según explicó, unos u$s700.000 mensuales. La enseñanza que quiso dejar fue sencilla: las comunidades pueden ser proveedoras si se las incorpora, se las capacita y se les permite escalar.
Lucila Lasry, gerenta de Relaciones Comunitarias e Institucionales de EXAR, tomó una discusión que había atravesado varias intervenciones: ¿para incorporar proveedores locales hay que bajar los estándares? Su respuesta fue no. “Manteniendo estándares altos de trabajo, las empresas, tanto locales como provinciales, pueden ser muy competitivas”.
Lo que sí puede modificarse son los procedimientos. Una minera puede anticipar una contratación, explicar mejor qué va a necesitar, acompañar una certificación o adaptar procesos administrativos. Pero no debería resignar seguridad ni calidad. La diferencia parece semántica, pero no lo es: flexibilidad en el procedimiento, rigidez en el estándar.
Un alto ejecutivo responsable de contratos de un proyecto de litio llevó otro caso concreto. Una empresa de la región compitió contra una compañía nacional para prestar un servicio de aviación y ganó. Después, la minera la acompañó en el proceso de adaptación de sus estándares, incluso con expertos internacionales y trabajo técnico en Canadá. El proveedor no recibió el contrato por ser local. Lo ganó compitiendo. Pero recibió acompañamiento para dar un salto de calidad.
El ejecutivo insistió en que el desarrollo de proveedores no consiste en armar excepciones. “No podemos hacer excepciones” en competitividad, seguridad, calidad y performance. También advirtió sobre un problema menos visible: las expectativas. No entrar en una lista de proveedores habilitados no significa necesariamente quedar fuera del proyecto, explicó Lasry. Y los contratos pueden exigir a los grandes contratistas planes de compromiso local y subcontratación. En otras palabras: la minera puede abrir una puerta, pero el proveedor tiene que estar en condiciones de atravesarla.
Un empresario con casi dos décadas de experiencia en minería, constructor de varias plantas de litio en la Puna y próximo a embarcarse en una nueva, aportó una mirada más pragmática. Para él, las grandes construcciones difícilmente puedan avanzar si no tienen un fuerte anclaje provincial y comunitario. Transportes, construcción, producción de insumos y mano de obra: todo requiere articulación. “Traten de arrimar un poco ahí”, pidió a quienes contratan. No como una cuestión de simpatía, sino como condición práctica para que los proyectos funcionen en territorios donde las relaciones sociales son tan importantes como las económicas.
La UOCRA pidió capacitación y movilidad
Rubén Pronotti, secretario de Organización y Asuntos Gremiales de la UOCRA, llevó a la mesa la mirada del trabajo. El gremio viene observando cómo los reclamos provinciales por mano de obra local se fueron estandarizando. Pero planteó una cuestión central: un trabajador capacitado en Catamarca también puede ser necesario en Jujuy, San Juan o Salta.
La representación nacional del sindicato, explicó, no puede aceptar barreras que impidan esa movilidad. La respuesta, entonces, vuelve a ser capacitación. La UOCRA ya trabaja con universidades en Salta, Jujuy y Catamarca y busca ampliar convenios para acompañar los proyectos mineros y de infraestructura.
JEMSE: las empresas estatales también quieren profesionalizarse
Exequiel Lello Ivacevich, presidente de JEMSE, recordó el rol de las empresas mineras estatales de la región. JEMSE, REMSA y otras sociedades provinciales tienen estrategias diferentes, pero comparten un objetivo: facilitar el desarrollo minero.
Lello Ivacevich destacó el aporte de infraestructura pública a proyectos privados y puso como ejemplo la estrategia energética que acompañó el desarrollo de EXAR. Pero también planteó un desafío para las propias empresas estatales: profesionalizar la forma en que presentan y vinculan sus proyectos con proveedores e inversores.
La competencia, dijo, no está necesariamente entre Jujuy, Salta y Catamarca. Está afuera. “Como región, nuestra competencia no está en Jujuy, Santa Ana o Catamarca”, sostuvo, sino en otros desarrollos de litio del mundo. Y ahí aparece nuevamente la palabra que todos conocen pero que no siempre se lleva bien con la política: competitividad.
Martín Carrizo, representante de la industria química y productor local de carbonato de sodio, llevó a la mesa un problema que suele quedar fuera de la discusión minera. La Argentina tiene un productor local de soda ash que abastece aproximadamente la mitad del consumo de la industria del litio. Pero necesita escala. La empresa busca duplicar su producción hasta unas 500.000 toneladas anuales.
El planteo fue casi industrialmente elemental: si la demanda no se puede contractualizar, no hay manera de justificar una inversión de esa magnitud. Y sin escala, tampoco se puede competir con China, Turquía o Estados Unidos. “Pensemos un poquito en la escala”, pidió.
La frase encajó perfectamente con lo que había dicho Gómez Bello sobre las camionetas: a veces el problema no es la productividad de una empresa, sino el tamaño de la operación sobre la que intenta repartir sus costos.
El miedo al viento de cola, miedo al viento de frente
Pero mientras en la mesa y los paneles se hablaba de acero, hormigón, camionetas, baterías, soda ash y capacitación, había una preocupación más política dando vueltas en el CFI. En algunos sectores comenzó a instalarse un discurso que atribuye el bajo ritmo de algunas inversiones anunciadas bajo el RIGI exclusivamente a errores del Gobierno nacional, a los salarios, al endeudamiento de las familias o a la falta de empleo. La preocupación es que ese diagnóstico termine contaminando la muy buena percepción sobre la minería actual. Todos saben que los proyectos mineros no son inversiones de un mandato presidencial. Tardan años en construirse y pueden producir durante décadas. El tema es que la crisis se lleve puesta a la minería.
