Hace 25 años, el mundo de la música cambió para siempre sin mostrar un solo rostro humano. Lo que comenzó como una crítica mordaz a la vacuidad de MTV se convirtió en Gorillaz, el proyecto más influyente de Damon Albarn y Jamie Hewlett.
Con múltiples premios Grammy, MTV Video Music Awards y nominaciones al Mercury Prize, el éxito de Gorillaz se mide más allá de las estatuillas.
Hoy se cumplen 25 años del lanzamiento del primer disco de Gorillaz.
Hace 25 años, el mundo de la música cambió para siempre sin mostrar un solo rostro humano. Lo que comenzó como una crítica mordaz a la vacuidad de MTV se convirtió en Gorillaz, el proyecto más influyente de Damon Albarn y Jamie Hewlett.
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La historia de Gorillaz no nació en un estudio de grabación de alta tecnología, sino en el salón de un departamento en Westbourne Grove, Londres, a finales de los 90. Sus protagonistas eran una pareja improbable: Albarn, el rostro del Britpop y líder de Blur, y Hewlett, el dibujante de culto creador de Tank Girl. Ambos compartían piso tras haber terminado sus respectivas relaciones sentimentales.
Sentados frente al televisor, viendo sesiones interminables de MTV, llegaron a una conclusión cínica pero brillante: "Si miras MTV durante demasiado tiempo, es un poco como el infierno; no hay nada de sustancia ahí". La respuesta a esa falta de alma fue crear una banda que no existiera en la realidad física, pero que tuviera más personalidad que cualquier grupo de carne y hueso. Albarn aportaría la amalgama de géneros; Hewlett, la mitología visual.
Antes del estruendo global, hubo un experimento. En noviembre del año 2000, se lanzó el EP Tomorrow Comes Today. Fue la primera vez que el público escuchó la voz de 2-D (el alter ego de Albarn) filtrada por un megáfono, acompañada de beats de trip-hop y una melódica melancólica. Este EP sirvió para presentar a los cuatro jinetes del apocalipsis digital:
2-D: El vocalista despistado con ojos negros.
Murdoc Niccals: El bajista satánico y maquiavélico.
Noodle: La prodigio japonesa de la guitarra que llegó en una caja de FedEx.
Russel Hobbs: El baterista poseído por los fantasmas de sus amigos raperos asesinados.
Este trasfondo narrativo permitió a Gorillaz ser algo más que música; era un cómic viviente, una serie de televisión fragmentada y un proyecto artístico multimedia que se adelantó décadas a la era de los avatares y el metaverso.
El 26 de marzo de 2001 se publicó el álbum homónimo, Gorillaz. Producido por Dan the Automator, el disco fue un choque cultural instantáneo. En una época donde el pop adolescente y el nu-metal dominaban las listas, un grupo "de dibujos animados" que mezclaba dub, reggae, punk y hip hop parecía una anomalía destinada al fracaso.
Sin embargo, ocurrió lo contrario. El álbum vendió más de siete millones de copias, entrando en el Libro Guinness de los Récords como la "Banda Virtual Más Exitosa". No solo era una novedad visual; era musicalmente impecable.
Si hubo una canción que cimentó su legado, fue "Clint Eastwood". Con su línea de bajo hipnótica y la colaboración magistral de Del the Funky Homosapien (en el papel del fantasma que habita en Russel), el tema se convirtió en un himno generacional. La frase "I ain't happy, I'm feeling glad / I got sunshine in a bag" se infiltró en el tejido de la cultura pop, demostrando que Albarn podía hacer hip hop con una sensibilidad pop que nadie más poseía.
Gorillaz siempre fue un caballo de Troya para llevar artistas del underground al mainstream. El álbum debut no solo contó con Del the Funky Homosapien, sino también con la participación de Ibrahim Ferrer (Buena Vista Social Club) en "Latin Simone", y Miho Hatori (Cibo Matto).
Este espíritu colaborativo se convirtió en el ADN de la banda. Albarn entendió que Gorillaz no era su proyecto solista disfrazado, sino una plataforma. A lo largo de los años, esto permitió que figuras como MF DOOM, De La Soul, Lou Reed, Bobby Womack, Grace Jones, Elton John y otros artistas de renombre coexistieran en un mismo universo sonoro, borrando las fronteras entre géneros y generaciones.
Tras el éxito del debut, la banda no se estancó. La evolución ha sido constante:
Hoy, en 2026, Gorillaz celebra sus 25 años no mirando hacia atrás, sino conquistando nuevas cumbres. El reciente lanzamiento de su álbum The Mountain ha vuelto a sacudir la industria. Fiel a su instinto de cazatalentos global, Damon Albarn ha puesto la mirada en el sur del continente americano.
Una de las piezas centrales de este nuevo trabajo es la colaboración con los argentinos Trueno y Bizarrap. En un cruce de caminos histórico, el flow crudo de La Boca y la ingeniería sonora del productor más importante de la escena urbana actual se funden con los sintetizadores experimentales de Albarn. Esta colaboración no es casualidad: representa la validación del movimiento urbano hispanohablante por parte de la aristocracia del rock alternativo británico.
The Mountain es la prueba de que, tras un cuarto de siglo, Gorillaz sigue siendo el proyecto más joven y relevante del planeta.
Con múltiples premios Grammy, MTV Video Music Awards y nominaciones al Mercury Prize, el éxito de Gorillaz se mide más allá de las estatuillas. Su verdadero logro ha sido la democratización de la música. Gorillaz enseñó a una generación que no importa quién esté detrás del micrófono, sino la idea que se proyecta.
Han sobrevivido al fin del CD, al auge del streaming y ahora a la era de la Inteligencia Artificial, manteniendo siempre una integridad artística envidiable. Jamie Hewlett ha logrado que 2-D, Murdoc, Noodle y Russel envejezcan con nosotros, adaptando su estética a las nuevas tecnologías, desde videoclips en 360 grados hasta hologramas en directo.
Al mirar hacia atrás, hacia aquel 2001, queda claro que Gorillaz no era una broma de dos amigos aburridos. Era una profecía. En un mundo dónde la música (y la vida en general) es cada vez más virtual, ellos fueron los primeros en habitarlo con honestidad. Mientras tanto acá los esperamos para verlos una vez más, Argentina seguramente será parte de la gira que los vuelve a traer a Sudamérica, sólo resta el anuncio oficial.
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