Edición Impresa

Escapada a La Candelaria: un castillo que no es solo para reyes

Repleta de mitos y leyendas, historias de amor y olvido, la estancia se alza inmensa en plena provincia de Buenos Aires. Allí, se puede disfrutar de un día de campo o bien hospedarse en su palacio francés del siglo XVIII. Gracias a las huellas de Carlos Thays en sus paisajes, la visita vale más que la pena.

Corre el año 2019. Todo es tecnología, aplicaciones, internet y modernidad. ¿Pero qué tal sería frenar un poco esa vorágine diaria?

Entre las opciones para relajarse, y que son fáciles de planear, se destaca Estancia La Candelaria. Ubicada en el partido de Lobos, a tan solo 113 kilómetros de Capital Federal, un inmenso e imponente castillo francés del siglo XVIII invita a adentrarse en la aventura del ecoturismo. Pasar un fin de semana allí, o bien un día de campo, puede ser una opción refrescante y transformadora para quienes necesitan de una micro escapada. Lo interesante es que el plan se moldea a cada necesidad: es decir, es lindo para parejas, familias con hijos (grandes y chicos), eventos, casamientos. De todo un poco.

La historia de La Candelaria y la construcción de su imponente castillo le imprimen un aura especial que vale la pena repasar. La estancia está conformada por un predio de 100 hectáreas de bosques y parques diseñados por el famoso paisajista Carlos Thays. Allí hay todo tipo de especies vegetales, como araucarias, palmeras, cipreses, además de estatuas, glorietas y pequeños puentes. Llevarse zapatillas es una obligación para poder caminar por el predio libremente y perderse por sus bosques (tranquilos, todos los caminos desembocan en el parque principal). Además, hay cabalgatas, paseos en sulky, y la posibilidad de practicar tenis, voley, futbol, pool y ping pong. La estancia cuenta también con una pileta al aire libre.

CASTILLO DE LOBOS.jpg

La Candelaria fue inicialmente habitada por Don Orestes Piñeiro y Candelaria del Mármol, quienes adquirieron las tierras en 1840. Cuenta la leyenda que a los campos, como a los barcos, no se les debe cambiar el nombre. Pero Don Orestes, hizo oídos sordos a eso y optó por renombrarla La Candelaria, en honor a su amada esposa. Sin embargo, los años pasaban y entendieron que su imposibilidad de tener hijos era fruto de una maldición ocasionada por el cambio de identidad de aquellas tierras.

Tiempo más tarde, la pareja decidió adoptar a Rebecca, quien sería parte fundamental de este emprendimiento. Fue esta mujer, artífice y cuasi arquitecta de este imponente castillo. Luego de un viaje de un mes por Europa con Don Manuel Fraga, con quien viajó de luna de miel, regresó llena de inspiración y decidida a que ese palacio tenía que llevarse a cabo. Fue el arquitecto francés Alberto Favre, quien le cumplió el deseo. El castillo tenía por sobre todo un objetivo: cumplir una función social, ya que su imponente estructura daba la idea de poder económico, algo ideal para hacer negocios y nuevos amigos.

No es una edificación llena de lujos, sino más bien ecléctica y recargada, con muebles de época y diversos estilos, como el barroco francés y el neogótico. Las habitaciones son simples. Mantienen desde la energía de entonces, hasta sus muebles y estilo. Sólo cambiaron la cama por una cuestión de comodidad.

El castillo es impresionante por dónde se lo mire. Ubicado en plena llanura de la provincia de Buenos Aires es una obra de arte que resalta. Actualmente, cuenta con 8 habitaciones, dos en la planta baja que pertenecían a los padres de Rebeca y el resto en el piso de arriba. Además, hay otras opciones para hospedarse dentro del predio pero fuera del castillo, dado que allí no se permiten menores de 10 años. En ese caso, hay bungalows y hasta un molino reconvertido en habitación.

Algunos recovecos para evitar que se vean los empleados de la casa y muchos más secretos, desde historias espirituales hasta la vida de esa familia, son relatados en la visita guiada de los sábados, que se lleva a cabo a las 12.30 del mediodía y donde se entiende mejor su razón de ser y función.

Fue Rebeca quien también mandó a construir una capilla a pocos metros del castillo, donde hoy descansan sus restos, los de sus padres y su marido. Este santuario se puede visitar abiertamente, aunque algunos valientes eligen hacerlo de noche para imprimirle cierto misterio.

GASTRONOMÍA

La comida de la estancia se merece un reconocimiento aparte. Una de las opciones es contratar la estadía con pensión completa (desayuno, almuerzo, merienda y cena). Sino, se pueden elegir platos a la carta. Sea cual sea la variante, el restaurante 5 Chukker acompaña con unos platos deliciosos de carnes, pastas y pescados que satisfacen y dejar un hermoso recuerdo en el paladar.

Los sábados a la mañana, la pulpería ofrece tortas fritas y bebidas. Al mediodía, un generoso asado de campo, de esos que el olor a parrilla penetra hasta los huesos, invita a los huéspedes a comer en el Restaurante del Lago. Un show folklórico, corona la comida.

Los desayunos para quienes se alojan en el castillo se toman en el Salón Dorado. antiguamente sala de juegos y comedor.

FAMOSOS

La Candelaria, fue también elegida ambiente para filmaciones de películas y requerida por el Gobierno Nacional para alojamiento de visitantes importantes y otras personalidades del ambiente.

Pasaron por allí Tommy Lee Jones, amante del polo y quien es dueño de un campo en la zona, los hijos de Madonna, Los Rolling Stones, el príncipe Harry, Máxima y su marido el rey de Holanda.

La última película que se filmó fue El ángel. El lugar fue elegido escenario del primer asesinato.

CÓMO LLEGAR

Desde la Ciudad de Buenos Aires hay dos maneras de llegar: por la Autopista Ezeiza – Cañuelas y Ruta Nacional 205 (lleva un poco más de una hora y media de viaje); o por Autopista Acceso Oeste en combinación con la Ruta Nacional 7 y la Ruta Provincial 47 (este tramo suele requerir más de dos horas de viaje).

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Temas

Dejá tu comentario