Manuel Benítez lo dijo con claridad: Veladero y Alumbrera atravesaron diferentes gobiernos y ciclos políticos. La minería, sostuvo, requiere estabilidad porque sus inversiones sobreviven a las administraciones. También pidió mejorar la comunicación. Según su mirada, el sector todavía no logró explicar todo lo que genera una mina: caminos, energía, infraestructura, aeropuertos, puertos, empleo, proveedores y actividad económica. El problema es que la expectativa ya está instalada.
En San Juan, se escuchó durante la jornada, más del 70% de la población quiere que la minería beneficie prioritariamente a los sanjuaninos. En Salta, más del 60% cree que su próximo trabajo podría estar vinculado a la minería. Son números que entusiasman. Pero también pueden ser peligrosos si generan la sensación de que la minería puede resolver todos los problemas económicos de una provincia. Por eso apareció una frase que atravesó buena parte de la conversación: “Hay que moderar expectativas”. El temor es que el viento de cola que hoy empuja a la minería termine transformándose en un viento en contra difícil de controlar.
El acuerdo tácito: nadie quiere quedarse afuera
Pasadas las tres horas de discusión, las posiciones seguían siendo diferentes. Los proveedores quieren competir, pero piden igualdad. Surgió allí también la necesidad de "trasladar la previsibilidad y seguridad jurídica" que dan los RIGI aprobados para inversiones multimillonarias a la cadena de proveedores, con la firma de contratos de provisión de bienes y servicios a largo plazo (mínimo 5 años) entre pymes y las grandes operadoras. Así, los pequeños industriales y fabricantes nacionales pueden salir a buscar financiamiento, modernizar o comprar equipos nuevos y competitivos.
Las mineras quieren proveedores locales, pero sin resignar estándares. Las provincias quieren compre local, empleo y desarrollo. La industria nacional quiere que no se la saltee. Las comunidades quieren participar. Los sindicatos quieren capacitación y movilidad. El Gobierno nacional defiende la apertura comercial.
Los bancos tienen que encontrar herramientas para financiar inversiones. Y el BID y el Banco Mundial intentan ordenar la información para que las decisiones se tomen sobre datos y no sobre expectativas. No parece poco. Tampoco parece sencillo. Pero quizá el principal resultado de la jornada fue precisamente que todas esas discusiones ocurrieron en la misma mesa.
No hubo una solución mágica para los costos argentinos. Tampoco apareció una fórmula para competir con China, ni una respuesta definitiva sobre cuánto compre local es demasiado y cuánto es insuficiente. Sí hubo algunos consensos.
Que las empresas locales necesitan capacitación.
Que necesitan financiamiento.
Que necesitan información.
Que las mineras deben comunicar mejor sus necesidades.
Que las comunidades tienen que formar parte.
Que las asociaciones y UTEs pueden ser una herramienta.
Que la industria nacional tiene capacidades que no deberían desperdiciarse.
Que las provincias tienen que coordinarse.
Y que la competitividad no puede sacrificarse en nombre de ningún objetivo político.
Una mesa que recién empieza
La segunda reunión de la Mesa del Litio terminó con una sensación bastante concreta: esto recién comienza. La próxima reunión informal tendrá lugar durante Argentina Mining Norte, en Salta, en la primera semana de septiembre. Luego habrá otra instancia en la segunda semana de octubre, durante el Seminario Internacional del Litio en San Salvador de Jujuy organizado por Panorama Minero.
El desafío será transformar las discusiones en una hoja de ruta. Y, sobre todo, transformar la hoja de ruta en contratos, inversiones, capacitación, infraestructura y empresas capaces de venderle a la minería. Al final de la jornada, la frase de Sadir volvió a aparecer en varias conversaciones: el desarrollo tiene que llegar a la gente de los territorios donde se produce. Y otra, dicha desde una empresa minera, quedó flotando como una suerte de regla de oro: no bajar los estándares, pero sí tener la flexibilidad suficiente para que más empresas puedan alcanzarlos. Quizás allí esté el punto de equilibrio.
La minería argentina tiene por delante una oportunidad que no aparece todos los días. Litio, cobre y otros minerales críticos pueden convertirse en motores productivos junto con el agro, Vaca Muerta y el resto de la energía. Pero el boom no será verdaderamente federal si los proveedores locales quedan mirando desde afuera.
Tampoco será sostenible si se obliga a comprar caro aquello que puede conseguirse más barato, peor o mejor, en otra parte. Y mucho menos será una política de Estado si cada cambio de gobierno obliga a empezar la discusión desde cero.
Por eso, mientras afuera seguía el frío porteño y en los pasillos del piso 11 todavía se cruzaban empresarios buscando contactos y funcionarios intercambiando teléfonos, quedó una impresión bastante más importante que cualquier presentación de PowerPoint: la discusión sobre los proveedores mineros dejó de ser una conversación secundaria. Ya es parte de la discusión central sobre qué minería quiere construir la Argentina. Y esta vez, en la “casa de los gobernadores”, no hablaron solamente los gobernadores.
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