La escalada del conflicto en Medio Oriente está alterando el funcionamiento del mercado energético mundial y obliga a productores y consumidores a reorganizar el comercio internacional de petróleo. El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba cerca del 20% de las exportaciones globales de crudo, genera un fuerte impacto en la logística del sector y abre interrogantes sobre el abastecimiento de energía en distintas regiones del planeta.
Recalibra el mercado petrolero: el bloqueo del estrecho de Ormuz pone a América Latina en el radar energético
El cierre de una de las rutas energéticas más importantes del mundo obliga a reconfigurar el comercio internacional de crudo. En ese escenario, América Latina aparece como una de las regiones mejor posicionadas para beneficiarse de precios más altos.
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El bloqueo del Estrecho de Ormuz altera el comercio mundial de petróleo y obliga a buscar nuevas rutas energéticas. América Latina podría beneficiarse del alza de precios del crudo.
Este corredor marítimo es considerado uno de los puntos más sensibles del comercio energético global. Por allí circulaban diariamente alrededor de 20 millones de barriles de petróleo, lo que equivale a aproximadamente una quinta parte del consumo mundial. El cierre o las restricciones al tránsito en ese paso obligan ahora a los países productores del Golfo a buscar vías alternativas para colocar su producción, mientras que los principales consumidores intentan asegurar nuevas fuentes de suministro.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la situación en la zona ya generó importantes disrupciones en el transporte marítimo de crudo. El organismo estima que unos 350 petroleros, entre cargados y en lastre, permanecen actualmente inmovilizados en las proximidades del estrecho. Desde el inicio de la guerra, apenas unos 80 buques lograron cruzar la zona, lo que evidencia la magnitud del cuello de botella que enfrenta el mercado energético internacional.
La mayoría de los cargamentos que normalmente atraviesan el estrecho de Ormuz tiene como destino las grandes economías asiáticas. Países como China, India, Corea del Sur y Japón dependen en gran medida del petróleo proveniente del Golfo Pérsico, por lo que cualquier interrupción en el flujo de cargamentos genera preocupación inmediata en sus mercados energéticos.
En paralelo, el conflicto elevó el nivel de riesgo en la zona. Irán advirtió que los barcos de Estados Unidos y de sus aliados podrían convertirse en objetivos militares, lo que incrementa la incertidumbre sobre la seguridad de la navegación en una de las rutas comerciales más importantes del planeta.
Oleoductos y rutas alternativas
Frente a la interrupción del tránsito marítimo, algunos países productores del Golfo comenzaron a utilizar infraestructuras alternativas para mantener parte de sus exportaciones. De acuerdo con la AIE, los únicos países de la región con capacidad parcial para evitar el estrecho de Ormuz son Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
En el caso saudí, el petróleo puede transportarse a través de un oleoducto que conecta las instalaciones de Abqaiq con el puerto de Yanbu, ubicado sobre el mar Rojo. Esta alternativa permitió al reino incrementar significativamente sus exportaciones desde sus puertos occidentales. El 9 de marzo, Arabia Saudita alcanzó un récord de envíos diarios de 5,9 millones de barriles desde esa región, muy por encima del promedio de 1,7 millones registrado durante 2025.
Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos utilizan el puerto de Fujairah, situado en el golfo de Omán, lo que permite exportar crudo evitando el estrecho. Sin embargo, la capacidad adicional disponible sigue siendo limitada. En conjunto, ambos países pueden desviar unos 5,5 millones de barriles diarios, una cifra que está lejos de compensar completamente el volumen de petróleo que normalmente circula por Ormuz.
La consultora energética Kpler advierte que, incluso con cargamentos récord desde Yanbu y Fujairah, las exportaciones de petróleo de Medio Oriente se ubican actualmente en torno a un tercio de su nivel habitual. Además, los ataques con drones y misiles registrados en la región mantienen bajo amenaza constante a estas infraestructuras energéticas.
América Latina aparece como alternativa
En este contexto de incertidumbre, América Latina emerge como una de las regiones menos expuestas al impacto directo del conflicto. Un informe de la consultora macroeconómica Capital Economics señala que, a diferencia de Europa y Asia, la mayoría de las principales economías latinoamericanas son exportadoras netas de energía. Es el caso de la Argentina.
Esto significa que un aumento en los precios internacionales del petróleo podría mejorar los términos de intercambio de la región, incrementar los ingresos por exportaciones y fortalecer las balanzas comerciales. El estudio destaca especialmente el caso de países como Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela y Guyana, todos ellos con capacidad para beneficiarse de un escenario de precios energéticos elevados.
Además, el informe subraya que muchos países latinoamericanos dependen en mayor medida de fuentes de energía como la hidroeléctrica, la eólica o la solar, lo que reduce su vulnerabilidad frente a las disrupciones en el suministro de petróleo provenientes de Medio Oriente.
Nuevas rutas para el petróleo mundial
El bloqueo del estrecho de Ormuz también obliga a los grandes consumidores asiáticos a buscar proveedores más lejanos. Según estimaciones de Kpler, las refinerías del continente podrían intensificar las compras de petróleo provenientes de la cuenca atlántica, especialmente de Estados Unidos, de África occidental y de América Latina.
Sin embargo, esta reconfiguración del comercio energético implica desafíos logísticos significativos. Las rutas marítimas desde la cuenca atlántica hacia Asia son considerablemente más largas y requieren una mayor cantidad de buques petroleros. Este factor se vuelve especialmente relevante en un momento en que el mercado global de transporte de crudo ya muestra signos de tensión.
Antes del estallido del conflicto, la consultora Rystad Energy proyectaba un precio promedio del Brent cercano a los u$s60 por barril para 2026, debido a un escenario de exceso de oferta global. Sin embargo, la guerra cambió radicalmente esas previsiones. Desde fines de febrero, el precio del crudo oscila entre u$s80 y u$s120 por barril, reflejando la creciente incertidumbre sobre el suministro.
La crisis energética vuelve así a poner en primer plano el peso de la geopolítica en el mercado petrolero. Mientras los países productores buscan nuevas rutas para exportar su crudo y los consumidores intentan asegurar el abastecimiento, América Latina aparece como una de las regiones que podría capitalizar el nuevo escenario energético global.
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