"Creo que el llamado caso Dreyfus fue el primero de la historia en el que los medios condenaron y luego fueron pieza clave para la absolución de un acusado. El caso Dreyfus, de algún modo también perfila el rol de los intelectuales como pieza clave para la defensa de los derechos del hombre." La tarea de Lorraine Beitler lleva ya casi 20 años: reunir documentación y piezas del «affaire» que conmovió a Francia a fines del siglo XIX.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por entonces, el capitán Alfred Dreyfus, judío, fue acusado de venderle secretos militares a Alemania, a la sazón enemigo de Francia. Recién doce años más tarde, luego de que el militar fuera degradado, condenado y pasara cuatro años en la demo-níaca Isla del Diablo -de donde regresó desdentado, calvo y gravemente enfermo-, la acción de intelectuales encabezados por el novelista Emile Zola logró su reivindicación. «Todo esto a pesar de que los altos mandos sabían de la inocencia de Dreyfus, pero eligieron acusarlo por la fuerte corriente antisemita que existía en Francia por esa época, y para cubrir a algunos de sus camaradas», dice Beitler.
La colección de la fundación formada por esta ex docente de la City University of New York fue exhibida en lugares tan disímiles como el Senado francés y la Universidad de Columbia. Ahora, desde ayer y hasta el 25 de este mes, puede ser vista en el Centro Cultural Recoleta, con el auspicio de las embajadas de Estados Unidos, Israel y Francia, y de la Secretaría de Cultura porteña. El «tour de force», desde ya, es el ejemplar original del diario «L'Aurore», fechado el 13 de enero de 1898, cuya portada es ocupada en su totalidad por el celebérrimo «J'accuse» de Zola, alegato que inicia la pelea de la «inteligentzia» francesa por la libertad de Dreyfus. «Son unas 160 piezas que he reunido, y creo que paré aquí; no soy una coleccionista por coleccionar, no es mi misión: la idea es realizar una declaración a favor de los derechos del hombre, algo que después del 11 de setiembre cobra mucho más valor. Todos debemos comprender que la democracia no es gratis ni sencilla de mantener viva.»
En la colección hay algunos objetos que pertenecieron a Dreyfus, aportados por su nieta Simone Perl, a quien Beitler invitó a Buenos Aires por ser ésta la primera vez que la colección viaja a un país de habla hispana. «Desgraciadamente, no pudo venir: tiene más de 80 años y sufrió hace poco un problema cardíaco», dice la curadora.
Para el público que concurra al Centro Cultural Recoleta será casi una curiosidad ver los originales de la prensa virulentamente antijudía de la época. También el anuncio de una obra de teatro que se representó en Estados Unidos de costa a costa durante los doce años que duró el «proceso Dreyfus», y cuyo texto iba modificándose con las noticias de los diarios; también se exhiben el uniforme de un compañero de promoción de Dreyfus, y un video que explica el caso.
En él hay imágenes del presidente francés, Jacques Chirac, hablando en ocasión de los 100 años del «J'accuse», pidiendo perdón a los descendientes de Dreyfus y de Zola, y reconociendo que «ni ellos ni ninguno de sus descendientes jamás hablaron mal de Francia o de sus fuerzas armadas, lo que indica claramente su incuestionable lealtad a la patria».
Es de hacer notar también el vínculo del «affaire» Dreyfus con la Argentina: el general Luis María Campos, decidido a modernizar el Ejército Argentino, intentó contratar al general Georges Picquard para dirigir la Escuela Superior de Guerra; no pudo hacerlo: a pesar de ser él mismo un declarado antisemita, Picquard -al comprobar la inocencia de Dreyfus-salió en su defensa y fue encarcelado durante algo más de un año. Fue entonces que Campos se decidió por contratar militares prusianos, lo que modificó por las décadas siguientes desde la formación hasta el uniforme de los militares argentinos.
Será por eso, entonces, que luego de pasar por el Centro Cultural la colección será exhibida en la Escuela Superior de Guerra. No será la primera vez que pasa por un ámbito castrense: ya fue mostrada dos veces en West Point.
Dejá tu comentario