A veinte años de su muerte, recuerdan a Olmedo como pionero

Espectáculos

El miércoles se cumplen 20 años de la muerte de Alberto Olmedo. Entre los varios homenajes previstos se destaca el del canal «The History Channel», que emitirá hoy a las 21 un documental de dos horas con testimonios de su familia, amigos de la infancia y de la televisión. Centrado en su entorno inmediato antes que en analistas o críticos que teorizan sobre Olmedo y su humor, el programa comienza con su infancia en Rosario, y acompaña su viaje a Buenos Aires en busca de oportunidades.

Sin embargo, aunque no hay aquí opiniones «sesudas», sus íntimos adhieren a la misma idea que la de muchos de sus comentaristas (incluyendo a algunos de sus ex detractores): en Olmedo, desde fines de los '60, existía en germen la condición de pionero en el humor que se practica hoy, tanto en sus formas como contenidos.

Su primera mujer Judith Jaroslavsky recuerda en el documental: «Cuando pidió mi mano, yo vivía con mamá en un departamento muy chiquito, y el quería que mamá pensara que la propuesta era seria. Así fue, con 16 camarógrafos y el tano Nozzi. Recuerdo que el vestuario de Piluso era medio español, pero a él no le gustaba. Así que se puso un sombrero que había encontrado en el piso un día que fuimos al cine, y una remera rayada. Después se empezó a colgar cosas. Así fue que quedó Piluso».

El director del programa, Matías Gueilburt, indicó: «Quisimos buscar gente de primera mano que nos contara sobre un actor que terminó siendo mejor persona que artista. El proyecto fue mutando, iba a ser como 'Los Olmedo' y no quería tener gente diciendo 'era un grande', eso ya lo sabemos». Se recordarán además sketchs del Manosanta, el Capitán Piluso,, Yeneral González, Borges y Alvarez, Pérez, el dictador de Costapobre, Rucucu, Rogelio Roldán o Perkins.

«Para los personajes», recuerda Mariano Olmedo, «mi viejo se inspiraba en amigos. Chiquito era pintón, vivía en Rosario, y lo mostraba como un alfeñique, un desastre. Pero nadie se enojaba porque les hacía un homenaje de ese modo. El Manosanta surgió cuando papá viajó a Brasil y estaban de moda los curas sanadores, que siguen existiendo».

En cuanto a la llegada de Olmedo al resto de Latinoamérica, donde también se emitirá el documental, Gueilburt recordó: «Fuimos a entrevistar a Sabrina Olmedo a Miami y tuvimos que acompañarla al sanatorio porque estaba intoxicada. Cuando dijo su nombre, un peruano le preguntó si tenía algo que ver con Alberto. Tiene más trascendencia de lo que uno piensa; muchos lo consideran un vanguardista para lo que hacía».

El tema de su accidente fatal quedó fuera del documental, que corta antes con sólo una mención a lo ocurrido. El director indica que no quiso detenerse en el escándalo alrededor de la muerte, ni en buscar culpables. Tampoco focalizó en los reclamos posteriores o en la relación con su última pareja sino que intentó «detener ahí el personaje porque mi Olmedo se detuvo allí. La vida se termina cuando el artista se va».

Entre los testimonios que aportaron «Pancho» Guerrero, Juanito Belmonte, Moria Casán, Ricardo Darín, Carlos Mentasti, Héctor Olivera, Beatriz Salomón y Silvia Pérez, además de sus amigos Chiquito Reyes y Rogelio Roldán, más la presencia de todos sus hijos, Javier, Marcelo, Fernando, Mariano y Sabrina Olmedo, se destacan estos recuerdos:   

  • Pancho Guerrero: «En un restaurante de Libertador y Ayacucho se hacía una reunión de «Canal 7», a la que iban directivos, personal técnico y artístico. Era una época en donde cambiaban mucho a los interventores, así que había gente que entraba y otra que se iba. Durante la comida empezaron a hacer discursos por los que se iban y el clima se puso muy tenso. Alberto no dudó en ponerse a bailar flamenco, cargar a los locutores y así aflojo la tensión. Al otro día me dijeron Pancho, metelo al aire».   

  • Javier Olmedo: «Mi viejo amaba su cuidad, Cuando tenía un día libre, se subía a un coche y volvía a Rosario. Aún hoy después de tanto tiempo de no estar, cuando vengo a esta cuidad, siento que lo voy a encontrar en cualquier lado: su presencia sigue vigente en todas partes».   

  • Ricardo Darín: «Olmedo era un tipo que tenía muy claro todo: terminaba de trabajar, salía del teatro y la cena con los hijos, los amigos, la familia eran sagrados».   

  • Osvaldo Martínez: «Olmedo hizo acrobacia en el Club Sport Boys, con esta faceta le tocó viajar por todo el país, incluso a Chile. Recuerdo una vez, estando en el club, se acerca una chica que estudiaba patín, era coreógrafa y nos invita al Club Asturiano para que viéramos el baile del Pericón Nacional. Estando allí, empezamos a hacer pequeñas obritas y ese fue prácticamente el comienzo de Olmedo en la parte artística».   

  • Mariano Olmedo, quien hace dos años presentó en el Palais de Glace la muestra «Olmedo: 50 años en escena» y trabaja además en la película de animación sobre los personajes del Capitán Piluso y Coquito, recordó: «Era un tipo normal, no era triste como dicen. Era tranquilo y cuando iba a trabajar se transformaba. Sabía qué plano y qué cámara lo tomaba y siempre ponía en jaque a sus compañeros. Hacía barbaridades, sobre todo con Vicente Larussa; sabía lo que le molestaba y lo repetía una y otra vez. Era serio, no podía contar chistes porque se olvidaba el final. Lo ponía enfermo que le pidieran que contara un chiste o cuando se paraba un auto al lado y le decían 'Qué fácil la ganás'».

    Y continúa: «Papá era deportista, de chico trabajó en verdulerías, se la rebuscaba, y cuando iba al colegio pudo empezar a hacer acrobacia. A los 50 años se encontró con sus amigos y pudo hacer la vertical arriba de otro. Hay que tener un estado físico privilegiado y estaba muy preparado, por ejemplo cuando le tiraba los cuchillos a Doris del Valle en el Mago Ucraniano».

    Gueilburt agregó detalles de la producción del documental y las dificultades en «Canal 7»: «Queríamos mostrar que no fue sólo cómico sino actor. Había un ciclo de unitarios en ' Canal 7' donde se lo veía haciendo un papel más dramático, pero son archivos inencontrables. A mi juicio Olmedo puede ser considerado un Peter Sellers, porque no es sólo capocómico sino gran artista. Tuvo más de una oportunidad como actor. En 'Plata dulce', Héctor Olivera le había ofrecido el papel de Julio de Grazia pero como Olmedo tenía que hacer una película con Porcel y no lo quería dejar en banda, así que optó por su amigo y no aceptó. Como siempre».
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