30 de septiembre 2010 - 12:52
A los 85 años, murió Tony Curtis
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Tony Curtis
De pequeño, la butaca y la oscuridad de la sala de cine fueron el refugio de un niño que quería olvidar lo que había fuera. Allí era el espectador de historias inolvidables, pero al encenderse las luces volvía a ser el hijo de un sastre inmigrante húngaro que nunca trajo suficiente comida a la mesa.
Junto a su hermano Julius, Curtis terminó en un orfanato, lo que convirtió a la pareja en un dúo inseparable que volvió al hogar familiar semanas más tarde.
Pero la tragedia se volcó sobre él y un fatal atropello acabó con la vida de Julius cuando Curtis tenía 12 años. Le tocó identificar al cadáver. La traumática experiencia dejó el guión de la vida del actor escrito: sólo se tenía a sí mismo.
El resto lo dictaron actores como Cary Grant, su ídolo y después amigo, interpretando "Destination Tokio", una película sobre un submarino espía que inspiró al joven Curtis. Era 1943, el momento de entrar en la Armada. Además de experiencias a bordo, los viajes marítimos le dieron la oportunidad de subir al primer escenario de su vida con el uniforme de la Armada puesto en una escuela de Illinois.
Pero en 1945 fue descubierto por una agencia de cazatalentos que le hizo las valijas a Hollywood y con 23 años ya tenía un contrato con Universal Pictures. "Esto es porque era el más galán de los chicos", le gustaba recordar ya en su silla de ruedas. Sus ojos azul verdoso y el tupé negro que él puso de moda y hasta Elvis Presley copió, enamoraron al público estadounidense.
El debut cinematográfico de segundos bailando con Yvonne de Carlo en "Criss Cross" (1948) fue el comienzo de su ascenso, que vino marcado por otros éxitos como "The Sweet Smell of Sucess" (1957), con Burt Lancaster, "Operation Petticoat" (1959) o "Spartacus" (1961).
Pasaba de la comedia al drama con una facilidad que asombraba al público y se convirtió en uno de los actores más versátiles de su tiempo, que no se dejaba encasillar en ningún género.
Pero Hollywood falló en no darle un Óscar, objetaba él, aunque fue nominado a uno como mejor actor con "The Defiant Ones" (1958). Cuando abandonó el sueño de la estatuilla dorada, se entregó a su verdadera pasión, la pintura, y a apoyar a su última esposa, Jill, 46 años menor que él, en un proyecto para rescatar a caballos de los mataderos y los maltratos.
En sus últimas entrevistas, expresaba la distancia con el mundo del cine que él conoció: "Ahora están todos muertos. Cary, Jack Lemmon, Sinatra, todos mis amigos de Hollywood. A veces, me siento muy solo".




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