4 de octubre 2004 - 00:00
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Jorge Rossi: «A la Argentina le cuesta imponer sus programas en el exterior por su irrenunciable localismo. Hace 30 años, ‘Rolando Rivas’ habría podido ser un boom en los EE.UU., pero no quisieron doblarla al español neutro».
Rossi pasó por Argentina para convencer a inversores locales que comercalicen sus productos audiovisuales en el competitivo mercado hispano de los Estados Unidos. En diálogo con este diario, analizó el mercado de medios de comunicación en Estados Unidos y en Argentina.
Periodista: Usted viene a fomentar el incremento de participación de producción argentina en el circuito hispano de Estados Unidos. ¿Con qué antecedentes cuenta?
Jorge Rossi: El mercado le fue muy hostil a la Argentina en los últimos 40 años. No se lo ha ubicado bien en las programaciones y ha fallado. Cuando me mostraron hace 30 años capítulos de «Rolando Rivas taxista», yo sugerí que la doblaran al español neutro para que pudiera venderse en Estados Unidos. Si lo hubieran hecho, esa novela habría conquistado el mercado porque era una superproducción. Pero no se entendía nada. Para hablar de casos más actuales, he visto grandes novelas como «Muñeca brava». Tuvieron cierta resonancia en áreas donde había concentración de argentinos o chilenos, pero eso no representa ni 2% de la teleaudiencia hispana de los Estados Unidos. Por lo tanto, no puede sentar precedente ni crear continuidad.
P.: ¿Qué aconseja entonces a los productores locales?
J.R.: No ser tan localistas. La televisión argentina no es excelente, es prime, es lo más creativo que hay, pero ocurre que tienen sus limitaciones para expandirse por ese localismo. Deberían buscar el punto medio entre el sabor local y las necesidades del mercado hispano fuera de Argentina.
P.: Inversores en medios argumentan que el mercado audiovisual norteamericano es más complejo que otros por la dura ley de broadcasting, por la que los extranjeros sólo tienen derecho a una participación de 20%.
J.R.: Una de las razones por las que vengo es para decirles que se está por anular esa ley. Fíjese que esa norma afecta muchísimo. Un claro ejemplo es nada menos que Rupert Murdoch: el hombre se ha fusionado con Fox, ha creado una revolución en las telecomunicaciones y se lo limita a 20%. Cuando esa ley se cancele se podrá acceder a más.
P.: ¿Por qué viene a la Argentina a buscar programación?
J.R.: Porque son héroes. Producen a base de proyecciones que mañana quizá no tengan relación con la realidad. Deben saber en la Argentina que eventualmente el mercado hispano de los Estados Unidos, tarde o temprano, será la base fundamental de sus costos. Es el único que tiene garantizado los próximos 20 años.
P.: ¿Qué opina de los medios en manos del Estado, en el caso norteamericano, la PBS (Public Broadcasting Service)?
J.R.: Lamentablemente los ratings de los últimos 50 años han demostrado que, si no es por subvención, PBS ya habría muerto hace muchos años. No por lo cultural educacional sino porque se han contaminado de política. Todos los canales estatales de todos los países tienen una orientación política, pero el caso norteamericano difiere pues tiene un grupo ejecutivo que lo maneja, que es siempre el mismo, pero que a su vez tiene su orientación política que puede diferir de la del gobierno. Es independiente, autónomo, pero es la misma comisión hace 40 años y, por lo tanto, no le ha sido muy fácil porque se han creado enemigos. Yo contribuyo personalmente pero lo hago con mucho recelo, tienen cosas buenas pero ponen otras cosas en el aire que son insólitas. Si limpiaran de política les iría mejor, si los canales que pasan sólo «infomercials» ( publicidad con aspecto de información) tienen rating, ¿cómo no lo va a tener un canal del Estado que tuviera buenos programas sin política?
P.: ¿Por qué apunta al target hispano de los Estados Unidos?
J. R.: Porque en poder adquisitivo equivale a más que todo el resto de Latinoamérica. Este año gastarán 660 mil millones de dólares, sólo los hispanos en Estados Unidos, y se calcula que en 2005 serán 700 mil millones.
P.: ¿Cómo graficaría la estadística?
J.R.: Cuatro elementos de una familia hispana trabajan por el mínimo pero se juntan los viernes con cuatro cheques que es una montaña de dinero. Son 1500 dólares en una semana que no es mucho para cuatro, pero que es una barbaridad para el grupo familiar. Y van y gastan. Eligen marca, no génericos, y se dan los gustos que no pudieron darse en su propia tierra trabajando mucho más.
P.: ¿El mexicano sigue siendo el mayor factor inmigratorio en Estados Unidos?
J.R.: Sí, y es el único que sustenta este armamento económicofinanciero que mueve prácticamente toda la industria de radio y televisión latina en Estados Unidos. El mexicano es gastador mientras que el resto de las comunidades hispanas son un poco más reticentes al gasto.
P.: ¿Cómo repercute la integración (o desintegración) de comunidades hispanas en el consumo de entretenimientos?
J.R.: El gasto que hace el hispano no tiene ninguna relación con su integración étnica. El mexicano que va con su familia a un fast food el viernes a la noche no tiene más que pedir su hamburguesa. No necesita sentarse a hablar con ningún norteamericano. El hispano va a Estados Unidos a trabajar, a ganar dinero, a darle a su familia educación, confort y no necesita golpearle la puerta a su vecino norteamericano ni darle besitos. Primero, por la barrera del idioma, segundo, porque lo primero que quiere hacer es trabajar, no hacer amistad. Entonces produce y gasta. Eso es primero que el político correcto que habla de la intregración y la filosofía. La integración se hará cuando económicamente tengan una razón para compartir. Se fusionarán pero no va a ser en un anfiteatro político.
Entrevista de Carolina Liponetzky



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